Cine y filosofía:

Posibilidades de utilización didáctica en el aula.


Marcos Serrano Galindo
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Cine y Filosofía. Por un lado parecen actividades humanas e intelectuales difíciles de unir para un mismo objetivo, a saber: la actividad didáctica en el aula. Es una tarea difícil, en efecto, pero no imposible.
Si se concibe el cine sólo como un espectáculo o como mera vía de entretenimiento, idea que suele tener la persona que conoce poco el cine, y si se concibe la filosofía como una
especie de arte de lo confuso y enajenación de lo simple, y por ende, algo engorroso y aburrido, idea que también sostienen los que tienen un conocimiento muy superficial de la misma, podría decirse, pues, que la materia de la que trata este trabajo es, sencillamente, la cuadratura del círculo.
Sin embargo, no es así. Basta con que el profesor de Filosofía, o el estudioso sin más, se preocupe de investigar un poco la Historia del Cine, para que vayan surgiendo películas verdaderamente sugerentes desde un punto de vista filosófico que, o bien pueden ser utilizadas como material pedagógico (en todos los niveles de la Enseñanza), o bien como objeto de disfrute intelectual de manera más gratuita. Y seguro que es más fácil hacer el recorrido desde la Filosofía al Cine que a la inversa, pues los críticos y estudiosos de la cinematografía suelen saber poco o nada de Filosofía.
Ahora bien, antes de que en este trabajo se proponga un catálogo de películas, no completo ni mucho menos, en que estas dos materias se encuentren en algún punto de intersección, habría que evaluar algunas cuestiones previas:
1.¿ Se valora positivamente el fenómeno del Cine desde la Educación?
2. ¿Está suficientemente preparado el docente para utilizar este recurso y obtener de él una buena rentabilidad pedagógica? Y si no es así, ¿dónde es posible adquirir esta formación?
3. ¿Con qué medios cuenta el profesor que esté dispuesto a trabajar con este recurso en su Centro?
Vayamos por partes y demos respuestas breves, por obvias, a cada una de estas cuestiones.
A la primera cuestión sólo le cabe una respuesta: NO. Y ésta se debe simplemente a la primera razón que aquí se apuntaba: el cine es, para la mayor parte de la gente, un simple entretenimiento, porque se conoce poco y mal y por lo mismo, cuando se utiliza con fines pedagógicos se hace generalmente mal. Son muchos los docentes, posiblemente demasiados, que estiman que lo serio, lo que le da prestancia a una clase es la tiza, el libro y la explicación oral. Nadie pone en duda la validez de estos recursos, entre otras poderosas razones porque en un altísimo porcentaje son los que utilizamos la práctica totalidad de los docentes. Sin embargo, lo que no es de recibo es mirar desdeñosamente y con un cierto aire de superioridad condescendiente a quien estime necesario, o simplemente conveniente, dar cabida como un recurso más, y con una programación adecuada, a alternativas tan válidas como la que desde aquí proponemos. Todo esto sin entrar en el tema de fondo, que sería materia de otro tipo de trabajo, que es la miopía intelectual de los que, a espaldas de la realidad, niegan o subestiman el potencial educador de la imagen, en general, en el presente siglo (y no digamos del que se nos viene encima), y del cine, en particular. Hay quienes sostienen, y seguramente con parte de razón, que éste ha influido más en la vida de los hombres y mujeres de esta centuria que cualquier otro hecho o acontecimiento ocurrido desde el invento de los Lumière. Quizás, habría que plantearse que se les está sustrayendo a generaciones y generaciones de alumnos la formación de un aspecto de la realidad en la que viven inmersos y que podría serles de mayor utilidad que otras muchas cosas que se les enseña en su currículo. Confiemos, no obstante, en que dentro de 3 ó 4 Reformas alguien caiga en la cuenta de la importancia de lo dicho.
