UNA ASIGNATURA PENDIENTE
Jesús Fernández
Bédmar*
Educación afectivo-sexual
Granada, Proyecto Sur, 1997
Para decirlo pronto: ni siquiera entre los llamados temas transversales del nuevo currículo escolar hay un espacio específico para considerar la importancia de la educación sexual. El que más se le acerca es el la "educación para la igualdad entre los sexos". Nos encontramos, pues, ante un libro que, si bien homologado como material curricular por la Junta de Andalucía, está indemne del mal a mi juicio endémico entre tantos nuevos materiales y ofertas editoriales para el currículo reformado: el oportunismo, la deshonesta ambición por el mero medro personal. Todo lo contrario: una obra como ésta, que viene a cubrir -y ello dicho sin ninguna concesión al tópico- el hueco de una asignatura no ya ausente (como podría decirse de unas cuantas otras, como las relativas a un prontuario médico y psicológico imprescindible para la formación y la autonomía de una verdadera educación general básica) sino verdaderamente pendiente -especialmente en nuestro medio social con su desgraciada historia cultural- no puede haber surgido sino de una genuina vocación pedagógica pertrechada de toda la competencia profesional exigible.
Tal es el caso del autor ante quien nos encontramos, afortunadamente. Y de ello puede dar fe, y así lo hace con agradecido regocijo, quien escribe estas líneas: tuve la suerte de ser alumno de Filosofía del profesor Jesús Fernández Bédmar en mis años de Bachillerato, y a él debo, por tanto, la iniciación en esta extraña dedicación cuya vocación prendió en mí muy poco después de haber disfrutado de sus inolvidables clases. Jesús Fernández Bédmar, maestro y compañero que me honra hoy con su amistad tras nuestro reencuentro en el camino, tenía el don raro de llegar, con amor y con humor, al corazón, antes que a las mentes, de sus alumnos. Así hacía comprensible y amable lo difícil. Pero, sobre todo, inspiraba confianza en la vida y en la filosofía -nada menos-, al tiempo que nos hacía experimentar, a sus alumnos, un respeto cordial por su persona que las palabras sólo pueden aludir vagamente pero que entenderá bien todo el que haya tenido delante un auténtico maestro: el que hace de su labor una poesía porque respeta y ama, más que lo que hace, a aquellos a quienes va dirigida.
El libro del que nos ocupamos, y cuya preparación puedo atestiguar que data de muchos años atrás y tiene por fundamento una inabarcable bibliografía multidisciplinar, tiene la virtud heroica que cabía esperar de la autenticidad de su autor: se atreve a tratar de uno de los temas más soslayados, postergados y tabuizados pero más decisivos en la formación de la persona, de una siempre apremiante y perentoria oportunidad. En nuestro país y en nuestro sistema educativo, aún, por desgracia, un "tema de nuestro tiempo". Esto sí que es encarnar el sapere aude, el atrévete a saber que nos humaniza. En un medio casi ayuno de contribuciones pedagógicas al respecto, verdaderamente "solo ante el peligro" de suscitar la suspicacia, el recelo, la adversidad de padres y educadores (¿se atreverá alguien a negar aún la pertinencia de esta observación?), con fuste quijotesco de ley, nuestro autor acomete un examen y una enseñanza sistemática, integral, fundamentada, ponderada de tantas cuestiones que con tanta frecuencia se presumen conocidas y tan abundamente abonan la verdad del dicho: "dime de qué presumes, y te diré de qué careces".
Y lo hace con la calidad del auténtico pedagogo, con la claridad y sencillez que no sólo son, como dijera Ortega, la cortesía del filósofo, sino el distintivo del auténtico entendido o eterno aprendiz, con la difícil simplicidad -que no simplismo- del que sabe. Por supuesto, esa sabiduría se nota también en el tono general de su discurso, en absoluto dogmático, siempre dialógicamente planteado, encerrado en interrogaciones que invitan a la reflexión, pero sin renunciar a ofrecer tanto las evidencias fruto de la investigación como las convicciones propias del que persevera en el camino filo/sófico. Para exponerlas y fundamentarlas, el profesor Fernández Bédmar sabe hacer aparecer la voz de muy varios filósofos y autores, los cita oportunamente, los comenta agudamente, los concierta en una visión de conjunto tan verosímil como sugestiva. La fundamentación filosófica (de Russell a Marciano Vidal, de Fromm a Merleay-Ponty; ...), es decir, la concepción antropológica de base, es el suelo sobre el que se trama el discurso. Nada más necesario hoy que vemos difundirse en los medios de masas, con patente de corso, periodística y sensacionalista, una presunta ciencia, la "Sexología", que suele expender graves y peligrosas banalidades a precio de saldo, como si las cuestiones decisivas de fondo (antropología, ética,...) fueran irrelevantes o se supusieran ligeramente resueltas en una difusa y confusa "modernidad".
No obstante, el discurso no queda ni se pierde en abstractas teorías, sino que ofrece, también, toda la información relevante para el conocimiento completo y práctico de la materia (un libro suyo anterior, en la misma editorial, que serviría de fundamento, Educación sexual en la escuela y en la casa, se detiene más en lo teórico y emplea un lenguaje menos didáctico). Información necesaria, sobre todo, para aquellos a quienes va dirigida especialmente -por más que a todos puede aprovechar en la medida en que disuelve eficaz y documentadamente tantos mitos sufridos por el secular oscurantismo en esta materia-, a saber: los alumnos de Enseñanza Secundaria Obligatoria, si bien se trata de un instrumento utilísimo para padres. A tal efecto, el libro se complementa hábilmente con profusas páginas de ejercicios de comprensión, resumen, a veces extensión y siempre autoevaluación, cuya amenidad y utilidad se advierte fruto de una larga contrastación de años de magisterio y práctica.
Es de celebrar y agradecer que en una materia que parece o bien ser tierra de nadie o bien estar colonizada por reduccionismos científicos (de psicólogos, médicos, naturalistas o sociólogos), sea un filósofo, y profesor de Secundaria (un educador de juventudes), quien se ocupe de aclarar e insistir en que la "sexualidad" es una dimensión esencial del ser humano, que lo constituye y afecta en la integridad de sus funciones, y no es reductible al "sexo" como un rasgo adjetivo o una mera actividad contingente. El profesor Fernández Bédmar difunde una valoración positiva, humanista y gozosa de la sexualidad, y lo hace mediante un planteamiento crítico y abierto, no dogmático ni doctrinario, sin incurrir, por tanto, ni en cuestionables y desfasadas adscripciones ideológicas ni en los ridículos y superficiales recetarios con que se prescribe pretenciosa y neciamente sobre asuntos morales en tantos consultorios mediáticos, separando irresponsablemente la sexualidad de su conexión orgánica con todas las dimensiones del saber y de la vida y desfigurando así su valor central en la existencia personal.
Un libro, en suma, claro, profundo, completo, sencillo, sugestivo, útil y abierto, que, al tiempo que nos enseña, nos invita a proseguir reflexionando, investigando y dialogando sobre el difícil arte del autoconocimiento. Enhorabuena y gracias, maestro.
* Profesor del
I.E.S. "Sierra Sur" de Valdepeñas de Jaén. Doctor
en Filosofía. Tesorero de la AAFi y co-director de ALFA.
** Catedrático de Filosofía
del I.E.S. "Padre Manjón" de Granada. Master en Sexología
por el Instituto de Ciencias Sexológicas.