Reflexiones  y propuestas  sobre  la  educación de la experiencia estética

 

Manuela Castro Santiago*

 

 

                                                           “El  poeta  más  verdadero  es el más  fingidor”

 

                                                                                                          Shakespeare

 

 

 

En  su   obra  Mito   y  Lenguaje (1925 explica  Ernst  Cassirer    cómo  el hombre  necesita  de la cultura   tanto como  de la naturaleza,  y cómo  el tránsito  de ésta a aquélla se realiza  precisamente mediante el lenguaje, esto es, aquella estructura  verbal que intenta dar forma  al caos  de la experiencia vital y que,  por  lo mismo,  forma parte constitutiva  de dicha experiencia. Esto explicaría , entre otras cosas, que en la experiencia  humana, lo subjetivo  y  lo objetivo estén  siempre  mutuamente implicados. “Por  lo tanto –concluye   Cassirer - en lugar  de definir al hombre como animal racional,  lo definiremos como un animal simbólico”.

 

En este sentido, estamos de acuerdo con  dicho autor cuando afirmaba que  “Sólo puede el hombre captar y conocer  su propio ser en la medida en que sepa con seguridad  expresar en imágenes sus propios dioses”. Así pues,  como nos lo  expresa el profesor  Blanch, en su obra El hombre  imaginario, el hombre ha intentado expresarse de múltiples maneras, siempre metafóricas, pero relacionadas con su íntimo misterio, últimamente inefable. En efecto, lo esencial en la naturaleza del hombre es “Ser  imaginario”, y en este sentido, podemos decir,  que el hombre  se expresa mejor por símbolos que por  conceptos.

 

En línea con lo anterior, podemos afirmar que el hombre moderno y contemporáneo, obsesionado  por la “verdad científica”  se encuentra perdido, y  tiene,  por su condición de “animal simbólico nostalgia de aquel origen mítico –religioso que daba sentido a su existencia. Se encuentra, pues, desamparado ya que no tiene imágenes con las que representarse la realidad.  En efecto, la tendencia fundamental de nuestro tiempo es la  “desmitologización”  pero  también la nostalgia, esto es el dolor provocado por la ausencia de representaciones que den sentido  a nuestra existencia.

 

Y es que,  influidos por la  tradición platónica y  afanados  por  explicar  lo que somos,  los filósofos han olvidado a menudo “la vida”, en la que, como dice Ortega, cada cual va “sumergido”;  que el  hombre, como recuerda  también el filósofo madrileño, “no es sino  lo que le pasa”. Podemos afirmar, pues,  que  frente  a lo idéntico e inmutable  propio de la ciencia, el arte  y más en concreto la poesía, permite entender la vida humana como  acontecimiento, proyecto, quehacer,  libertad.

 

Y  podríamos  dar un paso más diciendo con María Zambrano que cuando hablamos de lo que nos pasa entramos de lleno en el mundo de la “razón poética”, para quien la filosofía  y la poesía no se oponen, sino que se complementan,  ya que mientras que “la filosofía busca,  la  poesía encuentra”, sin que ninguna  de ellas  pueda, por consiguiente,  reclamar  enteramente al hombre, al cual encontramos  “concreto en su individualidad” en la poesía, mientras aparece en la filosofía “en su historia universal, en su querer ser”. Y es que, recordando en esto a Ortega, el hombre más que ser es justamente, según Zambrano,  querer ser, “intento de ser“, vida en proyecto y, en este sentido, algo inacabado. En efecto,  en cualquier estadio  de su vida, el hombre suele experimentarse como un ser inacabado. De ahí que sienta siempre la necesidad de ser y de poseer y desear más. En este sentido,  “La voz del deseo- dice Octavio Paz- es la voz misma del ser, porque el ser no es sino deseo de ser”.

 

 Así pues, en la naturaleza misma del hombre como animal simbólico, anida el deseo de ser algo más,  vinculado  a la realización  de algún proyecto personal.  En este sentido, no es extraño encontrar en la esencia misma de los grandes símbolos poéticos el querer representar las aspiraciones infinitas de ese deseo.

 

Pero a la  vez, y por ello mismo, continúa Zambrano, abierto a la esperanza (sustrato fundamental de la vida), que no obstante debe ser concebida inescindiblemente unida a la  desesperación como anverso y reverso de una misma realidad: y es que sólo cabe esperanza en el deseo no colmado, en la  realidad incompleta, en la incertidumbre de la vida humana (todo lo cual el hombre no lo tiene, ni lo es, ni lo padece propiamente,  sino que más  bien  él  consiste o se tiene en ello como tal hombre ).