Con respecto a la segunda cuestión, y partiendo como premisa de la respuesta previa, está claro que el docente, sea de la disciplina que sea, no está formado, ni en realidad tiene porqué estarlo, dado que lo más seguro es que no haya tenido la oportunidad de acercarse a este mundo, salvo en algún cursillo en el que no se puede pretender adquirir un bagaje de conocimientos como para andar por este camino con las suficientes garantías de obtener un buen rendimiento. Y si esto es así, podría afirmarse que si se quiere aprender , no queda otra solución, como sucede en tantas otras ocasiones que recurrir a la autodidáctica, dedicar horas del tiempo de ocio ( tan escaso y tan mal comprendido casi siempre ) a investigar en un campo con sus propios medios, que no tienen porqué ser los idóneos; todo ello con el único y loable objetivo de ofrecer al alumnado un tipo de material pedagógico alternativo, pero sumamente enriquecedor. Hay casos en los que esto, sin embargo, no es así; pues puede suceder (como le acontece al autor de estas lineas) que se ame tanto el cine y el mundo que le rodea, que dicho aprendizaje, lejos de ser una pesada carga, sea el más sublime de los placeres.
Y llegamos a la tercera y más comprometida cuestión: la dotación de los centros para llevar a cabo esta actividad. Y la cruda realidad es que, salvo en honrosísimas excepciones, tal dotación se limita a un televisor y un vídeo, seguramente anticuados y de funcionamiento defectuoso, que este equipo sea compartido por todos los departamentos, incluido el de actividades extraescolares, por lo que la programación de una clase en la que se vaya a utilizar un soporte videográfico, dependerá de que el equipo esté o no desocupado. Suponiendo que se haya tenido la suerte de disponer de él, veamos ahora la cuestión más peliaguda: ¡¿qué poner?!. Es de prever que el centro no disponga de fondo videográfico, incluso que existan verdaderos obstáculos para destinar presupuesto para la compra o alquiler de vídeos, con lo que llegamos al punto de retorno ya comentado: todo dependerá de la buena voluntad del docente que por su cuenta, y con su dinero, se haga de este material. Lamentable , pero cierto.
Dejemos, sin embargo de llorar por una situación que, posiblemente, no tiene una solución fácil ni inmediata y vayamos al tema que nos ocupa.
Como ya se ha dicho, no es excesivo el número de cineastas que han abordado el mundo de la Filosofía en sus obras y, por ende, tampoco son muchas las películas que puedan ser tenidas en cuenta en este trabajo que reúnan un mínimo de requisitos, tales como un adecuado nivel de calidad y el tratamiento de algún tema o aspecto de la Filosofía, no excesivamente "cogido por los pelos". Clasifiquémoslas en distintas categorías:
1. Películas basadas en la biografía de algún filósofo.
El cineasta más prolífico en este apartado es, sin lugar a dudas, el italiano Roberto Rossellini, no tanto en su producción netamente cinematográfica, como en sus trabajos realizados para televisión durante la década de los setenta. "Socrate" (1970), "Blaise Pascal" (1971), "Agostini de Ippona" (1972), "Cartesius" (1973) y la inacabada "Karl Marx" de 1977, año en que fallece uno de los más grandes genios del cine europeo, son títulos evocadores de algunos de los nombres más ilustres de la Historia del Pensamiento. Es evidente que al tratarse de trabajos realizados para la televisión, no han sido proyectados en las salas comerciales. Son, pues, obras que en nuestro país no se conocen y que conseguirlas por el medio que sea, no ha de ser nada fácil. No podemos, por esta causa, opinar acerca de su verdadero interés, aunque el autor ofrezca todas las garantías; pero sí, al menos, dejar aquí constancia de su existencia.
El cine italiano también nos ofrece la obra de la directora Liliana Cavani, en cuya filmografía aparecen dos obras de interés. "Galileo" (1968) es una recreación, con cierta verosimilitud histórica, del proceso de Galileo Galilei, acusado por la Inquisición de ir contra la verdadera fe, simplemente por tratar de demostrar de forma empírica que la hipótesis copernicana de que la Tierra gira en torno al Sol, y no a la inversa, como interpreta la jerarquía eclesiástica por medio de una lectura lineal y plana de las Sagradas Escrituras. El interés de esta película radica en la contraposición razón-fe, muy bien expresada en el guión, representada por el lado de la razón por Giordano Bruno, cuyo proceso y posterior ejecución también aparece en el film, y por Galileo, protagonista absoluto de la película; y por el lado de la fe, por el cardenal Bellarmino, "martillo de herejes" y defensor de un concepto de fe, ya trasnochado en el siglo XVII y sólo sostenido por el imperio del terror de la Orden, así como por el Papa Urbano VIII, personaje que en su juventud cultivó cierta amistad con Galileo y lo defendió ante sus opositores dentro de la Iglesia, pero que una vez accede al Papado, cae en la cuenta del enorme peligro que encierra para los intereses mundanos de la Santa Iglesia Católica la difusión de determinadas ideas que ponen en tela de juicio los dogmas de la fe. Desde ese momento se convierte en uno de los principales artífices de la absurda sentencia condenatoria del inventor del telescopio.
