¿PUEDE EL NEOLIBERALISMO MORIR DE EXITO?

 

José Rubio Carracedo
Universidad de Málaga

La primera cuestión que es preciso despejar es el concepto mismo de neoliberalismo, pues sólo entonces estaremos en condiciones de dilucidar si puede o no morir de éxito. La segunda consistirá en determinar qué significa el síndrome "morir de éxito" y su aplicación al concepto de neoliberalismo anteriormente expuesto. Sólo entonces estaremos en condiciones de responder a la cuestión general planteada por el título. Procedamos, pues, por partes en el orden indicado.

I. ¿NEOLIBERALISMO O POSTLIBERALISMO?

Ante todo, ¿por qué neo-liberalismo? El prefijo resulta desorientador, pues parece aludir a una versión renovada del liberalismo clásico, cuando ocurre justamente lo contrario: se trata más bien de una versión degenerativa del mismo. Si no estuviera tan desgastado, y no fuera también ambiguo, sería preferible hablar de postliberalismo. Pero a falta de otra denominación más exacta es preferible el nombre de postliberalismo al de neoliberalismo.

Para empezar, es preciso advertir que, en todo caso, no se trata de un concepto bien delimitado; al contrario, es un concepto más bien genérico e impreciso, que alude a una forma contemporánea de liberalismo desaforado, que se ha ido forjando desigualmente a partir del liberalismo conservador (F. von Hayek, Popper, Friedmann), del liberalismo radical (Nozick), de la Escuela de Chicago, etc. Pero es que, además, no se trata de un grupo ni de una ideología homogéneos, sino más bien de una constelación de grupos y de ideologías que también polemizan entre sí, por lo que lo más pertinente sería hablar de postliberalismos (neoliberalismos). Y sería más exacto incluso distinguir, al menos, entre el postliberalismo americano, el japonés, el latinoamericano, el del sudeste asiático y el europeo. Aunque, eso sí, todos comparten en forma asimétrica una serie de caracteres, lo que nos legitima para poder hablar de la constelación postliberal o modelo postliberal. Es de advertir que el postliberalismo europeo es el que sostiene actualmente una versión más débil o moderada de los mismos:

1.- Economía de mercado, pero en versión altamente especulativa y con mecanismos de autocontrol debilitados e insuficientes. El mercado liberal clásico se caracterizaba, precisamente, por una economía de mercado con fuertes controles internos, ya que presuponía la libertad y la igualdad de los contratantes, lo que evitaba toda connotación fraudulenta, a la vez que salvaguardaba siempre la credibilidad de los intercambios. Por supuesto, la ley del máximo beneficio regía siempre el sistema, pero se trataba siempre de un beneficio bajo control interno y externo. Una regla suprema era la automoderación del beneficio a fin de evitar el descrédito entre los usuarios. Por eso la explotación, aunque se producía siempre, quedaba limitada a una proporcionalidad sostenible. El neoliberalismo actual, en cambio, ha aflojado los controles hasta tal punto que la ley del beneficio ha derivado a una versión altamente especulativa del mercado, que daña considerablemente las economías reales. La crisis bolsística de 1998 (Hong-Kong, Tokio) y la crisis económica de Rusia y de Brasil han sido consecuencia directa de tales planteamientos excesivamente especulativos del mercado.

2.- Meritocracia rabiosa y sin contemplaciones, lo que excluye toda consideración distributiva, ni siquiera mínima. Cada cual provea a sus necesidades con su plan de vida privada. Queda vetada como una injusticia toda política de estado del bienestar, asi como toda forma de discriminación positiva, aunque sea temporal. Todo queda en una simple política asistencial, con la finalidad de prevenir y evitar estallidos sociales por parte de los marginados y los desfavorecidos económicos, que podrían dañar o debilitar el sistema. Ello ha provocado un creciente alejamiento Norte/Sur, con el escándalo social de que las 400 mayores fortunas individuales superan el producto interior bruto de todo el tercer mundo.

3.- Pensamiento único. El neoliberalismo ha interpretado el fracaso del comunismo como una prueba universal de la superioridad de su modelo, que a su vez interpreta en términos de exclusividad. Ni siquiera toma en serio sus alternativas más cercanas como el planteamiento liberal-social (Rawls, Dworkin) o el utilitarista racional, ambos con gran prestigio en los medios universitarios e intelectuales. Tampoco considera seriamente la alternativa socialdemócrata, pese a que gana terreno rápidamente en Europa (Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, etc.). Al contrario, parece gravemente afectado por la sordera a la información propia de las líneas evolutivas excesivamente especializadas, lo que frecuentemente, si no hay enmienda, es preludio de su próxima extinción. En esta línea, los dirigentes neoliberales repiten sin cesar que su modelo económico es el único posible, al igual que su modelo político. Y a quien objeta responden displicentes: es lo que hay, no hay más cera que la que arde, etc.

