Reflexiones y propuestas sobre la educación de la experiencia estética
Manuela Castro Santiago*
“El poeta más verdadero es el más fingidor”
Shakespeare
En su obra Mito y Lenguaje (1925) explica Ernst Cassirer cómo el hombre necesita de la cultura tanto como de la naturaleza, y cómo el tránsito de ésta a aquélla se realiza precisamente mediante el lenguaje, esto es, aquella estructura verbal que intenta dar forma al caos de la experiencia vital y que, por lo mismo, forma parte constitutiva de dicha experiencia. Esto explicaría , entre otras cosas, que en la experiencia humana, lo subjetivo y lo objetivo estén siempre mutuamente implicados. “Por lo tanto –concluye Cassirer - en lugar de definir al hombre como animal racional, lo definiremos como un animal simbólico”.
En este sentido, estamos de acuerdo con dicho autor cuando afirmaba que “Sólo puede el hombre captar y conocer su propio ser en la medida en que sepa con seguridad expresar en imágenes sus propios dioses”. Así pues, como nos lo expresa el profesor Blanch, en su obra El hombre imaginario, el hombre ha intentado expresarse de múltiples maneras, siempre metafóricas, pero relacionadas con su íntimo misterio, últimamente inefable. En efecto, lo esencial en la naturaleza del hombre es “Ser imaginario”, y en este sentido, podemos decir, que el hombre se expresa mejor por símbolos que por conceptos.
En línea con lo anterior, podemos afirmar que el hombre moderno y contemporáneo, obsesionado por la “verdad científica” se encuentra perdido, y tiene, por su condición de “animal simbólico nostalgia de aquel origen mítico –religioso que daba sentido a su existencia. Se encuentra, pues, desamparado ya que no tiene imágenes con las que representarse la realidad. En efecto, la tendencia fundamental de nuestro tiempo es la “desmitologización” pero también la nostalgia, esto es el dolor provocado por la ausencia de representaciones que den sentido a nuestra existencia.
Y es que, influidos por la tradición platónica y afanados por explicar lo que somos, los filósofos han olvidado a menudo “la vida”, en la que, como dice Ortega, cada cual va “sumergido”; que el hombre, como recuerda también el filósofo madrileño, “no es sino lo que le pasa”. Podemos afirmar, pues, que frente a lo idéntico e inmutable propio de la ciencia, el arte y más en concreto la poesía, permite entender la vida humana como acontecimiento, proyecto, quehacer, libertad.
Y podríamos dar un paso más diciendo con María Zambrano que cuando hablamos de lo que nos pasa entramos de lleno en el mundo de la “razón poética”, para quien la filosofía y la poesía no se oponen, sino que se complementan, ya que mientras que “la filosofía busca, la poesía encuentra”, sin que ninguna de ellas pueda, por consiguiente, reclamar enteramente al hombre, al cual encontramos “concreto en su individualidad” en la poesía, mientras aparece en la filosofía “en su historia universal, en su querer ser”. Y es que, recordando en esto a Ortega, el hombre más que ser es justamente, según Zambrano, querer ser, “intento de ser“, vida en proyecto y, en este sentido, algo inacabado. En efecto, en cualquier estadio de su vida, el hombre suele experimentarse como un ser inacabado. De ahí que sienta siempre la necesidad de ser y de poseer y desear más. En este sentido, “La voz del deseo- dice Octavio Paz- es la voz misma del ser, porque el ser no es sino deseo de ser”.
Así pues, en la naturaleza misma del hombre como animal simbólico, anida el deseo de ser algo más, vinculado a la realización de algún proyecto personal. En este sentido, no es extraño encontrar en la esencia misma de los grandes símbolos poéticos el querer representar las aspiraciones infinitas de ese deseo.
Pero a la vez, y por ello mismo, continúa Zambrano, abierto a la esperanza (sustrato fundamental de la vida), que no obstante debe ser concebida inescindiblemente unida a la desesperación como anverso y reverso de una misma realidad: y es que sólo cabe esperanza en el deseo no colmado, en la realidad incompleta, en la incertidumbre de la vida humana (todo lo cual el hombre no lo tiene, ni lo es, ni lo padece propiamente, sino que más bien él consiste o se tiene en ello como tal hombre ).
