Immanuel KANT: Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Edición bilingüe de José Mardomingo. Ariel, Barcelona, 1996.
Andrés Quero Sánchez *
Aun cuando se acepte que la realidad es verdaderamente, es decir, que el ser cambia quizás su imagen según las determinadas circunstancias históricas en las que se muestra, pero permanece, en lo esencial, eternamente fiel a sí mismo; aun si se acepta que hay hombres que son verdaderamente, es decir, que, inmersos en el deseo de verdad que los define como tales, se esfuerzan, también cognitivamente, por permanecer eternamente fieles al ser eterno; aun cuando se acepte que el lenguaje, cuando es producto de esta fidelidad eterna, reproduce, al menos de alguna manera, la verdadera realidad; aun cuando se acepte - digo - todo esto (y no quisiera jamás dudar de ello), debe ser reconocido, a la vez, que no es posible presentar ninguna elaboración cognitiva o linguística, por adecuada que sea, como substituto de la realidad a la que se refiere.
Por ello tiene que felicitarse el filósofo, sin duda, por la aparición en 1996 de la nueva edición, bilingüe, de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de Kant, edición y traducción llevadas a cabo por José Mardomingo, publicada por la editorial Ariel de Barcelona en la colección Ariel Filosofía. En su, tanto desde el punto de vista filológico como filosófico, correcta traducción procede Mardomingo según un principio de fidelidad al texto original: „cuando sólo podíamos evitar la dureza cayendo en la infidelidad, por ligera que ésta fuese, hemos retrocedido, prefiriendo la primera a la segunda" (84). Pero sólo el hecho de que el texto original alemán es ofrecido paralelamente garantiza la fidelidad a la letra kantiana.(1) Porque toda traducción, especialmente aquella de una lengua de parentesco tan lejano con el español como es la alemana (¡hace aproximadamente 4000 años que comenzó la dispersión de nuestro común ancestro linguístico indoeuropeo!), supone un cierto alejamiento de la realidad que pretende reproducir, problema que sólo una edición bilingüe puede solventar definitivamente.
En este sentido, la nueva edición supone un avance innegable con respecto a las existentes anteriormente, ninguna de ellas bilingüe y entre las cuales destaca la ya clásica del filósofo andaluz (nacido en Arjonilla, en la provincia de Jaén, en 1888) Manuel García Morente.(2) Esta traducción apareció por primera vez en Madrid en 1921, en la colección universal de Calpe, siendo incorporada por Espasa-Calpe en 1946 a su colección Austral, donde experimentó hasta ocho ediciones, la última en 1983.(3) Junto a su traducción presenta Morente un índice de nombres y conceptos, así como un, corto y sin duda insuficiente, estudio introductorio en el que, tras situar el escrito en el marco de la obra ética kantiana en general, esboza el proceso de gestación del texto de acuerdo con datos extraídos de la correspondencia personal de Kant. No es posible poner en duda la calidad y acierto de la traducción ofrecida por Morente,(4) en la que también él prefiere „pecar por exceso que no por defecto de fidelidad" (12) y que aún hoy sigue siendo accesible para el lector interesado, ya que fue reproducida en Madrid en 1992 por la „Cátedra García Morente" de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País.(5)
La nueva edición bilingüe incluye un amplio estudio preliminar en el que Mardomingo se ocupa, con una precisión y rigurosidad que - en mi opinión y aunque ello, se dirá, no pueda seguramente servir de crítica para una edición kantiana - a veces resultan exageradas, de diferentes aspectos en relación con la obra en cuestión. Lo más destacable de este estudio es sin duda la exposición del camino seguido por la Fundamentación de la metafísica de las costumbres hasta su publicación en 1785.(6) Para ello son citados a pie de página (en alemán) los diferentes textos extraídos de la correspondencia de Kant en los que se apoya la reconstrucción de este proceso. Mardomingo ofrece una larga discusión sobre la influencia que la lectura del denominado Cicerón de Garve haya podido tener en Kant a la hora de elaborar su Fundamentación de la metafísica de las costumbres.