De la misma directora, "Más allá del bien y del mal" (Oltre il bene e il male, 1977) es una película maldita, cuyo título nos evoca la obra del más ácido y despiadado crítico de la civilización occidental: Friedrich Nietzsche, nombre que por sí sólo ya despierta las opiniones y sentimientos más encontrados. Efectivamente, este film gira en torno a algunos pasajes, supuestamente biográficos, del filósofo alemán; sobre todo a las tormentosas relaciones sentimentales del triángulo formado por el propio Nietzsche, el amor de su vida Lou von Salome y Paul Rée, uno de sus más considerados discípulos con el que finalmente terminó casándose la bella y disoluta Lou. Quizá la directora pierda el pulso narrativo de la sugerente historia por escarbar , sin demasiado recato, en los aspectos más escabrosos de dicha relación, perdiéndose por ello interesantes matices de los que podría haber aportado, tanto a nivel cinematográfico como filosófico, un personaje tan rico como Nietzsche. Esta fue quizá una de las causas por las que la carrera comercial de esta película fuera breve y no demasiado exitosa (injustamente pues se trata de un film estimable), y pasara por nuestras pantallas durante la transición bajo el disfraz supuestamente comercial de uno de aquellos subproductos catalogados con la vergonzante "S". Tampoco ha sido desde entonces editada en vídeo ni, salvo error u omisión, emitida en alguna de las múltiples cadenas televisivas..
Si los títulos mencionados hasta ahora no han sido muy conocidos por el gran público, no puede decirse lo mismo de la película del célebre John Huston "Freud, pasión secreta" (Freud, the secret passion , 1962). En ésta, el padre del psicoanálisis es interpretado eficazmente por una de las mayores estrellas de Hollywood: el atormentado Montgomery Clift. La película resulta interesante tanto desde el punto de vista biográfico como doctrinal, pues retrata con maestría al personaje y muestra con claridad algunas de sus más representativas ideas, por lo que algunos críticos la tratan de "excesivamente didáctica", lo que para nuestro interés es un valor añadido. Quizá la causa de esto sea el hecho de que Huston encargara el guión a Jean Paul Sartre y éste se esmeró tanto en el empeño que su texto hubiera requerido un metraje de 16 horas, razón por el que fue desechado, aunque se aprovecharan posteriormente algunas de sus brillantes aportaciones en el guión definitivo.
Mayor reconocimiento tuvo aún "Un hombre para la eternidad" (A man for all seasons, 1966) del también prestigioso Fred Zinnemann, pues fue la triunfadora en los Oscars de ese año al conseguir seis estatuillas, entre ellas las más pretigiosas: a la película, al director y al mejor actor, el británico Paul Scofield que interpreta genialmente al personaje que nos interesa: el autor de Utopía, Tomás Moro. Aunque éste aparece en otros filmes, lo hace como personaje secundario, ya que en ellos el protagonismo lo recaba Enrique VIII, pero en el mencionado, el argumento se refiere fundamentalmente a su postura de integridad moral y religiosa. Frente a la pretensión del monarca de que, como canciller suyo, liderara la Iglesia Anglicana tras separarse de Roma, Moro, debido a su profunda convicción católica, se niega a reconocer la validez del divorcio de Enrique VIII y Catalina de Aragón, lo que le supone la enemistad del rey (magníficos los diálogos que recogen esta controversia entre ambos personajes), y como consecuencia de ella, un proceso, auténtica pieza maestra de lo que se conoce como "cine judicial", que termina con el presidio y decapitación del, a la vez, obstinado y honesto filósofo. La película es un inmejorable ejemplo del tema recurrente en la Historia del Pensamiento de como la integridad moral de insignes personajes, incapaces de doblegarse a los intereses bastardos de los poderosos y los conspiradores de toda laya, desprecian su propia seguridad, dando ejemplo de una heroicidad sin límites, lo que les hace ganarse a pulso la inmortalidad en la memoria histórica. Para concluir este apartado incluiremos una curiosidad cinematográfica que, en su momento, pasó completamente desapercibida: la producción española de 1992 "La última frontera" del catalán Manuel Cussó-Ferrer. A medio camino entre el documental y la ficción, relata la huida del terror nazi de Walter Benjamin, filósofo alemán de origen judío y miembro destacado de la Escuela de Frankfurt. En esta huida pasa por los Pirineos en 1940 y en la travesía, mediante una serie de flash-backs, la película nos sitúa en algunos elementos biográficos y del pensamiento de este autor. La huida termina de forma trágica en Port-Bou el 26 de Septiembre de ese año con el suicidio de Benjamin, al saber que iba a ser repatriado. La película es un arriesgado experimento cinematográfico, que no acaba de ser ni un documental, aunque en él aparecen testimonios reales, ni una narración más convencional de su biografía. Lo cierto es que estos ejercicios de estilo cinematográfico suelen pasar inadvertidos para el público e incluso para buena parte de la crítica, aunque no quepa duda de que es una aportación interesante para el trabajo que proponemos.