En este sentido, para Zambrano la vida es radicalmente “misterio”, y aquel que sobre ella se levanta y (la) vive (el hombre) no puede sino zozobrar indefinidamente en un “temor” que lo embriaga y sostiene a la vez, que tiene su raíz en lo más profundo del ser humano, en las entrañas del alma. Zambrano se aventurará hacia este fondo de penumbra reivindicando una filosofía justamente como “un saber del alma” (ajeno tanto a la razón técnica como al pensamiento sistemático, ideal o abstracto, en los que la mirada ha dejado de atender a las cosas) que permita dar cauce a aquello de lo que el pensamiento conceptual no puede tener representación, a “una verdad que no puede ser demostrada, sino solamente sugerida” o sentida. Y esto sólo lo consigue gracias a lo que ella misma denomina “razón poética”, “razón, quizá, la única que pudiera hacer de nuevo encontrar aliento a la filosofía para salvarse”.
Así pues, la poesía representa el enigma indescifrable que supone el hecho de que vivimos nuestra propia realidad como algo que está más allá de todos nuestros intentos por comprenderla. En este sentido, la poesía, en lugar de “demostrarnos” la realidad, nos la “muestra” tal cual es, ilumina, en el sentido heiddeggeriano, lo que permanece incomprensible. Y es que el poeta, al pronunciar la realidad la descubre, y nos desvela el “Ser”.
La fantasía, se convierte, de este modo en facultad susceptible de imaginar toda una realidad material, e irla desvelando, como un “acontecimiento del logos”. El lenguaje se convierte pues, en el acercamiento en el que se produce la apertura al Ser, como vuelta a una palabra inicial, arcaica, en la que se exhibe el misterio y a la que sólo se puede acceder a través del arte expresado en la poesía. En este sentido, pensamos que la poesía puede servirnos para recuperar el pasado prehistórico del mito bajo la forma de un presente estético. El poeta, entonces, mediante la imagen, realiza una maravillosa función ontológica.
Si el mundo moderno proporciona datos objetivos aislados, pero no significaciones integradas en una pretensión de unidad en el discurso, corresponde al individuo, motivado por la nostalgia y el deseo de recuperar lo perdido, descubrir dichas significaciones. Este es el sentido de la estética como compensación, recuperando su auténtico valor antropológico que la vincula con el mito y la religión, y que no ha de buscarse su fundamentación en el plano de la verdad objetiva.
UNA PROPUESTA DIDÁCTICA
Con el presente trabajo nos proponemos abordar el ámbito de la experiencia estética - expresada en la poesía-, con la educación en valores tanto éticos como estéticos. En este sentido, pensamos que potenciar la sensibilidad a partir del conocimiento del lenguaje poético, puede convertirse en un camino para construir una visión ética y estética del ser humano fundamentada en los valores que subyacen tanto en la forma como en los contenidos de dicho lenguaje.
Así pues, la reflexión sobre la experiencia estética y su comunicación pretende combinar el aspecto racional y conceptual con el aspecto sensible y emocional que se dan de manera muy especial en el lenguaje poético. En este sentido, el cultivo de lo estético puede generar en nuestros alumnos la capacidad de transferir la sensibilidad adquirida al terreno de las acciones morales.
El enfoque didáctico del que partimos, se fundamenta en una interpretación del aprendizaje constructivista expresado en la siguiente afirmación de Goethe: “Conocemos mejor aquello que amamos”, (e inversamente, podemos añadir que amamos aquello que realmente se conoce). Pensamos, desde esta perspectiva que el conocer es condición de posibilidad del querer.