(7) Ello puede, a primera vista, sorprender, ya que se trata de un aspecto que aparentemente sólo tiene una importancia marginal para el tema en cuestión. La exposición de Mardomingo se muestra, sin embargo, muy clarificadora para la comprensión de momentos centrales de la ética kantiana. En su traducción-comentario del De officiis de Cicerón insiste Garve - como, entre otros aspectos, subraya Mardomingo - en que el obrar éticamente correcto supone, a la vez, fomentar la propia felicidad y la de los demás, ya que el hombre, y el mundo en general, están estructurados de tal forma que no es posible alcanzar la felicidad al margen de la moralidad. Dicho de otra manera: el fundamento de la ley moral está en la naturaleza humana, es decir, la moralidad es precisamente aquello que hace - verdaderamente - al hombre feliz, por lo que la filosofía moral no puede acaecer completamente al margen de un estudio empírico de la naturaleza humana. Precisamente contra esta idea, la cual se puede encontrar, naturalmente, no sólo en Garve, sino sobre todo también en la tradición filosófica empirista británica,(8) reacciona Kant en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, por ejemplo al principio de la segunda sección, en uno de los, sin duda, textos centrales de la historia del idealismo, que el propio Platón habría podido firmar:
No se necesita ser precisamente un enemigo de la virtud, sino sólo un observador dotado de sangre fría, que no toma en seguida el más vivo deseo del bien por la realidad del mismo, para dudar en ciertos momentos (sobre todo cuando se es entrado en años, con una capacidad de juzgar en parte escarmentada y en parte aguzada para la observación por la experiencia) de si realmente podemos encontrar en el mundo alguna virtud verdadera. Y aquí nada puede preservarnos de la entera deserción de nuestras ideas del deber y conservar en el alma fundado respeto hacia su ley, a no ser la clara convicción de que, aun en el caso de que no haya habido nunca acciones que hubiesen surgido de esas puras fuentes, sin embargo no se trata aquí, en modo alguno, de si sucede esto o aquello, sino de que la razón, por sí misma e independientemente de todos los fenómenos, mande lo que debe suceder, y, por tanto, acciones de las que el mundo quizá todavía no ha dado hasta ahora ejemplo alguno, de cuya realizabilidad incluso podría dudar mucho quien todo lo funda en la experiencia, estén sin embargo mandadas inexcusablemente por razón, y de que, por ejemplo, no disminuya en nada el grado en que puede ser exigida a todo hombre la sinceridad pura en la amistad aun cuando pudiese no haber habido hasta ahora amigo sincero alguno, porque este deber reside como deber en general, antes de toda experiencia, en la idea de una razón que determina a la voluntad por fundamentos a priori. (citado según la traducción de Mardomingo, 145-147)
En su contraste con la posición de Garve se resalta especialmente, por tanto, este idealismo exagerado que es una de las claves - quizá se podría decir la clave - para la comprensión de la ética kantiana, y que a su vez constituye, en mi opinión, el aspecto más criticable de la misma: Y es que Kant exige al hombre una fidelidad al deber que va más allá de lo que el individuo humano realmente existente desee; un deber válido independientemente de la vida, con el que tenemos que estar siempre comprometidos, solamente porque la razón - eso sí: nuestra propia razón - así lo exige, aunque todo lo que hasta ahora hayamos experimentado en el mundo nos haga pensar que se trata de una exigencia irrealizable. Dicho de una manera gráfica: en su entrega a la Eternidad, Kant abandona la vida, rechazando los momentos meramente temporales de la misma.
Por ello, sería quizás conveniente aprovechar la ocasión que se nos brinda para, antes de terminar, recordarle al kantiano una vez más: „Viditque Deus cuncta quae fecerat, et erant valde bona" (Gen., 1,31). También lo temporal es, por tanto, bueno, muy bueno.
[Wissenschaftliche Hilfskraft en la Cátedra de Historia de la Filosofía de la Universidad de Regensburg (Lehrstuhl Prof. Dr. Rolf Schönberger)]
LISTA DE LAS EDICIONES Y TRADUCCIONES ESPAÑOLAS DE LA GRUNDLEGUNG ZUR METAPHYSIK DER SITTEN
EDICIONES ALEMANAS
(= Akademieausgabe)], IV, 385-463, Berlín, 1903.
TRADUCCIONES ESPAÑOLAS
NOTAS:
El propio Garve está fuertemente influenciado por el empirismo británico, como lo demuestra el hecho de que, ya una década antes de su polémica con Kant, había traducido y comentado las Institutes of Moral Philosophy (1769) de A. Ferguson, obra aparecida en Leipzig en 1772 con el titulo Grundsätze der Moralphilosophie.