 

En este sentido, para Zambrano la vida es radicalmente “misterio”, y aquel que sobre ella se levanta y  (la) vive (el hombre) no puede sino zozobrar indefinidamente en un “temor” que lo embriaga y sostiene a la  vez, que tiene su raíz en lo más profundo del ser humano, en las entrañas del alma. Zambrano se aventurará hacia este fondo de penumbra reivindicando una filosofía justamente como “un saber del alma” (ajeno tanto a la razón técnica como al pensamiento sistemático, ideal o abstracto, en los que la mirada ha  dejado de atender a las cosas) que permita dar cauce a aquello de lo que el pensamiento conceptual no puede tener representación,  a “una  verdad que no puede  ser demostrada,  sino solamente sugerida” o sentida.  Y esto sólo lo consigue gracias a lo que ella misma denomina “razón poética”, “razón, quizá, la única que pudiera hacer de nuevo encontrar aliento a la filosofía  para salvarse”.

 

Así pues, la poesía representa el enigma indescifrable que supone el hecho de que vivimos nuestra propia realidad  como algo que está más allá de todos nuestros intentos por comprenderla. En este sentido, la poesía, en lugar de “demostrarnos” la realidad, nos la “muestra” tal cual es, ilumina, en el sentido heiddeggeriano, lo que permanece incomprensible. Y es que el poeta, al pronunciar la realidad la descubre, y nos desvela el “Ser”.

 

La fantasía, se convierte, de este modo en facultad susceptible de imaginar  toda una realidad material, e irla  desvelando, como un “acontecimiento del logos”. El lenguaje se convierte pues,  en el  acercamiento  en el que se produce la apertura  al  Ser, como vuelta  a una palabra  inicial, arcaica, en la que se  exhibe el misterio y a la que sólo se puede acceder a través del arte expresado en la poesía. En este sentido, pensamos que la poesía puede servirnos para recuperar el  pasado prehistórico del mito bajo la forma de un presente estético. El poeta, entonces, mediante la imagen, realiza una maravillosa función ontológica.

 

Si el mundo moderno proporciona datos objetivos aislados, pero no significaciones integradas  en una pretensión de unidad en el discurso, corresponde al individuo, motivado por la nostalgia y el deseo de recuperar lo perdido,  descubrir dichas significaciones. Este es el sentido de la estética como compensación, recuperando su auténtico valor antropológico que la vincula con el mito y la religión, y que no ha de buscarse su fundamentación en el plano  de la verdad  objetiva.

 

 

UNA PROPUESTA   DIDÁCTICA

 

Con el presente trabajo  nos proponemos abordar  el  ámbito de la experiencia estética  - expresada en la  poesía-,  con la educación en valores tanto éticos como estéticos. En este sentido, pensamos que  potenciar  la sensibilidad a partir del conocimiento del lenguaje poético,  puede convertirse en un camino para construir  una visión ética y estética del ser humano fundamentada en  los valores que subyacen tanto en la  forma como en los contenidos de dicho lenguaje.

 

Así pues, la reflexión  sobre la experiencia  estética y su comunicación pretende  combinar  el aspecto  racional y conceptual con  el aspecto sensible y emocional que se dan de manera  muy especial en el lenguaje poético.  En este sentido, el  cultivo  de lo estético puede generar en nuestros alumnos la capacidad de transferir  la sensibilidad adquirida al  terreno de las acciones morales.

 

El enfoque didáctico del que partimos, se fundamenta en una interpretación del aprendizaje  constructivista expresado en la siguiente afirmación de Goethe:  “Conocemos mejor aquello que amamos”, (e inversamente, podemos añadir  que amamos aquello que realmente se conoce).  Pensamos, desde esta perspectiva que el  conocer es condición de posibilidad del querer.