En este sentido, y en línea con las tesis defendidas por Piaget y Lawrence Kohlberg, podemos decir que mejorando el intelecto y el sentido estético, mejoramos al mismo tiempo la actitud moral. Por tanto, si nos fijamos en qué caracteriza a las operaciones formales, propias del desarrollo intelectual de los adolescentes, nos será muy fácil elaborar estrategias de actuación en la educación integral del alumno. Desarrollemos esta idea:
En primer lugar, podemos incorporar al desarrollo intelectual de nuestros alumnos la concepción dialéctica y contradictoria de la realidad a partir del análisis de términos contrapuestos que aparecen en los poemas seleccionados como materia de estudio. Asimismo, podemos potenciar las estructuras lógicas propias de un intelecto que es capaz de realizar operaciones formales a partir de la propia sintaxis y estructura que adquieren los poemas, a la vez que les podemos plantear problemas morales que han de resolver los mismos alumnos a través de un ejercicio racional.
Por otra parte, nuestros alumnos poseen los esquemas cognitivos básicos que les van a permitir desarrollar la imaginación y la creatividad, así como la sensibilidad hacia el arte. En este sentido, el estudio de algunos recursos literarios como la metáfora, la prosopopeya y la metonimia nos va a servir para tal propósito. Por su parte, el tratamiento de la rima nos va a permitir desarrollar la sensibilidad y el aprecio por la visión integrada y de conjunto de un poema.
En segundo lugar, las operaciones formales conciben la realidad como un subconjunto de lo posible. ¿Por qué no les lanzamos el reto de imaginar un mundo más justo en algunos aspectos concretos a partir del estudio de los valores que subyacen en los contenidos semánticos de los poemas?
En tercer lugar, las operaciones mentales propias del adolescente poseen un carácter hipotético –deductivo. Enseñémosle a extraer conclusiones, a deducir y a manejar conceptos abstractos en el campo de lo moral, lo afectivo y cognitivo. Fijémonos en que, de esta forma, propiciaremos la reflexión sobre el sentido universal de estos valores.
En este sentido, la puesta en práctica de este trabajo parte del planteamiento teórico de que los valores conforman un horizonte de sentido necesario individual y colectivamente y que, por lo tanto, pueden ser transmitidos y de que las actitudes se pueden educar. Este proyecto parte de esta convicción. Y lo hace desde uno de los parámetros de la pedagogía moderna: que aquello más cercano al sujeto es lo que puede despertar en él un mayor interés. Utilizando como estrategia didáctica la integración de la poesía dentro de los contenidos curriculares podemos desarrollar una forma de trabajo que está vinculada con los intereses y motivaciones de nuestro alumnado. El tratamiento de los contenidos aparece así ligado a la realidad.
Así pues, pretendemos resaltar el valor simbólico de la palabra y entendemos que la poesía es una forma de expresión artística de la belleza por medio de la palabra sujeta a la medida y cadencia. Además es el resultado de una experiencia interior con anhelo de comunicación y ansia de conocimiento, que parte del deseo de crear y de transmitir belleza, de reflejar el mundo y de eternizarse mediante la palabra. Por su parte, el poeta, debe olvidarse de sí mismo, comprometerse con el mundo y tomar partido ante los problemas que sus congéneres sufren. De esta forma, la poesía se convierte, en el sentido clásico del término, en el punto de encuentro entre la ética y la estética. Con tal propósito, el presente trabajo pretende concienciar a nuestros alumnos de que la poesía y la conciencia moral pueden encontrarse con toda naturalidad, puesto que algunos de sus primeros y más ilustres colaboradores, como Federico García Lorca o Luis Cernuda, quisieron que dichas formas de expresión entrasen en sus obras, fascinados por la libertad y por la belleza que hallaban en dichas formas y en todo lo que les rodeaban. Así pues, podemos decir con dichos autores que si existe alguna palabra que sólo al pronunciarla asocie sensualidad y ritmo y que por sí sola sostenga una manera de vivir y de pensar, esa es la que está relacionada con la experiencia estética a través de la poesía. Dicha experiencia implica un estado del ser, un grito, manifestación de libertad, que nace de lo más hondo del corazón y que a veces suena a tristeza y a veces a alegría, y tiene un poder de seducción ante el que ningún espíritu sensible puede mostrarse indiferente. Porque la verdadera poesía parece siempre surgir de la noche, en la intimidad y bajo la bruma que envuelve los sueños en una luz misteriosa.
