Felipe Jiménez Pérez
Gustavo Bueno Martínez, España frente a Europa,
Editorial Alba, Barcelona, 1999, 474 págs.
En 1999 el profesor Gustavo Bueno ha dado una magistral lección de filosofía de la historia con su último libro “España frente a Europa”. Aquí se muestra a las claras el carácter partidista de la filosofía –como no podía ser menos en un filósofo materialista- en concreto desde la perspectiva del materialismo filosófico. Si la filosofía desde el materialismo filosófico es una disciplina teórica racional, reflexiva y sistemática de segundo grado, saber pues sustantivo cuyo objeto son las Ideas que brotan de la praxis humana, entonces, podremos decir que el libro de Bueno contiene un tratamiento sistemático de Ideas filosóficas tales como España, Nación, Imperio, Estado, Historia Universal, etc.
Por otro lado, el sintagma “filosofía de la Historia Universal” requiere que sepamos qué es la historia y tanto más la Historia Universal. Desde las coordenadas teóricas del materialismo gnoseológico o teoría del cierre categorial, diremos que la Historia es una ciencia β-1 operatoria. Pero también es el relato de lo acontecido en el pasado.[1] Hegel recorrió la senda de la filosofía de la historia universal desde el Idealismo absoluto, lo que es en el fondo equivalente a un realismo absoluto. Según su concepto de la historia, “La historia sólo debe recoger puramente lo que es, lo que ha sido, los acontecimientos y actos. Es tanto más verdadera cuanto más exclusivamente se atiene a lo dado.”[2] En cambio, “La labor de la filosofía parece hallarse en contradicción con este fin; y sobre esta contradicción, sobre el reproche que se hace a la filosofía, quiero explicarme en la Introducción.”[3] Esto ocurre porque Hegel sostiene que “La consideración filosófica no tiene otro designio que eliminar lo contingente.”[4] Este modo filosófico de entender los hechos va contra el empirismo y el positivismo consistentes en el culto a los hechos y en contra de esa idea de Wittgenstein de que la filosofía deja las cosas como están. Dice Hegel al respecto: “El modo filosófico puede tener al principio algo de chocante; dadas las malas costumbres de la representación, puede ser tenido por contingente, por una ocurrencia. Aquel para quien el pensamiento no sea lo único verdadero, lo supremo, no puede juzgar en absoluto el modo filosófico.”[5] La filosofía de la historia incluye una cierta crítica al proceder del historiador y a su neutralidad axiológica: “Podríamos formular, por tanto, como la primera condición, la de recoger fielmente lo histórico. Pero son ambiguas esas expresiones tan generales como recoger y fielmente. El historiógrafo corriente, medio, que cree y pretende conducirse receptivamente, entregándose a los meros datos, no es en realidad pasivo en su pensar. Trae consigo sus categorías y ve a través de ellas lo existente.”[6]
Todas estas consideraciones en torno a Hegel valdrían en gran parte para Gustavo Bueno. Es más, en su libro aparece una crítica a la historiografía parecida a la de Hegel. Si según Hegel “Die Weltgeschichte ist das Weltgericht”, la historia la hacen los vencedores, no sólo es porque vencen sino porque son los únicos que la pueden hacer. Tal afirmación es el núcleo de la filosofía materialista de la historia universal, una historia que no es la historia total de la humanidad, sino de los Estados y por tanto, de los imperios que en ella han sido. La Historia Universal concebida de forma idealista o de forma que se considere algo así como la Humanidad como el protagonista de tal relato resulta ser pura metafísica. Si no somos hegelianos, sino marxistas[7], debemos decir que la Historia Universal es la Historia de los Imperios Universales, conclusión coincidente por entero con el punto de vista hegeliano.
La Historia Universal es una Idea filosófica: “Pero suponemos que la Historia positiva no tiene como horizonte la Historia Universal. Suponemos que la Historia Universal, que es ya por sí misma una idea filosófica, sólo puede ser considerada por la Filosofía de la historia; o, si se prefiere, que las cuestiones relativas a la Historia Universal, aunque puedan ser suscitadas una y otra vez por un historiador positivo, no por ello dejarán de ser cuestiones filosóficas (de Filosofía de la historia). Cuestiones que, sin duda, pueden acuciar también al historiador positivo, pero más en su calidad de filósofo de la historia, que en su calidad de historiador.”[8]
Resulta que hay que definir la Idea de España. España es Nación, Estado e Imperio. Esto les pesará mucho a los políticos del régimen autonómico de 1978 que sienten complejo al hablar de España. La izquierda particularmente ha hecho seguidismo del nacionalismo haciendo dejación de su obligación para la nación. España está por encima de la izquierda y de la derecha, dice Bueno.

