FILOSOFIA, CIENCIA Y GÉNERO
La Asociación Andaluza de Filosofía en colaboración con el Seminario Mujer, Ciencia y Sociedad, de la Universidad de Jaén, organizó en abril una mesa redonda sobre el tema de Filosofía, Ciencia y Género.
Con el objetivo de dar a conocer algunas perspectivas teóricas acerca del papel de la mujer en el conocimiento y especialmente en la ciencia, contamos con la amable presencia de Eulalia Pérez Sedeño que visitaba Jaén por primera vez.
Eulalia Pérez Sedeño es catedrática de lógica y filosofía de la ciencia de la Universidad del País Vasco. Fue con anterioridad profesora titular de lógica y filosofía de la ciencia de la Universidad Complutense. Es en la actualidad la presidenta de la Sociedad de Lógica , Metodología y Filosofía de la Ciencia en España.
Después de la mesa redonda, nuestra invitada, se prestó amablemente a la entrevista que, a continuación, transcribimos.
Entrevista a EULALIA PÉREZ SEDEÑO
1. Debes de ser la única catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad española. Un área de conocimiento tenida por dura dentro de las disciplinas de Filosofía...
Sí, desgraciadamente, sólo hay una. En España, por tradición, la filosofía ha sido bastante sexista: en el área de filosofía sólo hay 4 catedráticas y en la de ética que se esgrime como un ejemplo de área no sexista en ese sentido, creo que son tan sólo 4 también. Y en particular, lo que sucede en el área de lógica quizá sea lo más escandaloso, pues también el porcentaje de titulares es bajísimo, un 12 % aproximadamente, muy inferior a la media nacional, un 40 %. Encontramos por tanto que no sólo hay discriminación jerárquica o vertical, sino también territorial u horizontal. Es decir, no sólo las mujeres no llegan a los escalones más altos en la jerarquía, sino que los temas o disciplinas siguen estando marcados por el sexo. Aún cuando hoy en día nadie se atreva a decir explícitamente que las mujeres no están capacitadas para determinadas tareas o parcelas intelectuales, lo cierto es que socialmente sigue habiendo algunas típicamente femeninas y otras típicamente masculinas. Y la filosofía es una de éstas últimas, si no, basta mirar las proporciones del profesorado de filosofía y el alumnado de las facultades de filosofía, algo inusual en las denominadas carreras ‘de letras’ y cómo se excluye como ‘insignificantes’ o ‘absurdas’ cuestiones filosóficas que nos preocupan.
2. ¿Ha sido un reto para ti como mujer el conseguirlo?
Sí lo ha sido. En gran medida sentía el compromiso conmigo misma y con mis compañeras, de acceder a una cátedra. Al empezar yo también hacía posible que otras lo fueran, aunque no sé si el tiempo me dará la razón...
¿Como profesional?
Como profesional no tanto; no he notado prácticamente cambio, hago las mismas cosas.
3. ¿Te has encontrado con dificultades especiales o con facilidades?
No he encontrado facilidades pero sí dificultades. Desde un pequeño sector se inició una campaña de desprestigio, aunque afortunadamente era un grupo minoritario y sin prestigio académico alguno. No puedo dejar de preguntarme hasta qué punto el hecho de ser mujer no estaba en la base de esa pretendida campaña, si hubieran intentado lo mismo en el caso de un varón, pues me viene a la cabeza algún que otro catedrático que obtuvo la plaza con un currículo claramente inferior al mío (y al de sus otros competidores, lo cual no era mi caso) y no pasó nada. Lo que además te puedo decir es que noto que los compañeros con frecuencia me ignoran, que no me tienen en cuenta, ni me tratan del mismo modo que lo hacen con otros colegas.
4. ¿Podrías hacer tuya la frase de una profesora de la Escuela de Ingeniería de Jaén que es también la coordinadora del Seminario Mujer, Ciencia y Sociedad, que dice que durante mucho tiempo se sintió transparente con sus colegas?
Sí, creo que esa es la expresión adecuada, porque no es tanto que se me ignore a mí en concreto, sino que es la capacidad que tienen los hombres de invisibilizar a las mujeres y que se extiende al campo profesional e intelectual, aunque creo que en la mayoría de las ocasiones es una actitud inconsciente.
5. En una ocasión te definiste como una “positivistona de toda la vida” para explicar que no podías ser partidaria de un reduccionismo sociologista radical en filosofía de la ciencia. ¿Puede decirse que experimentaste en tu propia biografía el giro sociologista de la filosofía de la ciencia? ¿Por qué has dejado de ser positivista?.