DESARROLLO DE LOS OBJETIVOS Y CONTENIDOS
Unidad 1: El SER HUMANO COMO ANIMAL SIMBÓLICO.
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
...Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
Los que no las conocen, a las cosas;
Que por mí vayan todos
Los que ya las olvidan, a las cosas,
Que por mí vayan todos
Los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!
(J. Ramón Jiménez)
Queremos hacer entender a los alumnos que el ser humano, por encima de todo, es un animal simbólico, capaz de realizar representaciones sobre la realidad. En este sentido resaltamos el valor simbólico de la palabra para llevar a cabo dicha función. Para iniciarnos en el estudio de esta primera unidad nos remitiremos a la obra de J. Ramón Jiménez, para quien la poesía se convierte en un problema de lenguaje. Pero él no se detiene aquí, sino que crece, pide la palabra exacta, que cosas y palabras se fundan y se confundan, y acaben siendo lo mismo. En este sentido, para enfatizar el valor simbólico que tienen las palabras y su poder para representar la realidad, citamos y comentamos el poema titulado Inteligencia en el que su autor pone todo el empeño para lograr tal propósito.
Unidad 2: EL SENTIDO ESTÉTICO DEL POEMA.
“Sólo una introducción de jazz puede abrir ciertas almas y que vayan a buscar ciertos libros y comprendan ciertas ideas. El jazz es lo único que puede variar de sitio los prejuicios depositados en un caletre”. ( Ramón Gómez de la Serna)
JAZZ
Un cálido sonido sube lento,
Gorgotea en el saxo casi, asfixiado.
El piano da diente con diente; y le acompaña,
Llorando y delirando, la trompeta.
La batería suena, ya fuera de este mundo,
Y el violón si llora es detrás de algún muro.
Estoy tan solo, amigos, como ese clarinete,
Y tan enamorado como el trombón de varas.
Estoy tan loco, amigos, como la batería,
Y tan lo que no digo como el contrabajo,
Mientras suena el piano tecleando un secreto.
Gabriel Celaya
LA TROMPETA
¡Qué hermoso era el sonido de la trompeta
Cuando el músico contuvo el aliento
Y el aire de todo el Universo
Entró por aquel tubo ya libre
de obstáculos!
¿Qué bello resultaba el estremecimiento
producido por el roce
de los huracanes contra el metal,
de cálidos
vientos del Sur, y luego del helado
austral, que dio la vuelta al mundo.
El viento solano llegó lleno de luz
Salpicando de sol y de verano.
El siroco dejó un poco de arena,
Y el mistral
Era casi silencio,
Igual que los alisios.
Pero escuchad,
Escuchad todavía
El ramalazo,
La poderosa ráfaga
Y deja
Sobre la piel
La húmeda caricia del salitre.
Un grito agudo interrumpió la melodía.
El artista, extrañado,
Agitó su instrumento,
Y cayó al suelo, yerta, rota,
Una brillante y negra golondrina.
(Ángel González)
Partimos de la idea de que la belleza en la poesía está en la dicción misma, en la liberación de la forma frente al dominio semántico. La poesía nos dice de un modo incomparable todo lo que desde esa perspectiva cabe decirse.
La conciencia estética exige olvidar la transmisión de contenidos para poner el acento en lo que es aparentemente secundario: la elegancia de la forma lingüística. Podemos recordar aquí a Adorno, para quien “el arte es la magia liberada de la mentira de ser verdad”. Así pues, por la fantasía, el hombre se libera de las limitaciones espacio-temporales, y gracias a la poesía puede expresar lo inefable. Liberada, del condicionamiento semántico, la poesía no nos puede decir nada verdadero, pero tampoco falso. Por eso podemos decir que es un lenguaje formal, universal y siempre actual.
