|
|
El Búho Revista Electrónica de la
Asociación Andaluza de Filosofía. D. L: CA-834/97. ISSN 1138-3569. |
UN TESTIMONIO DEL FORO SOCIAL MUNDIAL PORTO ALEGRE 2005:
LA SOCIALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO AUTÓNOMO Y
EL CATALIZADOR DEL COMBATE.
Ester Massó Guijarro.
[NOTA PREVIA: este conjunto de reflexiones y apuntes etnográficos, donde pretendo recoger algunas de las claves fundamentales vividas en la reciente edición del Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil, durante el pasado enero (días 26 al 31), es fruto de mi asistencia y mi participación en el evento, y por tanto un testimonio pequeño y parcial. Ésta ha sido la primera edición del FSM a la que he podido asistir, así que las ideas aquí expresadas no podrán ser extrapoladas a anteriores ediciones; tampoco deben de ser tomadas como afirmaciones concluyentes en torno al mismo, sino como una serie de impresiones personales y subjetivas sugeridas por mi propia experiencia. Asimismo, advierto que en los momentos pertinentes se indicará la autoría intelectual de las ideas que sean expresadas, si bien no podrá establecerse un sistema de citación clásico ortodoxo ya que la mayoría de ellas se tomaron directamente de las comunicaciones orales de sus autores durante el foro. Naturalmente, las teorías y conceptos que manejaron se hallan reflejados en diferentes libros, pero no es el objetivo de estas reflexiones realizar una revisión teórica sino mostrar algo del transcurso y el fondo del foro].
Obertura: “en el corazón del combate”[1].
“Nosotros somos gente común; por lo tanto, REBELDE”.
(John Holloway, enero de 2005, en una carpa de Porto Alegre).
La experiencia del Foro Social Mundial en Porto Alegre (como no podía ser de otro modo, allá en el sur) obra, en una palabra, como un catalizador. Una piensa que allá se va a encontrar el (y en el) “corazón del combate”, recordando a Fanon, pero poco después comprende que el combate no está exactamente allí, en esas carpas blancas sudorosas del verano sur-brasileño, o en esos viejos pasillos de antiguas fábricas junto al río, sino un poco más allá, en una calle, detrás de las favelas, en un local de reunión de una asociación… o aún más al sur, en los Andes argentinos con las luchas mapuches, o en la Universidad Popular de las Madres de mayo donde las viejitas revolucionarias hacen de los más potentes voceros; o en torno a ese círculo de personas que discuten, sentadas en sillas de anea, los próximos movimientos de los colectivos indígenas frente a la represión gubernamental en la capital de Paraguay; o en las escuelas populares de los asentamientos del Movimento Sem Terra, bullendo por todo el inmenso Brasil.
Una entiende, pues, que no es baladí que los Foros Sociales Mundiales nacieran y se celebren en el sur (en “el amplio sur”, contundente respuesta al Foro Económico Mundial de Davos, en uno de los países más ricos del mundo) porque es allí donde estos y tantos otros movimientos están en constante efervescencia; y el Foro constituye una magnífica puesta en común, un formidable punto de encuentro, un espacio para posibilitar la recapitulación y para proyectar la nueva agenda… Pero el Foro no es el combate, aunque su fuerza simbólica sea tremenda y vibrante; el Foro es el espejo del combate, un testimonio para el rígido norte, un desmarque, una demostración también, si se quiere. Un grito, un baile, un estallido, un espacio de libertad y para la libertad.
Todo cabía en el Foro Social, en este febrero de 2005 en la ciudad de Porto Alegre con su olor a tierra roja, a sedimentos del río; todo lo bueno y lo digno cabía, todo lo que tuviera algo de justo combate y algo de noble tristeza y algo de emocionante indignación ante el mundo. Todo lo que mostrara algo de utópico o algo de antiutópico desde la lucha acerba, airada, que nunca se cansa porque no puede decepcionarse. Toda la esperanza, toda la luz, pero la luz consciente, la luz de los que vienen pasando hambre o viéndola pasar, de los que sufren represión, de los que hablan lenguas no reconocidas, de los que cultivan semillas que les roban o que ocupan tierras sin dueño salvo sobre el papel. Todos los espacios de resistencia, desde grupos de mujeres africanas hasta colectivos de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales; campesinos de Centroamérica, mapuches andinos, zapatistas e indígenas mexicanos de otros movimientos… todos entraban, todos se dieron cita en la marcha de apertura del Foro, donde tanta diversidad no cabía casi en los propios ojos, y las personas no dejaban nunca de pasar, y las músicas y los gritos de libertad no dejaban nunca de sonar.
