La orilla de María: Aforismos

 

Desde la orilla de su amor, generosamente represado, contenido y desbordado, María Sánchez Fernández ha ido pintando con palabras las llagas abiertas del alma, pidiéndole a su voluntad que no se rompa. Sus lágrimas de dolor o goce han quedado como las libélulas del jurásico, atrapadas en el ámbar del papel. Celebra sobre todo los sencillos aconteceres de esta vida, como esos verdes quejidos de la Tierra en que se abrirán sus adentros para parir castidades y sangrar amapolas en primavera. También alude con gratitud a los grandes misterios, como ese de que en invierno se duerma la savia y despierte el silencio. Sus palabras, tan sentidas, caen como racimos de serenas sonrisas sobre “la austeridad del tiempo no medido”.

        

El vuelo de dos mariposas errantes libando libertad y belleza, así me pareció su verso, mientras huye de la rima hacia el epigrama.

 

         He aquí una muestra del arte de sus aforismos poéticos.                                      J.B.L.

 

 

 

 

 

El orgullo ama el poder

y se crece, y se inflama

hasta estallar en gritos de soberbia.

La humildad se hace pequeña,

tan pequeña..., que cabría en el corazón

de un niño.

 

***

 

Cuando contemplo el curso de un río

que viene cargado de paisajes

y vivencias, me hace meditar

en la sabiduría del anciano.

 

***

La música, en su divina expresión,

me hace pensar

en el eterno lenguaje de Dios.

 

 

***

 

Un día, estando abstraída pregunté:

¾Sensibilidad, ¿quién eres?

Y sentí dentro de mí

como un revuelo de pájaros

que zarandeaban mi alma.

 

***

 

Las piedras del arroyo ríen felices

porque son relucientes como gemas.

El día en que el arroyo se seque,

¡cómo llorarán su opaca soledad!

 

***

 

La humilde alcayata le dijo al tornillo:

¾Nuestro destino es danzar y danzar.

Tú, dando enloquecidas vueltas.

Yo, haciendo galantes reverencias.

 

***

 

La sabiduría tiene las llaves

de la luz y de la gloria.

La ignorancia tiene las llaves

de la oscuridad y del anonimato.

 

***

 

La vida nos va cargando

de experiencias

y descargando de ilusiones.

 

***

 

La luna se reflejaba en la charca,

y ésta creyó ser el cielo.

 

***

 

Los grandes ojos del búho

quieren atrapar

Toda la oscuridad de la noche.

 

***

 

La felicidad

Es como la flor de un día.

Expande su perfume y se marchita.

 

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¡Qué es el frío?

¾El cuchillo del invierno.

¿Qué es el odio?

¾El veneno del espíritu.

¿Qué es el amor?

¾La sonrisa divina de Dios.

 

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Si la música es el eterno lenguaje de Dios

y el amor su divina sonrisa,

¡bienaventurado aquel, que amando,

se derrama en melodías!

 

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Las hojas de un libro abierto

son los frescos remansos

del espíritu.

 

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La conciencia del bosque

es el murmullo de sus propias criaturas.

La conciencia del hombre

es el grito de sus propios sentimientos.

 

 

***

 

El tiempo perdido

es como el agua derramada

que corre y corre por la tierra

hasta perderse en ella para siempre.

 

***

 

La amistad  y el amor

no siempre se darán la mano.

 

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Lo sencillo se inclina ante lo grande

porque admira su poder.

Lo grande abraza a lo sencillo

porque adora su hermosura.

 

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Pienso en la cordura

que es gris como la niebla.

¡Bendita enajenación,

que es brillante como la luz del sol!

 

***

 

Si la palabra es sencilla

encierra en ella la grandeza

de todo un universo.

 

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El arte, en toda su extensión,

conmueve al hombre

hasta estremecer los cimientos

de su propia conciencia.

 

***

Sólo inclínate

ante la presencia y grandeza de Dios.

La auténtica jerarquía terrenal

está en tu propia dignidad

 

***

 

Aforismos de María Sánchez Fernández

De los libros: Desde mi orilla (1997)

y Pintar palabras (2001)