En este sentido, la poesía es un lenguaje formal en lugar de verdadero; es lo imaginativo, el lugar de lo real; fantasía en lugar de conocimiento. Y es que como afirma Innerarity en su obra La irrealidad literaria “con el lenguaje ocurre lo mismo que con las fórmulas matemáticas –constituyen un mundo para sí , juegan sólo consigo mismas, no expresan otra cosa que su maravillosa naturaleza y por eso se refleja en ellas el extraño juego de las relaciones entre las cosas”.
Para enfatizar el aspecto formal y alejado de los contenidos, propios del lenguaje poético, despertamos el gusto por el cante, el blues y el jazz. Comenzamos esta unidad con la lectura y comentario del poema Solo de trompeta, de Francisco Brines. Invitamos a nuestros alumnos a reflexionar sobre el papel que tiene el arte en general y el jazz en particular en la concepción que nos hacemos de la realidad, y en la conquista de la libertad a través de esta expresión musical, desvinculándonos de todo prejuicio y relacionando, de esta forma, el arte y la vida. Continuamos el desarrollo de esta unidad con la lectura del poema de Ángel González titulado La Trompeta y dedicado a Louis Armstrong en la que nuestro poeta rinde de manera magistral un homenaje al legendario músico. Terminamos esta unidad con la lectura y comentario de un poema del Cante Jondo titulado .“La guitarra” de F. García Lorca, en el que el poeta nos conduce a través del “llanto de la guitarra” al estudio del simbolismo, las metáforas, la personificación, los paralelismos, los contrastes... Y todo ello lo logra con el triunfo completo de la realidad sensual.
La fuerza de la seducción de las palabras, la podemos apreciar en la poesía del poeta granadino. Aquí el lenguaje compite con la magia, o mejor, es magia. El lenguaje de Federico es un imán que tira de nosotros y nos subyuga y nos rinde: el lenguaje que hace lo real irreal y lo irreal real. La lectura del Romancero Gitano nos permitirá introducirnos en el juego seductor de las palabras expresadas en la voz del poeta expresadas en forma de laberinto dialéctico.
El valor simbólico de las palabras queda reflejado al tratar algunos temas, de especial interés para el poeta, como es el caso de la muerte, cargada de fuertes creencias mágicas. Es mágica, en efecto, por la participación activa de la Naturaleza en la muerte de cualquier hombre. La sangre cumple una oscura y originaria misión energética. Representa el grito furioso del brotar de la vida. La sangre –el ardiente instinto- se encaraba entonces a la noche fría y a la luna blanca y desalmada. Y esto no sólo tenía lugar en su mundo rural y en los abiertos espacios del campo andaluz; también en el seno de la gran urbe que ha perdido el rostro humano: Nueva York. Grita, desesperado, el poeta y experimenta, - aunque nadie le escucha ya, porque la poesía se ha convertido en una voz sin eco-, esa lucha cósmica de la sangre derramada frente a la frialdad mecánica de la civilización.
Unidad 3: El CONOCIMIENTO DE UNO MISMO.
Comenzamos esta unidad reflexionando sobre el carácter inacabado e incompleto del ser humano. En este sentido, los deseos actúan como las “voces” del ser que claman por aquello que realmente se necesita. “La voz del deseo –dice Octavio Paz – es la voz misma del ser, porque el ser no es sino deseo de ser”.
Con el estudio de la poesía de Antonio Machado, nos introducimos en la línea intimista. Para el poeta sevillano la poesía debe tratar sobre “lo eterno humano”: “Creo que una poesía que aspire a conmover a todos ha de ser muy íntima. Lo más hondo es lo más universal” (1904). Pero su humanismo le impulsa a una preocupación social; así, en una carta a Unamuno, escribe: “Es verdad, hay que soñar despierto. No debemos crearnos un mundo aparte en el que gozar fantástica y egoístamente de nosotros mismos; no debemos huir de la vida para forjarnos una vida mejor, que sea estéril para los demás” (1904). Y en otro momento explica: “Mi sentimiento no es, en suma, exclusivamente mío, sino más bien nuestro” (1917). De ahí que entable frecuentemente un diálogo con su entorno, con el tiempo, compatible con la hondura en el análisis de sus propios sentimientos.