En realidad, el giro ya lo llevaba dentro porque la mayoría de mis primeros trabajos fueron como historiadora de la ciencia y la historia de la ciencia te obliga a plantear las cuestiones y los problemas de otra manera; te das cuenta que las verdades no son eternas, que las normas de precisión o simplicidad racional han variado a lo largo de la historia. Y, por otra parte, el positivismo lógico, sobre todo en su aspecto normativo, ejerce un atractivo tremendo. Mi problema era encajar los aspectos interesantes y productivos de ambos enfoques.
6. ¿Entonces, no podrías decir cómo experimentaste el cambio o cuándo?
Mi formación inicial en historia de la ciencia fue kuhniana. Me inicié a la historia de la ciencia en la Facultad con La Estructura de las Revoluciones científicas. A la vez, mis lecturas, llamémoslas filosóficas, eran sobre todo los autores pertenecientes al Círculo de Viena y a la ‘concepción heredada’, R. Carnap, O. Neurath, C. Hempel, E. Nagel, etc. El Carnap de “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje” me fascinaba. Supongo que disponer de una concepción filosófica que permita compartimentar el mundo, qué es conocimiento válido y qué no, qué vale y qué hay que desechar, da seguridad y ejerce un atractivo considerable sobre una persona joven. Digamos que más bien mi problema era de visión esquizofrénica desde el principio, para compatibilizar mi formación en historia de la ciencia y esa formación positivista pura y dura en lógica y metodología de la ciencia.
7. ¿Es compatible ostentar la cátedra de lógica y al mismo tiempo abandonar la lógica de la ciencia por la sociología de la ciencia?
No creo que nunca haya abandonado la lógica de la ciencia ni que haya que hacerlo. La lógica es un instrumento muy necesario. La filosofía de la ciencia necesita de la lógica, pero también de la sociología, de la historia, de la ética, de la ciencia... para tener los pies en la tierra. Los valores de todo tipo, no sólo lógico-internos deben formar parte de los estudios de la ciencia (a veces utilizo esta expresión ‘estudios de la ciencia’ para indicar esta concepción más amplia de la filosofía de la ciencia, para indicar que hay que ir a por una filosofía práctica de la ciencia). Una filosofía de la ciencia que sólo haga reconstrucción lógica está abocada al fracaso o, como poco, a la inoperancia.
8. ¿La ciencia debe tener valores, no debe ser neutral y objetiva, no es un valor la objetividad?
Es que no lo es, es decir, no es objetiva en el sentido tradicional del término (aunque me parece que el término ‘objetividad’ y asociados es de los más usados y menos seriamente analizados de la filosofía) . Hay valores, supuestos, que impregnan todos los trabajos humanos y la ciencia también, como han mostrado numerosos estudios. Pero ojo. Cuando yo digo que hay valores externos (ideológicos, de género, etc.) que intervienen en la ciencia, no estoy diciendo que eso suceda en todas las hipótesis, teorías, etc. Lo que afirmo, y como yo otras muchas personas, es que hay hipótesis, teorías, etc. que no están libres de esos valores y que, por tanto, no podemos afirmar que ‘la ciencia’ esté libre de ellos..
9. Pero, ¿quiere eso decir que debe tenerlos?
Me parece que sí. Porque en nombre de la ‘Cientificidad’ y de la ‘Objetividad’ - así, con mayúsculas - se han hecho muchas barbaridades. Debemos darnos cuenta de que la ciencia occidental ha cambiado mucho, no sólo desde sus orígenes en Grecia, sino desde la Revolución Científica. Las personas de ciencias ya no son seres aislados que trabajan en una biblioteca, o en un gabinete experimental, que se reúnen de vez en cuando con sus colegas para debatir, etc. cuestiones con poco o nulo impacto cotidiano o general. La ciencia, junto con la tecnología, es ahora algo mucho más complejo -entre otras cosas una institución- cuyos logros afectan nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones personales, y también el mundo en que vivimos y el espacio que lo rodea. Creo que la cuestión es determinar un conjunto de valores, a la vez descriptivos y éticos que estén a la base de una ciencia y una tecnología mejores, que hagan posible un mundo mejor y una ciencia más democrática. Encontrar un acomodo entre descriptivismo y prescriptivismo es una de las tareas importantes que tenemos en la actualidad. Tal como veo la filosofía de la ciencia, debe intentar lograr una línea intermedia entre normativismo y descriptivismo.
10. ¿Cómo ves la situación de la lógica y metodología de la ciencia en la actualidad, ante el fervor creciente por la sociología de la ciencia entre los filósofos?