4.- Intervencionismo gubernamental instrumental. Pese a que el neoliberalismo mantiene en términos genéricos las tesis liberales clásicas sobre el estado mínimo y la no intervención de las instancias gubernativas en la sociedad civil, en la práctica promueve en todas partes una fuerte privatización de lo público, mientras que presiona en las cuestiones estratégicas para conseguir el intervencionismo gubernativo. Tal fue uno de los ingredientes esenciales de la Guerra del Golfo (aunque no el único), y tal es la continuada política instrumentalizadora de la democracia (la reaganiana "Cruzada por la Democracia") y de los derechos humanos. En esta línea ha destacado la insensibilidad moral de su política, que se atiene a los estrictos intereses de dominación, bajo la cobertura legitimadora de la vigilancia del cumplimiento estricto de los derechos humanos en el mundo (que, más que ocasionalmente, incumple en casa).

5. - Globalización económica, informacional, política y cultural. Aunque los fenómenos de globalización económica, informacional, política y cultural tienen en Occidente unos orígenes mucho más lejanos, y también formaba parte del programa de las Internacionales socialista y comunista, ha correspondido al neoliberalismo su promoción más precipitada y confusa. Hoy es real el "efecto mariposa" no sólo en los fenómenos físicos, sino también en los económicos y políticos y hasta culturales.

En esta política de globalización total juegan un papel estratégico las empresas multinacionales, que han demostrado una enorme facilidad para colonizar un número siempre creciente de economías nacionales bajo la apariencia de la eficacia económica y de la creación de empleo. Sin embargo, con frecuencia actúan como una plaga de langosta, ya que siempre exigen como condición para su asentamiento una fuerte subvención pública; y dado que su rasgo más saliente es la movilidad del capital, su permanencia o no nunca depende de la productividad estricta, sino que obedece en último término a razones estratégicas.

En el aspecto informacional, los oligopolios de los que depende la información la sumistran casi siempre de forma manipulada, de modo que asistimos a la paradoja de que cuanto más información recibimos, menos informados estamos.Por último, en los aspectos político y cultural se produce un continuo intento neoliberal de occidentalización del mundo a su imagen y semejanza, intento que se realiza de modo precipitado y sin verdadero diálogo intercultural, lo que ha inducido la aparición de fuertes nacionalismos fundamentalistas como fenómeno de reacción, que constituyen actualmente la plaga de nuestro tiempo.

6.- Modelo educativo competitivo y especialista orientado al éxito social. También aquí asistimos a la paradoja de la fuerte incidencia del neoliberalismo en el modelo y en el proceso educativo, aunque el modelo neoliberal como tal sea fuertemente contestado en los medios universitarios (incluso en las facultades de Economía y Políticas). La solución de la paradoja es que se trata más de un influjo envolvente que propiamente directo, influjo que procede de la sociedad neoliberal en que vivimos y que nos es inoculado día tras día por los medios de comunicación de masas, en los que el neoliberalismo reina sin apenas contestación. Por otra parte, la sociedad neoliberal lanza sus dictados sobre el modelo educativo a través de las instancias gubernativas, cuya legislación promueve cada vez más claramente el modelo de competencia y especialismo que se corresponde con la lógica neoliberal. Consecuentemente, cada vez interesa menos la incidencia de materias humanísticas, con el sentido crítico inherente a las mismas. Se promueven, en cambio, los estudios tecnológicos en toda su amplia gama. Pero se favorece, sobre todo, una visión socialmente competitiva de los mismos, promoviendo no sólo al especialista, sino al especialista de éxito. El éxito social, tal es el objetivo mágico, del que depende toda la vida desde el punto de vista personal y profesional. La sociedad neoliberal ha establecido el simplismo ideológico de los "ganadores", a quienes ensalza como dioses, mientras que desprecia a los "perdedores", esto, a la inmensa mayoría, que asume y rumia depresivamente su fracaso. Pese a todo, la sociedad neoliberal ha conseguido que esta inmensa mayoría viva intensamente un éxito proyectivo e ilusorio a través del éxito de sus ídolos deportivos, mediáticos o políticos. Porque no es posible ya vivir sin éxito social, mientras que casi nadie se cuida del éxito interior.