Unidad 4: LA POESÍA ES COMPARTIDA
PARA QUIÉN ESCRIBO
¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el periodista o simplemente el curioso.
No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice admonitorio entre las tristes ondas de música.
Tampoco para el carruaje, ni para su ocultada señora (entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los impertinentes).
Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que corre por la calle como si fuera a abrir las puertas a la aurora.
0 ese viejo que se aduerme en el banco de esa plaza chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma, le rodea y le deslíe suavemente en sus luces.
Para todos los que no me leen, los que no se cuidan de
mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoren).
Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi aventura, viviendo en el mundo.
Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida, paridora de muchas vidas, y manos cansadas.
Escribo para el enamorado; para el que pasó con su angustia en los ojos; para el que le oyó; para el que al pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando preguntó y no le oyeron.
Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo. Uno a uno, y la muchedumbre. Y para los pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin oírme, está mi palabra.
(Vicente Aleixandre )
La poesía, a diferencia de la filosofía, no tiene estructura dialógica, ya que es un todo lingüístico cerrado en sí mismo, no exige ni crítica ni contradicción, pero sí es esencialmente comunicativa. Trabajamos esta unidad bajo la idea de que la afirmación de uno mismo pasa por el reconocimiento del otro: la construcción de la identidad personal, así como la propia autoafirmación pasa por el reconocimiento de los demás: El poema Respeto -“No la toques ya más que así es la rosa”- de J. R. Jiménez es un maravilloso ejemplo por el intento de respetar al otro en su máxima expresión.
El objetivo fundamental en el tratamiento de esta unidad es que los alumnos entiendan que las palabras intentan decirnos quiénes somos en relación con los demás. Queremos hacer especial hincapié en la lectura de poemas en voz alta. Pretendemos hacer ver a los alumnos que las palabras están siempre dirigidas hacia otros, y que en un sentido dialéctico vamos construyendo nuestra concepción de la realidad, pero siempre “con otros”. Con ello pretendemos hacer entender a nuestros alumnos que no hay palabras ni tampoco “pensamientos únicos”.
La poesía, clara, directa, nada hermética, irónica y cordial de Vicente Aleixandre, que está pidiendo en muchos casos la lectura en voz alta, a ser posible ante un amplio auditorio, o la música que la convierta en canción, nos puede servir como claro ejemplo para hacer entender a los alumnos la importancia de las palabras dirigidas "a los otros". Con la poesía baja dicho autor a la plaza pública, donde la humanidad se reúne, ahí baja el poeta. La plaza, lugar de encuentro con la humanidad. Adiós a las torres de marfil, a la insolidaridad. Constituye toda su poesía una poética de la otredad, en la que falte aún concretar para quién se escribe. Vicente Aleixandre, que se hace esa pregunta en el poema titulado “Para quién escribo”, responde: para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo.
El desarrollo del tema se ve completado con la lectura de los poemas “Si el hombre pudiera decir” de Luis Cernuda. La reflexión de la poesía de Gabriel Celaya nos permitirá relacionar el concepto de felicidad personal con el proyecto de vida que construímos con los demás.
Unidad 5: LA POESÍA ADQUIERE FORMA DE LAMENTO.
El Blues del amo
Va a hacer diecinueve años
Que trabajo para un amo.
Hace diecinueve años
que me da la comida
Y todavía no he visto
su rostro.
No he visto al amo
en diecinueve años
Pero todos los días
yo me miro a mí mismo
y voy sabiendo poco a poco
y hace frío
Y luego entro en la suya
y me pone una luz
Amarilla encima
de la cabeza
Y todo el día escribo
dieciséis
Y mil y dos y
ya no puedo más
Y luego salgo al aire
y es de noche
Y vuelvo a casa
y no puedo vivir.
Cuando vea a mi amo
le preguntaré
Lo que son mil y dieciséis
Y por qué me pone una luz
encima de la cabeza.