Una llega casi a pensar, con estupor y tristeza, si será necesario que haya enemigos para sentir la vida vibrando como yo la sentí en América Latina. Y en Porto Alegre, en esas calurosas y sencillas carpas donde escuché hablar a John Holloway, a Boaventura de Sousa Santos, a Michael Hardt… algunos de los teóricos críticos más potentes de nuestra época, ideólogos del Foro en cierto modo, articuladores más bien, tal vez, y acaso también voceros de las causas que, siendo ajenas al principio, han hecho suyas a base de amor, dedicación y compromiso.
Las semillas del hervidero.
“En las grietas del sistema crecen las flores subversivas”.
(John Holloway, enero de 2005, en un viejo almacén de Porto Alegre, junto al río).
El pensamiento utópico, en aparente paradoja, no parte de la superestructura ideológica sino de la base infraestructural del mundo social humano. Ya señalaba Bakunin con agudeza la extraña dialéctica entre idealismo y materialismo: el primero, partiendo de las más sublimes y trascendentes nociones, desembocaba en el totalitarismo, el autoritarismo y la miseria social; el segundo, emergiendo de lo más escueto, analítico, inmanente y exento de valoración, llegaba a las conclusiones más revolucionarias sobre la dignidad social.
En las grietas del sistema crecen las flores subversivas, decía Holloway[2], mientras el innovador portugués Boaventura de Sousa denunciaba la invasión del pensamiento tecnocrático en la sociedad, y ambos reclamaban un reconocimiento de lo estructural en el ámbito tanto de las relaciones institucionales como de las personales.
A John Holloway[3] le preocupa el tiempo de la nueva revolución, que ha de inventar sus propios modos en congruencia con las condiciones actuales; en este sentido, toda revolución es anómala. La idea de revolución de la izquierda tradicional, nos cuenta, estaba basada en la espera, en el “hasta que”. Pero ya no podemos esperar, dice con voz profunda y convencida, casi emocionado; ya no podemos seguir manejando el concepto capitalista del tiempo que ha empleado aquella izquierda tradicional. Y el tiempo capitalista se rompe con el “NO”; el “no” de tantos que dicen “no”.
El capitalismo, dice Holloway, depende de nosotros para su existencia; de cada uno de nuestros días, de la conversión de nuestra vida en trabajo enajenado. No se trata de cómo destruirlo, pues, sino de cómo dejar de hacer el capitalismo. Y de cómo decir “no”.
La primera temporalidad de la revolución es la de la impaciencia, afirma Holloway; es la del “ya basta”, la de la insubordinación que quema dentro, la de la impaciencia improrrogable, la temporalidad de la certidumbre, la temporalidad de la inocencia. La paciencia existe sólo para respaldar la impaciencia del “no”, no para subordinar.
La segunda temporalidad es la de la experiencia, y se respalda con la construcción de otro mundo; implica la creación paciente, ahora sí, (¡y la crianza!; crear y criar en portugués, la lengua del Foro, son la misma palabra) de otras formas de organizar la vida, de una sociabilidad alternativa, pues. Y, claro, sin tomar el poder, porque hacerlo implica una contradicción preformativa, una asunción de las formas espaciotemporales del Estado del capital, de su lógica diferente que se trata precisamente de dinamitar. Así, negaremos también la temporalidad binaria de la revolución clásica y la subsiguiente “jacobinización” de la lucha, por la que primero se tomaba el poder y después se cambiaba la sociedad. En este esquema, además, las estructuras habituales de lucha, fuerte y verticalmente jerarquizadas, generaban malos hábitos y aprendizaje contraproducente con respecto al supuesto futuro implemento de los ideales que se proponían. Unos aprendían a obedecer ciegamente… y otros a mandar ciegamente. Los giros autoritarios tras el triunfo de las revoluciones clásicas no son casuales ni, probablemente, coyunturales.
No. Ahora buscamos un concepto intersticial de la revolución: en los intersticios, las fisuras, los hoyos dentro del capitalismo; bucamos impulso hacia la autodeterminación arraigado en la práctica cotidiana, un movimiento constante, un ir más allá de lo que existe: “nosotros somos gente común, por lo tanto, REBELDE”, dice Holloway con contundencia; y afirmar que la gente común es rebelde implica asumir que somos contradictorios, añade, y probablemente a la vez conservadores y autoritarios en determinados momentos. Se clama por un impulso de la gente real en la autodeterminación, en contra de la representación, del Estado y de la organización capitalista del trabajo. No tiene sentido hablar de democracia sin una sociedad autodeterminante.