 

En este sentido, y en línea con las tesis defendidas por Piaget y Lawrence Kohlberg, podemos decir que mejorando  el intelecto y el  sentido estético, mejoramos al mismo tiempo la  actitud  moral. Por tanto, si  nos  fijamos  en qué caracteriza a las operaciones  formales, propias del desarrollo intelectual de los adolescentes, nos será muy fácil elaborar  estrategias de actuación en la educación integral del alumno. Desarrollemos esta idea:

 

 En primer lugar, podemos incorporar al desarrollo intelectual de nuestros alumnos la concepción dialéctica y contradictoria de la realidad a partir del análisis de términos  contrapuestos que aparecen en los poemas seleccionados como materia de estudio. Asimismo, podemos potenciar las estructuras lógicas  propias de un intelecto que es capaz de realizar operaciones formales a partir de la propia sintaxis y estructura que adquieren los  poemas,  a la vez  que les podemos plantear problemas morales que han de resolver  los mismos alumnos a través de un ejercicio racional.

 

Por otra parte, nuestros alumnos poseen los esquemas cognitivos básicos que les van a permitir desarrollar la imaginación y la creatividad, así como la sensibilidad  hacia el arte. En este sentido, el estudio de algunos recursos literarios como la metáfora, la prosopopeya y la metonimia nos va a servir para tal propósito. Por su parte, el tratamiento de la rima nos va a permitir desarrollar la sensibilidad y el aprecio por la visión integrada y de conjunto de un poema.

 

En segundo lugar, las operaciones  formales conciben  la realidad  como un subconjunto  de lo posible. ¿Por qué no les lanzamos el  reto de imaginar un mundo más justo en algunos aspectos concretos a partir del estudio de  los valores que subyacen en los contenidos semánticos de los poemas?

 

En tercer lugar, las operaciones mentales propias del adolescente poseen un carácter hipotético –deductivo. Enseñémosle a extraer conclusiones, a deducir y a manejar  conceptos abstractos en el campo  de lo moral, lo afectivo y cognitivo. Fijémonos en que, de esta forma,  propiciaremos  la reflexión   sobre  el  sentido universal de estos valores.

 

En este sentido, la puesta en práctica de este trabajo parte del planteamiento teórico de que los valores conforman un horizonte de sentido necesario individual y colectivamente y que, por lo tanto, pueden ser transmitidos y  de que  las actitudes se pueden educar. Este proyecto parte de esta convicción. Y lo hace desde uno de  los parámetros de la pedagogía moderna: que aquello más cercano al sujeto es lo que puede  despertar  en él  un mayor  interés.  Utilizando como estrategia didáctica  la integración de la poesía dentro de los contenidos curriculares podemos  desarrollar  una forma de trabajo que está  vinculada con los intereses y motivaciones de nuestro alumnado.  El  tratamiento de los contenidos  aparece así  ligado  a la realidad.

 

Así pues, pretendemos resaltar el valor simbólico de la palabra y entendemos  que la poesía es una forma de expresión artística  de la belleza por medio de la  palabra sujeta a la medida y cadencia.  Además es el  resultado de una experiencia interior con anhelo de comunicación y ansia de conocimiento, que parte del deseo de crear y de transmitir  belleza, de reflejar el mundo y de eternizarse mediante la palabra. Por su parte, el poeta,  debe olvidarse de sí mismo, comprometerse con el mundo y tomar partido ante los problemas que sus congéneres sufren. De esta forma, la poesía se convierte, en el sentido clásico del término, en el punto de encuentro entre la ética y la estética. Con tal propósito, el  presente trabajo pretende concienciar a nuestros alumnos  de que  la poesía  y la  conciencia  moral pueden encontrarse con toda naturalidad, puesto que algunos  de sus primeros  y más ilustres  colaboradores, como Federico García  Lorca o Luis  Cernuda, quisieron   que  dichas  formas de expresión entrasen en sus obras, fascinados  por la libertad  y por la belleza  que hallaban   en dichas  formas y en todo lo que les rodeaban.  Así pues, podemos decir con dichos autores que si existe  alguna palabra que sólo al pronunciarla asocie sensualidad y ritmo y que por sí sola sostenga una  manera de  vivir  y de pensar, esa es la que está relacionada con la experiencia estética  a través de la poesía.  Dicha experiencia  implica  un estado del  ser, un grito, manifestación de libertad, que nace de lo más hondo del  corazón  y que  a  veces  suena a tristeza y a  veces a alegría, y  tiene un poder de seducción  ante el que ningún espíritu sensible puede mostrarse indiferente. Porque la verdadera poesía  parece  siempre surgir   de la noche, en la intimidad  y  bajo la bruma  que envuelve  los sueños  en una luz  misteriosa.