España no es originariamente una nación, claro que aunque no lo es originariamente, desde su forma estatal ha ido haciéndose nación. Menos aún y con menor legitimidad pueden hacer tal afirmación los nacionalistas gallegos, vascos o catalanes de sus respectivas regiones. Los pueblos de España a decir de Bueno formarían una unidad no porfiriana, linneana, sino darwiniana, plotiniana. Tienen intereses comunes y forman una unidad por provenir de un mismo tronco común.
La Idea de Nación se dice de cuatro maneras: 1. Biológica, 2. Étnica, 3. Política y 4. Fraccionaria. Esta última se debe predicar de las presuntas naciones vasca, corsa, catalana, bretona, gallega, eslovena, croata. Tales naciones se forman a costa de naciones realmente ya existentes con anterioridad y tienden a la secesión apoyándose en potencias extranjeras a quienes les interesa el fraccionamiento político de la Nación. El nacionalismo en tal caso es secesionista y sólo se le puede combatir por las armas, puesto que sus dirigentes y su clientela política son opacos a la argumentación racional. En el caso español, Bueno afirma que no es el nacionalismo lo que explica el separatismo sino a la inversa, que es precisamente el separatismo el que explica el nacionalismo.
Si Víctor Pradera en 1935 dijo que la Izquierda era la Antiespaña, siendo replicado por Indalecio Prieto en Cuenca en 1936: “Siento a España dentro de mi corazón y la llevo hasta en el tuétano de mis huesos…”[9] Para Gustavo Bueno, el nacionalismo secesionista de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI es la antiespaña y tal antiespaña sólo se puede tratar adecuadamente con una intervención militar.
Por otra parte, España, su esencia, va unida inextricablemente a la Idea de Imperio universal, católico y generador de ciudades, de civilización. Si España es Nación es porque ya era previamente un Estado y este Estado era un Imperio. España es Nación pero no originaria ni primariamente sino desde la Idea de Imperio, que, evidentemente es un Estado. Desde el comienzo de la monarquía asturiana aparece la Idea de Imperio. El Sacro Imperio Romano Germánico fue una ficción. Emic era Imperio, etic era un conglomerado de centenares de Estados y de ciudades imperiales libres. El imperio Español es el legítimo sucesor histórico del Imperio Romano y particularmente, del Imperio Romano de Occidente, puesto que podríamos acaso considerar que Rusia es la sucesora legítima del Imperio Romano de Oriente y que Moscú es la Tercera Roma, -quién sabe si la Tercera Roma es Madrid y que Moscú es la Cuarta, cuestión no esclarecida por Bueno- La esencia de España es el Imperio –ya caído en 1898- católico generador –no depredador como el Imperio Británico o el holandés- y situado dentro de la Historia Universal frente al Islam monoteísta y frente al protestantismo, pero también frente al judaísmo –cuestión eludida por Bueno-. Tal vez sea eso porque el judaísmo nunca pretendió el proselitismo de la humanidad. No tiene vocación de imperio universal.
La integración europea la ve Bueno como un craso error. España en la UE sólo va a ser un país subordinado a la OTAN y a la UE, a Alemania –el sueño europeo es un sueño nazi- y a EE.UU. La única salida es la reconstrucción de una comunidad de 23 países iberoamericanos libres, hermanos e iguales (incluyendo claro está, a Brasil y a Portugal) para constituir un bloque de poder frente a los otros bloques políticos mundiales. Es la única solución para conservar su independencia. El resto que queda del Imperio español es la existencia de España y de 21 repúblicas americanas hispanohablantes. El vínculo fundamental entre todos estos Estados es la lengua española. Finalmente, podemos concluir que para Bueno, es más importante ser español que ser europeo.
Felipe Giménez Pérez.
[1] Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Trad. por José Gaos, 1994, Altaya Ediciones, Barcelona, p. 41: “La historia se refiere a lo que ha acontecido”.
[2] Hegel, op. cit. p. 42.
[3] Hegel, op. cit. p. 42.
[4] Hegel, op. cit. pp. 43-44.
[5] Hegel, op. cit. p. 44.
[6] Hegel, op. cit. p. 45.
[7] Añado aquí, dicho sea de paso, que hoy marxista es todo el mundo, al igual que todos somos euclidianos, galileanos, newtonianos, darwinianos o einsteininanos. No se trata de asumir sus propuestas políticas. El idealismo histórico no es viable. La filosofía materialista de la historia universal de Bueno sigue la senda del materialismo histórico en el eje circular del espacio antropológico.
[8] Gustavo Bueno, “España frente a Europa”, op. cit. p.30.
[9] Tomada la cita del reciente libro de César Alonso de los Ríos “La izquierda y la Nación”, Planeta, Barcelona, 1999, p. 86. Estas cosas las olvidan los progres y los revolucionarios de izquierda españoles y así les ríen las gracias a los nacionalistas desde hace más de 30 años.