Encontramos que los términos marxianos tienen más actualidad que nunca; el fetichismo en la sociedad capitalista se traduce en el hecho de que nuestra sociabilidad se convierte en algo externo a nosotros, algo de lo que se nos expolia; la fetichización es, pues, la objetualización (que no la objetivación) de los sujetos.
El fetichismo se distancia de la vida normal de las personas ya que constituye un acontecimiento sistémico, como el empobrecimiento y la crisis económica (si la economía no crece, no crecen las rentas y no pueden crecer los impuestos, por lo que resulta imposible la generación de un Estado fuerte y se perpetúa el círculo vicioso, la regresión al infinito).
No todos, naturalmente, comparten el novedoso planteamiento de Holloway; el profesor brasileño Ricardo Antunes, entre otros, representante de cierto marxismo más clásico, reclama la existencia de un centro del poder, en contra también de la interpretación sobre el “poder descentrado” de Hardt y Negri; aboga asimismo por un fortalecimiento y una amplificación de las fuerzas sociales mediante la sabia combinación entre la lucha política y la social (porque la primera queda “ciega” sin la población).
Para Michael Hardt, el coautor de Imperio junto con el polémico Toni Negri, y que habló por cierto durante los encuentros en un correcto castellano, el viejo eslogan comunista de la abolición del Estado significa precisamente no tomar el poder. Hardt desea ponderar también los “síes”, no sólo los “noes”; los “síes” que emergen de la potencia transformadora del contrapoder.
Dos conceptos muy importantes de la revolución inglesa son el de pueblo y el de multitud; para Hardt, el pueblo significa el ideal de la unidad de la soberanía, mientras que multitud conlleva la multiplicidad, la suma de autonomía y cooperación (la unidad en la preocupación, no en la solución). Esta suma genera las distintas fórmulas de los “noes” y los “síes”: nuestras diferencias son nuestra fuerza; así, MULTITUD no es subjetividad unitaria sino un “hacer social” en el que somos diferentes y cooperantes.
El chileno Teivo Nigd sí instó, sin embargo, a “tomar el poder”… porque ello no significa “tomar el Estado”, sino que previamente ha de existir un cambio, un giro radicalmente democrático, en los modos relacionales de los individuos y las instituciones. Aboga, asimismo, por la complementariedad de la reforma y la revolución, como Sousa Santos refuerza la vinculación entre teoría y práctica. Las nuevas formas de poder y renovación política son responsabilidad ciudadana en la acción concreta y productiva; no a “tomar el poder” sino a transformar el poder, instan. Además, no sólo hemos de considerar la institucionalidad de Estado sino muchas otras formas de instituciones; al hilo de estas reflexiones, Sousa Santos[4] afirmó entre alegres aclamaciones que “el Foro Social Mundial es a pesar de las teorías de izquierda, y no a causa de las teorías de izquierda”.
Se debatió en el Foro sobre la necesidad de la ciudadanía global, que no “globalizada” ni “homogeneizada”, sino con la proteica capacidad de asumir identidades híbridas establecidas en relación con la alteridad. ¿Cómo se “pertenece” hoy en día? ¿Qué significa pertenecer en una nación actual? ¿Se disgregan las naciones en etnias, o más bien el Estado mismo ha de ser la salvaguarda de las pluralidades étnicas en los ámbitos convivenciales plurales?
Una de las preocupaciones generalizadas en las distintas charlas era la del paso de un Foro eminentemente crítico a un Foro propositivo, militante y no sólo intelectual, donde las diferencias no dividan sino que unifique la proximidad, la vecindad en el reconocimiento de los problemas; y también la preocupación de que este evento no se convierta en una “especie de Woodstock-social” del siglo XXI (hay que decir que algunas zonas de los espacios habilitados para el Foro se asemejaban bastante a la idea de Woodstock, como cuando caía la noche en el campamento de la juventud; esto en sí, sin embargo, no es malo en absoluto, no mientras los días de encuentro no se reduzcan a eso, y no lo hacen).