 

 

DESARROLLO DE LOS  OBJETIVOS Y  CONTENIDOS

 

Unidad 1: El SER  HUMANO COMO ANIMAL SIMBÓLICO.

 

¡Intelijencia, dame

el  nombre exacto de las cosas!

...Que  mi  palabra  sea

la cosa misma,

creada por mi alma nuevamente.

Que por mí vayan todos

Los  que no las conocen, a las cosas;

Que por mí vayan todos

Los que ya las olvidan, a las cosas,

Que por mí vayan todos

Los mismos que las aman, a las cosas...

¡Intelijencia, dame

el nombre exacto, y tuyo,

y suyo, y mío, de las cosas!

 

(J. Ramón  Jiménez)

 

 

 

Queremos hacer  entender a los alumnos que el ser humano, por encima de todo, es un animal simbólico,  capaz de realizar representaciones sobre la realidad. En este sentido resaltamos el  valor simbólico de la palabra para  llevar a cabo dicha función. Para iniciarnos en el estudio de esta primera unidad nos remitiremos  a la obra de J. Ramón  Jiménez, para quien la poesía  se convierte en un problema de lenguaje. Pero él  no se detiene aquí, sino que crece,  pide la palabra exacta, que cosas y palabras se fundan y se confundan, y acaben siendo lo mismo. En este sentido, para enfatizar  el valor simbólico que tienen las palabras y su poder para representar la realidad, citamos  y comentamos el poema  titulado Inteligencia en el que su autor pone todo el empeño para lograr tal propósito.

 

Unidad 2: EL SENTIDO ESTÉTICO DEL POEMA.

 

“Sólo una introducción de jazz puede abrir ciertas almas y que vayan a buscar ciertos libros  y comprendan ciertas ideas. El jazz es lo único que puede variar de sitio los prejuicios depositados  en  un caletre”.  ( Ramón  Gómez  de la Serna)

 

JAZZ

 

Un  cálido sonido sube lento,

Gorgotea en el saxo casi, asfixiado.

El piano da  diente con diente; y le acompaña,

Llorando y delirando, la  trompeta.

La  batería  suena, ya  fuera  de este mundo,

Y el violón  si llora es detrás   de algún muro.

Estoy tan solo, amigos, como ese clarinete,

Y tan enamorado como el trombón  de  varas.

Estoy  tan loco, amigos, como la batería,

Y  tan lo que no  digo como el contrabajo,

Mientras suena el  piano tecleando un secreto.

 

Gabriel  Celaya

 

 

LA TROMPETA

 

¡Qué  hermoso era el sonido de la trompeta

Cuando  el músico contuvo el aliento

Y el aire de todo el Universo

Entró por aquel tubo ya libre

de obstáculos!

 

¿Qué bello resultaba el estremecimiento

producido  por el roce

de los huracanes contra el metal,

de cálidos

vientos del  Sur, y luego del helado

austral, que dio la vuelta al mundo.

 

El viento solano  llegó lleno de  luz

Salpicando de sol  y de verano.

El siroco dejó un poco de arena,

Y el mistral

Era casi silencio,

Igual que los alisios.

 

Pero escuchad,

Escuchad todavía

El  ramalazo,

La poderosa ráfaga

Y deja

Sobre la piel

La húmeda caricia del salitre.

 

Un grito agudo interrumpió la melodía.

 

El artista, extrañado,

Agitó  su instrumento,

Y cayó  al suelo, yerta, rota,

Una brillante y negra golondrina.

 

(Ángel   González)

 

 

Partimos de la idea de que la belleza en la poesía está en la dicción misma, en la liberación de la forma frente al dominio semántico. La poesía nos dice de un modo incomparable todo lo que desde esa perspectiva cabe decirse.

 

La  conciencia estética exige olvidar  la transmisión  de contenidos para poner el acento en lo que es aparentemente secundario: la elegancia  de la forma lingüística. Podemos recordar aquí a Adorno, para quien “el arte es la magia liberada  de la mentira de ser verdad”. Así pues, por la  fantasía, el hombre se libera de las limitaciones espacio-temporales, y gracias a la poesía puede expresar lo inefable. Liberada, del condicionamiento semántico, la poesía no nos puede decir nada  verdadero, pero tampoco falso. Por eso podemos decir  que  es un lenguaje formal, universal  y siempre actual.