2. Películas que suponen la interpretación de algún sistema filosófico.
Dentro de este apartado se proponen unos pocos ejemplos de películas que, sin una pretensión claramente filosófica, son buenos recursos didácticos para hacer "ver", y nunca mejor dicho, al alumnado ideas fundamentales de un determinado autor o corriente de pensamiento. La interpretación que desde aquí se da a estas obras será siempre en un sentido amplio y, por tanto, discutible; sólo pretendemos que sea, al menos, sugerente.
Un ejemplo claro y sin necesidad de hacer grandes alardes interpretativos es "El nombre de la rosa" (Le nom de la rose, 1986) de Jean-Jacques Annaud, basado en el best-seller homónimo de Umberto Eco y que, sin alcanzar en toda su amplitud la hondura filosófica de la novela, recoge bastante bien el espíritu de la época en que se ambienta, así como, por encima del trasunto detectivesco, el salto cualitativo que supone en la historia del pensamiento la aparición del nominalismo (no perdamos de vista el título) frente a las desgastadas disputas escolásticas, lo que significa una auténtica revolución filosófica que comienza a socavar los cimientos de la Edad Media y todo lo que ella conlleva, muy bien representada de un modo simbólico en el incendio de la Abadía. No olvidemos tampoco el guiño que Eco hace al lector jugando con el nombre del protagonista: Guillermo de Baskerville, en clara alusión a Guillermo de Ockam, iniciador del nominalismo y a Conan Doyle, creador del personaje de Sherlock Holmes en una de sus más famosas aventuras: El perro de los Baskerville.
"A propósito de Henry" (Regarding Henry, 1991) de Mike Nichols es el relato en torno al personaje de un brillante y frío abogado, interpretado por Harrison Ford, que tras un disparo en la cabeza, pierde toda noción del pasado, incluso "olvida" las funciones elementales de psicomotricidad, por lo que tras su recuperación tiene que comenzar una nueva vida a nivel psíquico. El argumento de la película es una extraordinaria ocasión de acercar al alumno a la teoría del conocimiento empirista, así como a la escéptica idea de Hume acerca de la supuesta sustancia "yo" que éste interpreta simplemente como la acumulación de recuerdos. A pesar de que se pueda criticar el planteamiento de la película , por no llegar al fondo de la situación y quedarse en un edulcorada y falsa seudocomedia muy al estilo americano, podemos obtener un buen resultado pedagógica de la misma pues presenta una impecable realización y se ve con bastante agrado.