El 29 de enero de 2005 se dieron cita en la misma mesa (en el auditorio Araujo Viana, en el corazón de Porto Alegre) algunos de los intelectuales más comprometidos de nuestro tiempo: José Saramago, Ignacio Ramonet, Francisco Mayor Zaragoza, Eduardo Galeano… En un fabuloso encuentro que llamaron “Quijotes hoy: utopía y política”, debatieron sobre la conveniencia y realidad de esta espinosa noción de utopía. Para Ramonet, las utopías son “verdades primitivas”, y no olvidó entonces mencionar algunas medidas concretas (que serían después algunas de las propuestas-conclusiones del Foro para la agenda social del año que comienza) para aproximarnos a la “utopía” de terminar con el hambre y la injusticia económica, como la extensión de la tasa Tobin (impuesto general para las transacciones internacionales), la socialización internacional del agua, la condonación absoluta de la deuda externa o el gravamen con un impuesto de solidaridad todas las grandes fortunas del mundo. Porque, como apuntó Galeano, quien como sabemos piensa que la utopía sirve para caminar, también se es realista cuando se pinta la realidad que se necesita, porque “en la barriga de este mundo hay otro mundo posible”.
Saramago volvió a exponer, con su tremenda y pausada lucidez habitual, sus ideas antiutópicas, sus ideas antiutópicas del “no” desde la lucha que no precisa de horizontes mágicos, tantas veces tendentes a la tiranía, para existir, ser y actuar. Dijo Saramago que todo lo que estaba sucediendo durante aquellos días en Porto Alegre, todo lo que se decía, se proyectaba, se deseaba y se construía, se habría hecho de igual modo sin pronunciarse la palabra “utopía”, careciéndose en absoluto de ese concepto. Subjetivamente me siento más cercana al enfoque antiutopista de Saramago pero debo decir que, en última instancia, pienso que las divergencias son más terminológicas que reales entre el portugués y Galeano, por ejemplo.
Si es posible el poema es posible la vida. El tiempo es una lengua, una escritura…
“Hay momentos de cansarse de ser, de quedarse sin rumbo…
há lugares sem mim,
que sempre serao sem mim.
Mesmo que me ames”
“Eu faço versos com quem morre[5]”
(Marcela Villavella)
También había poesía en el Foro; todo estaba lleno de poesía, y algunos lo expresaban incluso con palabras, como la tarde del 30 de enero de 2005 lo hacía el grupo de poesía y psicoanálisis “Si é possível o poêma, é possível a vida”, al que pertenece la poetisa brasileña Marcela Villavella; esa tarde donde la gente se regalaba poemas, se escribía poemas mutuamente y aquellos muchachos y muchachas, hombres y mujeres de distintos países que hasta entonces sólo habían estado coordinados vía Internet, se miraron por primera vez y se abrazaron delante de nosotros, en medio de montones de libros de poesía.
También, pues, los modos relacionales en las prácticas reales quisieron mostrar sus modificaciones en el Foro; no son palabras huecas, cuando los grandes teóricos (ya inspirados por Marcuse hace décadas) siguen hablando de la “nueva sensualidad” y de un reconocimiento mayor de la emotividad.
Una mención especialmente importante merece la presencia de los movimientos campesinos sudamericanos en el Foro; en mi opinión, y teniendo en cuenta por supuesto lo inevitablemente parcial y subjetivo de mi visión, el movimiento campesino presentó la mayor articulación de acciones concretas en lo social. Vinieron de muchos lugares, de muchos “corazones regionales de combate”, personas que necesitan abrirse espacios casi con dura violencia para ser siquiera escuchados, siquiera entendidos; un campesino mapuche daba las gracias constantemente a su auditorio sólo por estar gozando de la oportunidad de hablar. Estos movimientos combaten por bienes y derechos muy elementales: el derecho a la tierra que trabajan, el derecho a que su propia fuerza de trabajo no se vea alienada de la forma más grosera; el derecho a que no les roben, en un inicuo viaje de ida y vuelta, sus tradiciones (remedios curativos, semillas, cultivos), para luego regresar vendiéndolos con patentes injustas en las manos; derecho a un mínimo reconocimiento de su hecho diferencial, de sus lenguas, de sus territorios históricos. Derecho a hablar sin ser reprimidos en cárceles por los ejércitos, acusados de terroristas por manifestarse públicamente.
Otra apreciación interesante fue el clima percibido de esperanza y entusiasmo general ante el gobierno bolivariano de Hugo Chávez (quien habló en varias ocasiones en el encuentro) y sus políticas populares; frente al latente sentimiento de decepción por Lula en ciertos sectores (no en todos, pero sí a veces muy explícita en determinados encuentros y charlas), la actual opción de Venezuela con Chávez está en su momento de mayor predicamento social. De hecho, se quiere llevar el Foro a Venezuela para 2006; y, después, emigrará a África: parecen haber triunfado definitivamente los deseos de trasladar las próximas ediciones del foro social mundial al “planeta negro”[6].