 

En este sentido, la poesía es un lenguaje formal  en lugar de verdadero;  es lo imaginativo, el lugar de lo  real; fantasía en lugar de conocimiento. Y es que como afirma Innerarity en su obra La irrealidad  literaria “con  el lenguaje  ocurre lo mismo que con las fórmulas matemáticas –constituyen  un mundo  para  sí , juegan sólo consigo mismas, no expresan otra cosa que  su maravillosa  naturaleza y por eso se refleja  en  ellas el extraño  juego  de las relaciones entre las cosas”.

 

            Para  enfatizar el aspecto formal y alejado de los contenidos, propios del lenguaje poético, despertamos el gusto por el cante, el blues y el  jazz. Comenzamos esta unidad con la lectura y comentario  del poema Solo  de  trompeta, de Francisco  Brines. Invitamos a nuestros alumnos  a reflexionar sobre el papel que tiene el arte en general y el jazz en particular en la concepción que nos hacemos de la realidad,  y en la conquista de la libertad a través de esta expresión musical, desvinculándonos de todo prejuicio y relacionando, de esta forma, el  arte y la vida. Continuamos el desarrollo de esta unidad con la lectura del poema de  Ángel González  titulado La  Trompeta  y dedicado a Louis Armstrong en la  que nuestro poeta rinde de manera magistral un homenaje al legendario músico. Terminamos esta unidad con la lectura y comentario  de un poema  del  Cante Jondo  titulado .“La guitarra” de F. García Lorca, en el que el poeta nos conduce a través del “llanto de la  guitarra”  al  estudio del  simbolismo, las metáforas, la personificación, los paralelismos, los contrastes... Y todo ello lo logra  con el  triunfo  completo de la realidad  sensual.

 

 La fuerza de la seducción de las palabras, la podemos apreciar en la poesía del poeta granadino. Aquí el lenguaje compite con la magia, o mejor, es magia. El lenguaje de  Federico es un imán que tira de nosotros y nos subyuga y nos rinde: el lenguaje que hace lo real irreal y lo irreal  real. La lectura del Romancero Gitano nos permitirá introducirnos en el juego seductor de las palabras expresadas en la voz del poeta expresadas en forma de laberinto dialéctico.

           

El valor simbólico  de  las palabras queda reflejado al tratar  algunos temas, de  especial  interés  para el poeta, como es el caso  de  la muerte, cargada de fuertes creencias  mágicas.  Es mágica, en efecto, por la participación activa de la Naturaleza  en la muerte de cualquier hombre.  La sangre  cumple una oscura y  originaria misión energética. Representa  el grito furioso del brotar de la vida. La sangre –el ardiente instinto- se encaraba entonces a la noche fría  y a la luna blanca  y desalmada. Y esto no sólo tenía lugar en  su mundo rural  y en los abiertos  espacios  del  campo andaluz;   también   en el seno de la gran urbe que ha perdido el rostro humano:  Nueva  York. Grita, desesperado, el poeta y   experimenta, - aunque  nadie le escucha ya, porque  la poesía se ha  convertido en una voz sin  eco-, esa lucha   cósmica   de la sangre derramada frente a la frialdad mecánica de la civilización.

 

Unidad  3:  El  CONOCIMIENTO DE UNO MISMO.

 

Comenzamos esta unidad  reflexionando sobre el carácter inacabado e incompleto del ser humano. En este  sentido, los deseos actúan como las “voces” del ser que claman  por aquello que realmente  se  necesita. “La voz  del deseo –dice  Octavio  Paz – es la  voz misma  del ser, porque el ser no es  sino deseo de  ser”.

 

Con el estudio de la poesía de Antonio Machado, nos introducimos  en la línea intimista. Para el poeta  sevillano la poesía debe tratar sobre  “lo eterno humano”: “Creo  que una poesía  que aspire  a conmover  a todos  ha  de ser muy  íntima. Lo más  hondo  es lo más  universal”  (1904).  Pero su  humanismo  le impulsa  a una preocupación social;  así, en una carta a Unamuno, escribe: “Es verdad, hay que soñar despierto. No debemos crearnos un mundo aparte en el que gozar fantástica y egoístamente de nosotros  mismos;  no debemos huir de la vida para forjarnos  una vida mejor, que sea estéril para los demás” (1904). Y en otro momento explica: “Mi sentimiento no es, en suma,  exclusivamente  mío, sino más bien nuestro” (1917). De ahí que entable  frecuentemente un diálogo con su  entorno, con el tiempo, compatible con la hondura en el análisis de sus propios sentimientos.