Mencionar "Blade Runner" (1982) del británico Ridley Scott es aludir a una de las obras maestras indiscutibles de la cinematografía del último cuarto de siglo. Pero además de eso, es la mejor combinación imaginable de puro placer estético y reflexión intelectual a propósito de temas tan claramente explícitos en ella como la bioética. Lo que quizás pueda pasar más inadvertido al espectador, obnubilado por el alucinante esteticismo de la película precursor de la postmodernidad, es que en ella se esconden interesantes aspectos del más auténtico vitalismo nietzscheano: La decadencia de la civilización occidental, como producto del "envenenamiento de la sangre que ha mezclado las razas entre sí"; la pletórica superioridad de la naturaleza del superhombre, representada por el replicante Nexus 6, y su infinito amor a la vida que le lleva a matar a su dios/creador en una impactante secuencia en la que este personaje asesina al ingeniero genético y dueño de la Tyrrell Co., único amo de su vida y su muerte; la resistencia del hombre a ser sólo puente de un destino mejor y que por ello teme al hombre superior y pretende su aniquilación, misión encomendada al detective Deckard; y también el sentido de la verdad nietzscheana en el que el valor de la vida es el criterio determinante, expresado en la secuencia, cargada de simbolismo, de la muerte del replicante interpretado magníficamente por Rutger Hauer. Se trata, en definitiva, de una película que cada vez que se revisa sugiere nuevas interpretaciones y que, desde luego, fascina a todo tipo de espectadores.
Desde su reciente estreno, parece haberse convertido en el pasatiempo intelectual de este país hacer una interpretación, no importa lo descabellada que sea , de "Abre los ojos", la segunda película del joven prodigio Alejandro Amenábar. La película parece haber avivado una cierta polémica entre los que asisten boquiabiertos a su pase y pretenden encontrarle tal o cual sentido henchidos de un furor intelectual sin límites y los que, mucho más críticos, la califican de pretencioso artificio, ni tan siquiera original, pues reproduce viejos esquemas de lo que podríamos llamar el subgénero cinematográfico de "los terribles efectos de la manipulación del cerebro". No pretendemos aportar una interpretación más , sino simplemente establecer un cierto paralelismo entre su argumento, si obviamos el trasunto de la realidad virtual, y la cuarta parte del "Discurso del Método" cartesiano: "...podemos asimismo, imaginar en sueños que tenemos otro cuerpo, y vemos otros astros y otra tierra sin que ello sea cierto, pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son más falsos que los demás si con frecuencia no son menos vivos y precisos? Y por mucho que lo estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón suficiente para desvanecer esta duda sin suponer previamente la existencia de Dios". Sólo el análisis de este texto, que muy bien podría pasar por una sinopsis del argumento de la película, podría dar lugar a un trabajo más detenido y concienzudo para establecer el paralelismo mencionado. Pero es que, además, en distintos personajes y situaciones pueden verse, con cierta facilidad, los conceptos claves del racionalismo de Descartes: la duda metódica, el "genio maligno", el "cogito, ergo sum", la realidad del mundo, la libertad, la necesidad lógica y ontológica de Dios, etc. Tenemos plena confianza en que esta película se convertirá dentro de unos años en un auténtico clásico (si es que el cine americano no la destroza produciendo un infumable remake que casi haría olvidar al original), y podrá dar mucho juego a los profesores de Filosofía en el acercamiento del alumnado a uno de los más importantes sistemas filosóficos que han existido.
Otro film que podría caber en este apartado es "¡Qué bello es vivir!" (It´s a wonderful life!", 1946), el inmortal clásico de Frank Capra, que constituye un magnifico ejemplo de qué es el humanismo cristiano. La mirada providencialista de Dios, la insustituible existencia del individuo, cuya vida no pertenece más que a su Creador, la apología de la familia y de la comunidad basada en los buenos sentimientos y en la fe inquebrantable en que todo va hacia lo mejor, todo ello bajo un inconfundible halo de desmesurado optimismo con respecto a la naturaleza y el destino del hombre, son elementos que hacen de esta película un canto a todo lo que representa la doctrina cristiana.
El cine del maestro Hitchcock tiene dos estupendas muestras de acercamiento al psicoanálisis freudiano: "Recuerda" (Spellbound, 1945) y "Marnie, la ladrona" (Marnie, 1964), ambas obras maestras y que aúnan su intrínseco interés cinéfilo con una de las más sugerentes teorías acerca de la naturaleza psíquica, por lo que su validez como instrumento pedagógico está fuera de toda duda.
Quizás menos conexión filosófica, que no valor cinematográfico, tienen dos obras cumbres de la Historia del Cine: "Ciudadano Kane" (Citizen Kane, 1940) del genio Orson Welles y "Rashomon" (1950) de Akira Kurosawa, como muestras ejemplares de la teoría perspectivista, una de los logros filosóficos más representativos de D. José Ortega y Gasset. Ambas piezas maestras coinciden en que se relata en ellas un mismo hecho desde distintos puntos de vista encarnados en diversos personajes, constituyendo así las dos historias elaborados mosaicos, que llegan al espectador como realidades globales correspondientes a un punto de vista ubicuo que sólo es posible en la pantalla mágica del cine.