Lo mismo sucede con el modelo de investigación, en la que se produce otra forma de privatizar lo público. En efecto, gran parte de la investigación pagada con fondos estatales se dirige a proyectos aplicados (la famosa I + D), en los que se juega no sólo la calidad asistencial pública sino también la promoción profesional y el éxito personal y económico del investigador. El éxito en la investigación lleva a todas partes...sobre todo fuera del sistema público. Es el mejor ejemplo del modelo de "individualismo posesivo" del que hablaba Macpherson al referirse a la incipiente modernidad capitalista.

No sería justo, sin embargo, ocultar los grandes logros del neoliberalismo . Es innegable que en los últimos veinte años se ha producido una notable prosperidad económica en todo el mundo, de la que el neoliberalismo es el principal protagonista. Es muy grave, sin embargo, que ello no haya servido para aminorar las desigualdades, sino para agrandarlas hasta límites insostenibles. Esta ha sido la causa principal (secundada por las frecuentes guerras civiles en todo el mundo) de un ingente movimiento inmigratorio mundial, que se cuenta por cientos de miles anuales, en especial hacia los grandes paraísos económicos de EEUU y Europa.Otro logro indudable ha sido el rápido crecimiento de los regímenes democráticos en el mundo. Aparentemente, toda Europa y toda América son democráticas (con la excepción de Cuba), y el modelo democrático avanza más y más en Asia y en Africa. Más de 100 democracias se sientan en la ONU, de un total de unos 180 estados reconocidos. El proceso democratizador se ha inducido fuertemente con incentivos financieros y comerciales, o con amenazas, embargos y bloqueos. Es la vieja estrategia de la zanahoria y el palo. Por eso los resultados reales no son tan espectaculares: muchos países se han limitado a adoptar la fachada democrática, aunque por lo general moderen (o, simplemente, oculten) la aspereza (no el control efectivo) de sus métodos oligárquicos o dictatoriales.

Por tanto, se trata de grandes logros, pero más aparentes que reales, que, en puridad, no se sabe bien si han de ser cargados en el "haber" o en el "debe". Otros, en cambio, aparecen claramente como fracasos inevitables del sistema. El mayor ha sido el uso instrumentalizado de los derechos humanos, que se exigen fuera sin cumplirlos cabalmente en casa, cabalmente porque que se exigen de un modo instrumental (para facilitar la neoliberalización del mundo, sin respetar su sentido propio ni menos aún realizar los pertinentes procesos de traducción y de interpretación intercultural), además de hacerlo con un doble rasero: por un extremo está Irak, a quien se controla y bombardea, y por el otro está Israel, que goza de bula especial. Si los viejos liberales revolucionarios del siglo XVIII (Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia) levantaran cabeza... ¡Qué se ha hecho de sus solemnes proclamas en pro de los derechos del hombre y del ciudadano, tan duramente conquistados!

Pero el más llamativo ha sido la completa mercantilización de los medios de comunicación de masas, que tanto en los medios públicos como en los privados se rige exclusivamente por el éxito de audiencia, que se traduce directamente en tarifas de publicidad. Incluso los programas informativos resultan distorsionados por la necesidad de ganar audiencia (aparte la manipulación consciente que efectúan los oligopolios neoliberales de noticias, quienes seleccionan cuidadosamente las dosis de información y que son capaces de hurtarnos durante años noticia alguna sobre guerras civiles como la de Sudán, etc.). Y en esta carrera por el beneficio, los medios públicos subvencionados, lejos de garantizar una calidad mínima, han de cumplir igualmente con otra servidumbre: la de servir a sus señores del gobierno de turno. ¡Qué extremadamente difícil resulta estar informados entre tanta información!

II. MORIR DE EXITO

Se trata de un síndrome no muy bien conocido, del que se tiende a abusar, sobre todo en términos políticos. Algunos de sus caracteres convergen con los del conocido como "victoria pírrica". Sin embargo, "morir de éxito" tiene características exclusivas, la mayoría de las cuales pueden ser identificadas y sistematizadas sin mayor dificultad. En general, el síndrome se asienta sobre la base de que una determinada propuesta ideológica, política, etc., alcanza un rendimiento muy superior al que cabía esperar de la misma, y ello ocurre por defecto de rendimiento de la alternativa rival. En efecto, cada alternativa tiene sus ventajas y sus inconvenientes respecto del conjunto ideal, por lo que apostar por unas opciones implica dejar de atender a otras. El éxito, por tanto, sólo puede ser relativo en condiciones normales. En el síndrome "morir de éxito", en cambio, las ventajas se multiplican por defecto de la alternativa real. Pero lo lógico es que éste recobre algún día sus virtualidades propias, lo que bastará para situar a la primera en su verdadero lugar, esto es, en su éxito relativo, si es que no se produce el fenómeno sociopolítico tan frecuente de reacción, que puede determinar la ruidosa caída de la hasta entonces exitosa alternativa.