Con respecto al desencanto percibido ante la administración del Partido de los Trabajadores con el presidente Lula da Silva a la cabeza, debo recordar que el mismo Chávez habló en su favor incansablemente durante los días del Foro, reconociendo la dificultad de poner en marcha y funcionamiento un gobierno popular genuino en un país tan ingente y con situaciones arrastradas tan tremendamente complejas, endémicamente complejas, como es Brasil; Chávez mismo no gozó al principio de su mandato de la popularidad que ahora disfruta en Venezuela y en toda América Latina. A mi entender, es demasiado prematuro juzgar la acción del PT en Brasil porque sus decisiones y estrategias políticas no pueden ser concebidas y valoradas sólo intraestatalmente, como si no formaran parte de una urdimbre internacional, holística, de gran presión que impide a las claras ciertos movimientos progresistas queridos por el gobierno de Lula.
Práctica y logística del Foro Social Mundial. Algunas eventualidades de la organización.
La organización del Foro Social Mundial ser realiza, en la práctica, de modo bastante espontáneo, voluntario y asambleario; cientos de voluntarios, jóvenes portoalegreños en su mayoría, se ocupaban de darnos las acreditaciones y demás tareas de coordinación in situ, mientras que traductores/as voluntarios/as de todo el mundo acudieron para encargarse de la traducción simultánea, en los casos más necesarios.
La clasificación de los participantes era de tres tipos: asociaciones, individuales y prensa. También podríamos haber clasificado a los asistentes, sin embargo, por las variopintas actitudes que mostraban, desde la observación más distante hasta la implicación más activa. Por supuesto, los había, en esa jugosa pluralidad que el inspira al Foro, de todas las edades, colores, orientaciones sexuales, países, etnias, religiones y posiciones sociales; desde profesores de universidad canadienses hasta campesinas africanas o centroamericanas, prostitutas, hare chrisna, indígenas, artistas de todo el mundo, niños y ancianos, capoeiristas y músicos, bailarines y escultores/as, poetas, psicólogos…
El funcionamiento interno del propio Foro y los espacios donde se desarrolló eran muestra física, tangible, de los valores mismos que se transmitían en las charlas. El campamento intercontinental de la juventud (la habilitación de un inmenso parque de la ciudad como zona de acampada, con duchas y servicios mínimos, a un precio muy bajo), los locales sencillos para celebrar las charlas (auditorios populares, carpas de plástico en la calle, viejos almacenes, polideportivos…), la oferta de agua y servicios públicos gratis para los participantes durante todos los días del foro, la presencia de comedores “interculturales” a precios populares, significan llamativas congruencias, a mi entender, con los valores de austeridad y socialización que el evento recoge y promueve. Si el Foro Social Mundial, que posee una cuota de inscripción simbólica, se celebrara en locales lujosos, incluyera comidas exquisitas en menús preestablecidos o limitara el aforo de sus salas a un número más “cómodo” de gente, obviamente no podría acoger a la cantidad tan ingente de participantes que acoge y que le dan vida, porque sería sin duda mucho más caro e inaccesible. Si eso fuera así, John Holloway, Michael Hardt o Boaventura de Sousa Santos no habrían podido ver a un inmenso auditorio, que rebosaba por las puertas en el viejo almacén para oír hablar del paso de la antiglobalización a la alterglobalización en otro mundo posible, sacando las ligeras sillas de plástico blanco a la calle (“¡sillas fuera!”) para que cupiera más gente, sentada en el suelo o de pie, mientras ellos mismos sudaban a las cuatro de esa tarde calurosa del estío gaucho, compartiendo el entusiasmo.
Existe un elemento irrenunciable de alegría, de fuerza, de fuerza emergente de la alegría, que emergen y viven en el Foro Social Mundial; no podemos negarnos a esa fuerza colectiva, con enorme poder de transformación, que el encuentro mundial es capaz de catalizar: la fértil potencia de la alegría que se comparte.