3. Películas que tratan temas filosóficos.
Son varios los cineastas cuya filmografía es un verdadero legado filosófico. Sus obras constituyen tratados en los que se reflexiona acerca de los temas fundamentales que siempre han supuesto motivo de reflexión intelectual: Dios, el sentido de la existencia, la muerte, la necesidad ética de encontrar un porqué al comportamiento humano, etc. De entre éstos vamos a destacar a tres figuras indiscutibles: Carl Theodor Dreyer, Ingmar Bergman y Woody Allen.
Del primero, el genial cineasta danés, autor de una breve pero magistral obra, en la que se aprecia una visión luterana de la vida que se traduce en sus películas en un grito22 angustioso del hombre desde su soledad ontológica que en busca de un sentido religioso y ético de la existencia, destacamos "Pasión y muerte de Juana de Arco" (La passion et la mort de Jeanne d¨Arc, 1928), "Dies Irae" (Vredens Dag, 1943), la maravillosa "Ordet" (La palabra, 1955) y su obra postrera "Gertrud" (1964). Significamos, no obstante, que al tratarse de un cine de culto, muy denso en contenido y presupuestos estéticos, puede suponer para el alumno no avezado una difícil toma de contacto con cualquiera de estas películas, pero si se supera esa primera fase, serán experiencias imposibles de olvidar.
Parecidas características tiene el cine del sueco Bergman, hijo de un pastor protestante y dotado de un profundo sentido religioso y filosófico, en el que sus reflexiones sobre la incomunicación, la muerte o las debilidades de la naturaleza humana le dan a su extensa e irrepetible obra un sello de autor inconfundible. Resulta difícil destacar un ramillete de sus películas, pero nadie discutirá como obras maestras: "El séptimo sello" (Det sjunde inseglet, 1956), "Fresas salvajes" (Smultronstället, 1956), "El manantial de la doncella" (Jungfrukällan, 1959), "Los comulgantes" (Nattavardsgästerna, 1962) o "Fanny y Alexander" (Fanny och Alexander, 1982).
Y ¿qué decir del neoyorquino, judío, ateo e iconoclasta Woody Allen? Su filmografía, afortunadamente aún viva y gozosamente saludable, ha pasado por diversas etapas, entre la comedia más bufa y la reflexión más sesuda, pero esto sólo en apariencia, su filmografía es extraordinariamente coherente y los temas que en ella se tratan son siempre recurrentes: la soledad, la culpa, el sexo, la muerte, el absurdo, el dilema ético y la irreverente omnipresencia de los ritos y las creencias del judaísmo. Se podría decir que el genio creativo de Allen es el epítome de todos los cineastas de culto para una clase de espectadores demasiado intelectualizados, pero que sus películas, sabiamente edulcoradas con un inagotable sentido del humor cínicamente crítico han llegado y siguen llegando al gran público. Podemos destacar de entre otras muchas obras maestras "La última noche de Boris Grushenko" (Love and Death, 1975), "Annie Hall" (1977), "Interiores" (Interiors, 1978), "Manhattan" (1979), "Zelig" (quizás su mejor película, del año 1983), "Delitos y faltas" (Crimes and misdemeanors, 1989) o la más reciente "Misterioso asesinato en Manhattan" (Manhatan murder mistery, 1993)
No es éste, ni mucho menos, un trabajo cerrado, ni siquiera completo, pues se quedan fuera del mismo otras categorías que podrían catalogarse como: Películas que plantean conceptos propios de la Ética, Películas que representan temas de Psicología y Antropología y Películas referentes a movimientos histórico-filosóficos y/o religiosos. También podrían haberse hecho reflexiones y comentarios más detenidos de los títulos mencionados, pero ello hubiera significado reducir su número, por razones evidentes de espacio. Aun y así, si es un tema que pueda interesar a los profesores de Filosofía, no tenemos inconveniente en realizar futuras aportaciones con el beneplácito de la estimable dirección de la revista.
 ® Marcos Serrano Galindo. Profesor de Filosofía del I.E.S. "Cástulo". Linares


Asociación Andaluza de Filosofía.