Cuando esté un día
delante de mi amo,
Veré su rostro,
miraré en su rostro
Hasta borrarlo de él
y de mí mismo.
(Antonio Gamoneda )..
El poema de Antonio Gamoneda titulado “Blues del amo” nos va a permitir hacer una reflexión sobre las injusticias provocadas por las desigualdades sociales. La lectura del poema "En el principio" de Blas de Otero, nos muestra el inmenso poder que tiene la palabra como instrumento de denuncia..
En este sentido, los contenidos de los poemas adquieren forma de lamento, de quejido a través del cante: la palabra se transforma en música y adquiere forma de queja en el "Romancero Gitano" de F. García Lorca. En el poema del cante jondo, el poeta nos ofrece una unidad constituida en torno a las manifestaciones populares de la música andaluza. Diríase que busca en la poesía la raíz misma de lo andaluz, sin detenerse en lo pintoresco o en lo anecdótico. La lamentación de la copla andaluza, el quejido en forma de saeta que se canta en las procesiones religiosas sin acompañamiento musical; la profunda melancolía de la tierra andaluza se plasma en estas poesías, donde el dramatismo se prende como un sollozo o un quejido.
Con dicha obra el poeta llega a la plenitud de su expresión poética. El acierto en las metáforas y en las imágenes es definitivo, y el romance popular adquiere renovada vitalidad entre el equilibrio pleno de lo popular y lo culto. Aquí la coincidencia de dos temas opuestos es evidente: lo real con lo irreal; lo sagrado con lo profano; la gracia con el dramatismo, y no menos importante es la contraposición que hace de otros dos extremos: la vida y la muerte. Además de presentarnos el sentido dialéctico y contradictorio de la realidad, Lorca se nos presenta como un poeta original que sabe apreciar el valor de la metáfora y de la imagen. Podemos decir que el triunfo de la imagen y de la metáfora es una constante en toda la obra de Lorca. Los temas tratados por nuestro autor en su Libro de poemas y canciones están relacionados con lo sentimental, mostrando una preferencia por la emoción poética al contacto con la naturaleza. los amaneceres, la lluvia, los árboles, incurren frecuentemente en estas poesías. El paso inmediato lo lleva hacia la máxima simplificación lírica con predominio de lo musical, lo que nos va a permitir desarrollar en nuestros alumnos la sensibilidad por el lenguaje artístico en todas sus manifestaciones.
Bibliografía:
Blanch , El hombre imaginario. Una antropología literaria, P.P.C.
A. María Platas Tasende. Diccionario de términos literarios, 2000
Aleixandre, Vicente, Obras completas, Madrid, Aguilar, 1968
AA.VV., Antología de la lírica amorosa, Vicens Vives, 1996
Bares M.: Diez Poetas de estos tiempo, Edelvives, 1991.
Bernal J. L., Antología poética del 27, Edelvives, 1991.
Buitrago Alberto y Torrijo J. Agustín, Diccionario del origen de las palabras. Ed. Espasa Calpe, 1998.
Cassirer Ernst, Mito y lenguaje, Buenos Aires, Galatea-Nueva Visión, 1959.
Cassirer Ernst, Antropología filosófica. Introducción a una filosofía de la cultura , México, F.C.E., 1945
García Lorca, Federico, Obras Completas. Ed Losada. Buenos Aires, 1958
Gamoneda Antonio, Blues Castellano. Ed. Plaza Janés, 1999.
Heidegger Martín, Caminos del Bosque, Madrid, Alianza Editorial, 1995
Innerarity Daniel , La irrealidad literaria, Pamplona, EUNSA,1995
Ortega y Gasset, J.: La razón como sistema, cap. VIII. Revista de Occidente, Madrid, 1975.
Paz Octavio, El arco y la lira, México, F. C. E. , 1973.
Zambrano M. , Filosofía y poesía, F.C. E.1987
Zambrano M. , Hacia un saber sobre el alma, Madrid, Alianza,1987.
* Profesora de Filosofía en el IES “Clara Campoamor” de Huelva. Dirección electrónica: manuelacs@arrakis.es