 

Unidad 4:  LA POESÍA  ES COMPARTIDA

 

 

PARA QUIÉN ESCRIBO

 

¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el periodista o simplemente el curioso.

 

No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice admonitorio entre las tristes ondas de música.

 

Tampoco para el carruaje, ni para su ocultada señora (entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los impertinentes).

 

Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que corre por la calle como si fuera a abrir las puertas a la aurora.

 

0 ese viejo que se aduerme en el banco de esa plaza chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma, le rodea y le deslíe suavemente en sus luces.

 

Para todos los que no me leen, los que no se cuidan de

mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoren).

 

Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi aven­tura, viviendo en el mundo.

 

Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida, parido­ra de muchas vidas, y manos cansadas.

 

Escribo para el enamorado; para el que pasó con su an­gustia en los ojos; para el que le oyó; para el que al pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando preguntó y no le oyeron.

 

Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo. Uno a uno, y la muchedumbre. Y pa­ra los pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin oírme, está mi palabra.

 

(Vicente  Aleixandre )

 

 

La poesía, a diferencia de la filosofía, no tiene estructura dialógica, ya que es un todo lingüístico cerrado en sí mismo, no exige ni crítica ni contradicción, pero sí es esencialmente comunicativa. Trabajamos esta unidad bajo la idea de que la afirmación de uno mismo pasa por el reconocimiento del otro: la  construcción de la identidad  personal, así como la propia autoafirmación pasa por el reconocimiento de los demás: El poema Respeto -“No la  toques ya más que así es la rosa”-  de J. R. Jiménez es un maravilloso ejemplo por el intento de respetar al otro en su máxima expresión.

 

El objetivo fundamental en el tratamiento  de esta unidad  es que los alumnos entiendan que las palabras intentan decirnos quiénes somos en relación con los demás. Queremos hacer especial hincapié en la lectura de  poemas en voz alta. Pretendemos hacer ver a los alumnos que las palabras están siempre dirigidas hacia otros, y que en un sentido dialéctico vamos construyendo nuestra concepción de la realidad, pero siempre “con otros”. Con ello pretendemos hacer entender a nuestros alumnos que no hay palabras ni tampoco “pensamientos únicos”. 

 

            La poesía, clara, directa, nada hermética, irónica y cordial de Vicente Aleixandre, que está pidiendo en muchos casos la lectura  en voz  alta, a ser posible ante un amplio auditorio, o la música que la convierta en canción, nos puede  servir como claro ejemplo  para hacer entender a los alumnos la importancia de las palabras dirigidas "a los otros". Con la poesía baja dicho autor a la plaza pública, donde la humanidad  se reúne, ahí baja el poeta. La plaza, lugar de encuentro con la humanidad. Adiós  a las torres de marfil, a la insolidaridad. Constituye toda su poesía una poética de la otredad, en la que falte aún  concretar para quién  se escribe. Vicente Aleixandre, que se hace esa pregunta en el poema titulado “Para quién escribo”, responde: para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo.

 

El desarrollo del tema se ve completado con  la  lectura de los poemas “Si  el  hombre pudiera decir” de Luis Cernuda. La reflexión de la poesía de Gabriel Celaya nos permitirá  relacionar el concepto de felicidad  personal con el proyecto de vida que construímos con los demás.

 

Unidad 5: LA  POESÍA  ADQUIERE  FORMA  DE  LAMENTO.

 

El  Blues del amo

 

Va a hacer diecinueve años

Que  trabajo para  un amo.

Hace  diecinueve  años

que me da la comida

Y todavía no he visto

su rostro.

 

No  he visto al  amo

en  diecinueve años

Pero  todos los días

yo me miro  a mí mismo

y  voy  sabiendo poco  a poco

Cómo es el  rostro de mi amo.

 

Va  a hacer diecinueve años

Que  salgo de mi casa

y hace frío

Y luego entro en la suya

y me pone una luz

Amarilla encima

de la cabeza

Y todo el día escribo

dieciséis

Y mil y dos  y

ya no puedo más

Y luego salgo al  aire

y es de noche

Y vuelvo a casa

y no puedo vivir.

 

 

Cuando vea a mi amo

le preguntaré

Lo que son mil y dieciséis

Y  por qué me pone una luz

encima de la cabeza.