No creo que haya un fervor creciente por la sociología entre los filósofos. Hay cuatro sectores. Hay un sector cada vez más minoritario que sigue anclado en los problemas tradicionales de la filosofía de la ciencia, en la reconstrucción estrictamente lógica y desde una perspectiva puramente normativa.
11. ¿Aún existen?
Sí, es cada vez más minoritario pero hay quienes persisten. Otro grupo, me refiero a España, es el de los que piensan que hay otras cosas además del análisis conceptual y de la reconstrucción. Un tercer grupo es más partidario de la naturalización de la filosofía de la ciencia, de la política y ética científica, pero no excluyente con la perspectiva anterior. Otro sector cada vez más minoritario, partidario de la sociología de la ciencia, en su versión micro, macro o etno ha considerado a la Filosofía como adversaria, aunque creo que, sociológicamente, suelen estar en las facultades de sociología, valga la redundancia. Los distintos sectores se han entendido como antagónicos cuando tienen que ser complementarios.
12. ¿Te situarías en el tercer grupo?
Sí, aunque no ignoro las dificultades que entraña esa tarea.
13. ¿Qué crees que puede aportar la lógica y filosofía de la ciencia a la propia ciencia?
Conciencia de problemas y cuestiones que a veces se les escapa a los que están dentro de la ciencia. Ya sé que tal vez sea una visión utópica pero, créeme, no lo es tanto cuando hablas con científicos. Muchas veces agradecen nuestras observaciones e ideas, pues el laboratorio es ‘demasiado terrenal’ en ocasiones. Muchas personas de ciencia se plantean cuestiones filosóficas aunque, debido a la falta de ‘entrenamiento filosófico’, a veces les falta claridad de planteamiento filosófico-conceptual... algo en lo que desde la filosofía podemos ayudar. Por supuesto, nosotros también les necesitamos y no me refiero sólo como materia-objeto. No ya los filósofos de la ciencia, las personas dedicadas a cualquier parcela de la filosofía no pueden ser ignorantes en ciencia y tecnología, dada entre otras cosas la omnipresencia de éstas en nuestras vidas; como tampoco podemos hacer filosofía del lenguaje, de la mente, etc. ignorando lo que las disciplinas correspondientes tienen que decir al respecto.
14. ¿Crees que la perspectiva de género tiene alguna posibilidad más allá de la mera reivindicación?
Sí. Pienso que la ciencia y la tecnología se dan en una sociedad y lugar concretos. Y no se pueden despreciar vivencias (entiéndase este término en sentido amplio, no en su acepción meramente subjetiva) de la mitad de la sociedad, además de poner de manifiesto sesgos y problemas. Hay que tener en cuenta que la filosofía se ha desarrollado a partir de la idea de sujeto varón, blanco, occidental y de clase media-alta. A nadie le escandaliza o le extraña que desde Grecia haya variado la noción de ciudadano, o de justicia, de modo que la disciplina correspondiente ha cambiado. Pero cuando se introduce la perspectiva de género todo el mundo parece echarse las manos a la cabeza. Me pregunto - y sí, es una pregunta retórica – hasta que punto no es porque el sistema de género es omnipresente en nuestra sociedad y en nuestra cultura. Por eso, la perspectiva de género no es algo parcial, sino que tiene un reto universalista. La integración entre la perspectiva descriptivista y prescriptivista pasa por integrar, también, la perspectiva de género. Esta introduce el aspecto político en la ciencia.
15. ¿Eres pragmatista?
Sí, creo que soy bastante pragmatista. Por eso creo que la filosofía de la ciencia no puede ser sólo internista ni sólo externalista. Se deben introducir valores como el de aplicabilidad a las necesidades humanas.
16. ¿Crees que existen algunos indicadores de una filosofía de género?
No creo que exista una filosofía peculiar de la mujer, que es lo que a veces se entiende. Los estudios de género lo que han puesto de relieve es las insuficiencias de la filosofía occidental. Una filosofía ‘feminista’, si es que queremos llamarla así y que, por cierto, a mí no me gusta demasiado, tiene que incorporar cuestiones, aspectos, que tengan en cuenta a toda la humanidad, no sólo la mitad de ella.
17. ¿Es la perspectiva de género un valor a reivindicar o a eliminar del conocimiento?
Sin duda un valor a reivindicar. Puede contribuir enormemente a tener una mejor comprensión de la filosofía, de la ciencia y de la vida. Pero sería deseable que en un futuro, estuviera plenamente incorporado en todos los aspectos de nuestras vidas y no tuviéramos que reivindicarlo.
Gambrinus, Jaén a las 24 horas del 25 de abril de 2001
Rosa M ª Rodríguez Ladreda