Aaroa de la Cruz Quesada*
Chema Sánchez Alcón, El radiofonista pirado que desenterraba filósofos para explicarse el mundo.
Madrid: Anaya, 1999.
"¡Eh, tú, sí, tú! Detente, no hagas zapping, no cambies de
libro..." Así, de esta manera tan original, comienza esta emocionante
historia que te
engancha como si de una droga se tratara. El autor es un cacereño de treinta y
un años, profesor de filosofía y miembro de la Asociación
Española de Filosofía para Niños.
En su portada se han escrito frases que encierran más de
lo que una puede imaginar. Comienza con una cita de Heidegger: "la palabra
es la casa del
ser, en su morada habita el hombre, los pensadores y los poetas son los vigilantes
de esta morada". Está dedicada a Olga, a todos los que se
dedicaron a soñar, a pensar, a los niños.
Con un lenguaje ameno, de jerga juvenil, comienza la
historia de un locutor y redactor de radio, que a partir de un sueño indaga en
la vida de
los filósofos, para descubrir las respuestas de aquellas preguntas que nos acompañan
desde la infancia.
Se trata de un programa pirata realizado de madrugada sin
que nadie en el estudio tenga idea de eso, y al que acude un grupo variado de
oyentes: un
ama de casa, una monja, un pintor, un estudiante y un catedrático jubilado que
dialogan acerca de la Historia de la Filosofía. Cada noche, a través
del silencio de las ondas, los filósofos más importantes se adaptan y enfrentan
a los tiempos modernos: Platón, Diógenes, San Anselmo, Descartes, Kant...
Por último, serán los oyentes, "nómadas del
extrarradio", como el radiofonista pirado les llama, los que filosofan,
analizando todo cuanto
les rodea: "la sociedad es asesina de palabras", consideran. La
historia termina desgraciadamente con los huesos del locutor en la
cárcel y por bastante tiempo, aunque ha dejado una huella imborrable en sus
oyentes. Desde entonces verán la vida de otra manera. De todos los filósofos
aquí citados, es a Platón a quien se dedica más espacio. Especial mención
merece el capítulo de las teles platónicas:
mientras nosotros somos esclavos de las imágenes, también de las telenoticias,
que son pura apariencia, Platón sin embargo es real porque no está sujeto a
ellas. Acaba con la cita de Rubert de Ventós: "A fuerza de aproximarnos a
todo, la televisión acabará dejándonos sin prójimo". Es asombroso cómo el
pensamiento de hace milenios puede aplicarse y profetizar la actualidad.
En el capítulo sobre Kant, el locutor, dirigido por el autor, pretende que nosotros y los oyentes seamos las máquinas de pensar. Se trata de una obra muy interesante y original, que me ha ayudado a comprender mejor la Historia de la Filosofía. Parece una historia para niños en algunos momentos, pero ¿alguna vez dejamos de ser niños? No son siempre aquellos textos donde abundan tecnicismos de difícil comprensión los que exigen y ofrecen un mayor grado de inteligencia a sus lectores... Pienso que el grado de éxito de un texto reside desde un principio en el grado de comprensión que otorga. Ocurre como en los niños, una cosa atrae más cuando cambia de forma, (recordando a Aristóteles) aunque posea la misma materia.
Un libro de filosofía nada corriente: ¡felicidades Chema!,
pues -como dijo Gracián- lo bueno, si breve, dos veces bueno; y si es muy
bueno..., como se
diría en la Francia de Voltaire: ¡chapeau!
Me gustaría terminar esta crítica como el escritor comienza su obra, pues lleva razón cuando dice que todo está lleno de pensamientos: "¿Qué sería de nosotros si nuestros pensamientos se reencarnasen y tuviéramos que vivir con ellos?".