1.- Exito más aparente que real. Esto es, bajo un triunfo espectacular pueden ocultarse defectos importantes, como los casos antes mencionados de economía especulativa, aumento de las desigualdades económicas y sociales pese a un incremento general muy notable del bienestar económico, lo que implica a su vez un gran aumento de la inseguridad mundial, migraciones masivas, etc.2.- Apropiación de los fracasos de los demás como éxitos propios. El caso más notorio lo constituye la caída del muro de Berlín y la desmembración de la URSS: el neoliberalismo se atribuyó el triunfo pues siempre ha pensado que había una relación de causa-efecto en la caída del comunismo; por eso se apresuró a anunciar el fin de la historia. Y, sin embargo, lo cierto es que la caída vertiginosa del comunismo constituye un caso claro de muerte por éxito, ya que el marxismo-leninismo, pese a su expansión mundial y su éxito avasallador en Eurasia, junto a estratégicas presencias en Africa y en América, ocultaba grandes debilidades, entre las que destaca su versión instrumental del socialismo. Por eso con su caída nos encontramos que en tales países no había apenas herencia socialista, sino una herencia confusa que se orientó rápidamente hacia el capitalismo salvaje, sin excluir las prácticas mafiosas. El verdadero triunfador, sin embargo, no precisa apropiarse de fracasos ajenos.

3.- Sordera a la información y a la autocrítica. Desde el punto de vista de los sistemas informacionales, cuando una rama biológica se especializa demasiado se suele decir que su supervivencia peligra, porque la especialización conlleva una sordera cada vez más profunda a la información general, asi como a la autocrítica, que son suplantadas por la autocomplacencia en la propia especialización. Pues bien, el neoliberalismo da muestras crecientes de hallarse en una situación análoga, ya que no ha tomado en la debida -y normal- consideración toda una serie de hechos de indudable relevancia. Destaca, en especial, la caída en Europa de los más importantes gobiernos neoliberales, que ha sido desplazados por gobiernos alternativos. Particularmente claros han sido los casos de Francia, Gran Bretaña y Alemania, donde se enfrentaron políticas específicas neoliberales y socialdemócratas. Incluso en Estados Unidos se ha mantenido la alternativa demócrata, siempre más reticente a la sociedad neoliberal. Pero el neoliberalismo no ha tomado nota y sigue autocomplaciéndose en el "consenso de Washington". En la conferencia de Davos trató como confusos o contaminados a los pocos que se atrevieron a cuestionar (crítica interna) el descuido que estaban haciendo de la gobernabilidad, y sólo atendieron a sus autoridades monetarias cuando reclamaban la necesidad de encontrar métodos eficaces para controlar las finanzas demasiado especulativas.

4.- Agresividad e insensibilidad moral en sus políticas expansivas. Este carácter es también propio de un movimiento o grupo a la defensiva, aunque no sea consciente de ello. Una cosa es la confianza en la propia superioridad que se manifiesta mediante diálogo y argumentación racional, y otra cosa es el complejo de superioridad que ningunea a sus rivales u opositores con una agresividad infundada. Y una cosa es discutir y argumentar sobre la conducta moral más pertinente, y otra cosa es mostrarse casi totalmente insensible a la instancia moral, a cualquier instancia moral, considerándola despectivamente como resabio religioso o como supervivencia tradicionalista del pasado, cuando no ya como simple recurso de pobres y marginados... que un día asomará su verdadera faz de teología de la liberación.

Es posible, pues, que el neoliberalismo se esté muriendo en medio de un inmenso éxito mundial. Su muerte puede ser lenta e invisible durante mucho tiempo, para derrumbarse después en pocos años. Asi ocurrió con el comunismo. Y hay que tener en cuenta que el comunismo fue al socialismo lo que el neoliberalismo es al liberalismo clásico. Y que el mismo desprestigio (aunque sea una injusticia histórica) que la caída del comunismo trajo para el socialismo puede traer la muerte del neoliberalismo para el liberalismo auténtico.

Pero si se muere, ¿qué le sucederá? Esa es otra cuestión a la que no voy a responder aquí. Es probable, sin embargo, que no le sustituya ninguna de sus alternativas actuales, sino una suerte de "tercera vía", aunque no necesariamente la de Giddens, sino otra similar en la que confluirá una síntesis de lo más válido de la socialdemocracia actual y de las mentalidades y sensibilidades emergentes como la ecológica, la pacifista, el cosmopolitismo, etc., mientras el liberalismo cura sus demasías en la travesía del desierto, para volver algún a retomar fuerzas en su inspiración originaria.


Asociación Andaluza de Filosofía.