Las distintas y muy variadas actividades (talleres, charlas, conferencias, fiestas, documentales, danzas tradicionales, oraciones colectivas, exposiciones de fotografía y artes plásticas…) se repartieron en once grandes espacios temáticos que, si bien poseían una ubicación continuada en la ciudad, resultaban lejanos entre ellos por su enorme extensión. Los sugerentes nombres son los siguientes:
1) Afirmando y defendiendo los bienes comunes de la Tierra y de los pueblos, como alternativa a la mercantilización y al control de las transnacionales.
2) Artes y creación: construyendo las culturas de resistencias de los pueblos.
3) Comunicación: prácticas contra-hegemónicas, derechos y alternativas.
4) Defendiendo las diversidades, la pluralidad y las identidades.
5) Derechos humanos y dignidad para un mundo justo e igualitario.
6) Economías soberanas por y para los pueblos – Contra el capitalismo neoliberal.
7) Ética, cosmovisiones y espiritualidades – Resistencias y desafíos para un nuevo mundo.
8) Luchas sociales y alternativas democráticas – Contra la dominación neoliberal.
9) Paz, desmilitarización y lucha contra la guerra, el libre comercio y la deuda.
10) Pensamiento autónomo, reapropiación y socialización de los saberes y tecnologías.
11) Hacia la construcción de un orden democrático internacional y la integración de los pueblos.
Como todo debe comentarse, en justicia incluso a mis interlocutores/as, he de decir que en ocasiones sucedió lo que supongo que es inevitable en un encuentro de tales dimensiones y, sobre todo, organizado de modo tan espontáneo, tan acéfalo; me refiero a esas pequeñas eventualidades, como charlas suspendidas sin previo aviso, que a algunos participantes pudieron llegar a molestar. Asimismo fue un inconveniente en ciertos momentos para algunas personas la barrera del idioma: la mayoría de las charlas fueron en portugués, y casi todas (menos las que se aguardaban más multitudinarias) carecían de traducción simultánea -aunque pienso que para un hispanohablante resulta bastante sencillo comprender de modo intuitivo una parte bastante grande de este idioma.
Mi opinión personal, sin embargo, sobre estos detalles es que no constituyen más que ínfimos imprevistos en un encuentro de valores tan grandes; pequeñas incomodidades a lo sumo, perfectamente asumibles en las dimensiones y latitudes que tratamos. Con respecto a la cuestión del idioma, por otro lado, encuentro saludable el diálogo plural entre personas de diferentes lenguas y culturas, en la tendencia de ir confrontando cada vez más éstos aunque en un primer momento la distancia entre los mutuos conocimientos idiomáticos sea mayor. Asimismo defiendo el uso de lenguas “no hegemónicas” como es el portugués (lengua bella donde las haya, por cierto).
Para terminar, una sencilla recomendación práctica a cualquier participante de una edición del Foro Social Mundial con el fin de optimizar su estancia, su interés y su aprovechamiento: es tremendamente extenso, tanto en oferta de actividades, charlas y encuentros como en lo espacial; de modo que resulta conveniente seleccionar previamente para cada una de las jornadas aquello que más interesa y… prescindir de lamentarse de todo lo fascinante que estará sucediendo simultáneamente y uno va a perderse por el camino. Como siempre en la vida.
Dejarse, pues, envolver en “el corazón del combate”, y no olvidar traerse a casa al menos un pedazo de él, para llevarlo más robusto al siguiente foro.
Ester Massó Guijarro.
Porto Alegre, enero - Granada, marzo de 2005.
Referencias bibliográficas.
FANON, Franz (1961): Los condenados de la tierra. México, Fondo de Cultura Económica, 1963.
INIESTA, Ferran (1992): El planeta negro. Aproximación histórica a las culturas africanas. Madrid, Los Libros de la Catarata, 1998.
[1] Hace referencia a la frase de Frant Fanon (1961: 188): “hay que abandonar la costumbre, ahora que estamos en el corazón del combate”.
[2] Todos los comentarios sobre Holloway constituyen notas tomadas a mano directamente en una de las charlas que dio durante el Foro, a las 12 de la mañana, el 28 de enero de 2004.
[3] La mayoría de los pensamientos expresados por Holloway durante los encuentros pertenecen a su obra Cambiar el mundo sin tomar el poder.
[4] La mayor parte del pensamiento que Boaventura de Sousa Santos expresó en el Foro se halla en su obra magna Crítica de la razón indolente. Contra el desperdicio de la experiencia.
[5] “[…] Hay lugares sin mí/ que siempre serán sin mí/ Incluso si me amas”; “Yo hago versos como quien muere”.
[6] La expresión es de Ferran Iniesta (1992).