 

Cuando esté  un día

delante de mi amo,

Veré su rostro,

miraré en su rostro

Hasta borrarlo  de él

y de mí mismo.

 

(Antonio Gamoneda )..

 

 

 

El poema de Antonio Gamoneda titulado “Blues del amo” nos va a permitir hacer una reflexión sobre las injusticias  provocadas por las desigualdades sociales. La lectura del poema "En el principio" de Blas de Otero,  nos muestra el  inmenso poder que tiene la palabra como instrumento de denuncia..

 

En este sentido,  los contenidos de los poemas adquieren forma de lamento, de quejido a través  del cante: la palabra  se transforma en música y adquiere forma de queja en el  "Romancero  Gitano" de F. García Lorca. En el poema del cante jondo, el poeta nos  ofrece una unidad constituida en torno a las manifestaciones  populares de la música andaluza. Diríase que busca en la poesía la raíz misma de lo andaluz,  sin detenerse en lo  pintoresco o en lo anecdótico. La lamentación de la copla andaluza,  el quejido en forma de saeta  que se canta en las procesiones religiosas sin acompañamiento musical; la profunda melancolía  de la tierra andaluza se plasma en estas poesías, donde el dramatismo  se prende como un sollozo o un quejido.

 

Con  dicha obra el poeta  llega  a la plenitud de su expresión poética. El acierto en las metáforas y en las imágenes es definitivo, y el romance  popular  adquiere renovada vitalidad entre  el equilibrio  pleno de lo popular y lo culto. Aquí la coincidencia  de dos temas  opuestos es evidente: lo real con lo irreal;  lo sagrado  con lo profano; la gracia con el dramatismo, y no menos importante es la contraposición que hace de otros dos extremos: la vida y la muerte. Además de presentarnos el sentido dialéctico y contradictorio de la realidad, Lorca se nos  presenta como un  poeta  original que sabe apreciar  el   valor de  la metáfora  y de la imagen. Podemos decir que el triunfo de la imagen  y de la metáfora es una constante en toda la obra de Lorca. Los temas tratados  por  nuestro autor en su Libro de poemas y canciones  están relacionados con lo sentimental, mostrando una preferencia por la emoción poética al contacto con la naturaleza. los  amaneceres, la lluvia, los árboles, incurren frecuentemente en estas  poesías.  El paso  inmediato lo lleva  hacia  la máxima  simplificación lírica con predominio de lo musical, lo que nos va a permitir desarrollar en nuestros alumnos  la sensibilidad  por el lenguaje artístico  en todas sus manifestaciones.

 

 

 

Bibliografía:

Blanch ,  El hombre  imaginario. Una  antropología  literaria,  P.P.C.

A. María Platas Tasende. Diccionario de  términos literarios, 2000 

Aleixandre, Vicente, Obras completas, Madrid, Aguilar, 1968

AA.VV.,  Antología  de la lírica amorosa, Vicens Vives, 1996

Bares M.: Diez Poetas  de estos tiempo, Edelvives,  1991.

Bernal J. L., Antología poética del  27, Edelvives, 1991.

Buitrago Alberto y Torrijo J. Agustín, Diccionario  del origen de las palabras.  Ed. Espasa             Calpe, 1998.

Cassirer  Ernst, Mito y lenguaje, Buenos  Aires, Galatea-Nueva Visión, 1959.

Cassirer  Ernst, Antropología  filosófica. Introducción a una filosofía  de la cultura , México,             F.C.E., 1945

García  Lorca, Federico, Obras Completas. Ed Losada. Buenos Aires, 1958

Gamoneda  Antonio,  Blues  Castellano. Ed. Plaza  Janés, 1999.

Heidegger Martín,  Caminos  del  Bosque, Madrid, Alianza  Editorial, 1995

Innerarity Daniel , La  irrealidad  literaria,  Pamplona, EUNSA,1995

Ortega  y Gasset, J.: La razón  como sistema, cap. VIII.  Revista de  Occidente, Madrid, 1975.

Paz Octavio,  El arco  y la lira, México, F. C. E. ,  1973.

Zambrano M. , Filosofía  y poesía,  F.C. E.1987

Zambrano M. , Hacia  un saber sobre el alma, Madrid, Alianza,1987.

 

 

 

 

 



* Profesora de Filosofía en el  IES “Clara Campoamor” de Huelva. Dirección electrónica: manuelacs@arrakis.es