El Búho

Revista Electrónica de la Asociación Andaluza de Filosofía.

D. L: CA-834/97.

ISSN 1138-3569.

 

 

 

 

 

Filósofos Sevillanos

José Biedma López

 

 

         A veces se ha dicho que en España no ha habido una tradición filosófica o una metafísica sistemática, al estilo germánico. María Zambrano lamentaba este reproche aduciendo que quienes lo formulan no ven que “todo era metafísica en España”, pues “no se hace otra cosa apenas: en el ensayo, en la novela, en el periodismo inclusive y tal vez donde más”[1]. El reproche también se puede refutar aduciendo que su causa no es la ausencia de una filosofía española, sino su desconocimiento, su olvido o menosprecio. Muchas de las obras de nuestra tradición filosófica e intelectual duermen el sueño de los justos o han sufrido la maldición de la censura y el inédito. De muchas de ellas se puede decir lo que Montaigne escribió del Libro de las criaturas en su Apología de Raimundo de Sabunde, que “es demasiado rica y hermosa para escrita por un autor tan poco conocido”.

 

         Teniendo en cuenta el destino funesto de la literatura de ideas en España, no sorprenden que la apología de Montaigne sea más conocida que la obra de Sabunde o Sibiuda de la que es apología. La labor de pequeñas pero egregias minorías nunca alcanza un merecido eco en nuestro solar, aunque anticipase e inspirase el pensamiento de autores extranjeros, que luego –ellos sí- han encontrado su lugar y gloria en los manuales al uso.

 

         Recuperar nuestra rica tradición es uno de los propósitos que nos debemos como españoles y andaluces. “Recuperar” significa también seleccionar y digerir cuidadosamente, discriminando lo provechoso de lo inútil, con el propósito de edificar nuestra reflexión futura sobre raíces propias, pues el futuro tiene fuentes muy antiguas. Compartimos el convencimiento de que la cultura española necesita asumir su propia tradición filosófica y proseguirla creadoramente, si quiere evitar la invertebración y el mimetismo[2] (          La relación que aquí ofrecemos se inspira y sigue el orden alfabético de la erudita obra de D. Mario Méndez Bejarano: Diccionario de Escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, (Sevilla, 1922)[3]. Hemos espigado las figuras que nos han parecido más relevantes y más injustamente olvidadas –o del todo desconocidas- de entre aquellas que aparecen consideradas por el autor de dicho diccionario como “Filósofos”. También hemos realzado con negrilla a algunos de los seleccionados y, por último, hemos buscado información suplementaria sobre los más interesantes a fin de estimular el estudio de su obra por parte de historiadores, investigadores y filósofos. Tras el nombre, respetamos el número con que aparecen en la obra de D. Mario, a fin de que puedan consultarse con facilidad las noticias suplementarias que el erudito ofrece.

 

José Aguilar (31). Cursus Philosophicus, Sevilla, 1701. José de Aguilar, jesuita y tomista, nació en Lima, el 8 de agosto de 1652.[4]

 

José Pedro Alcántara y Rodríguez (60): “¿Qué sea la Razón y cuáles las utilidades que preste?”, 1842.

 

Luis de Alcázar (64). Nació el seis de abril de 1554 y falleció el 14 de julio de 1613, de linajuda familia, sobrino del poeta Baltasar de Alcázar. Su juventud estuvo aureolada por la leyenda. Tenía tanto talento que sus profesores le consideraron demente. Fue  jesuita, iusnaturalista, e inspirador de Hugo Grotius y Bossuet. En Vestigatio arcani in Apocalipsi (Amberes, 1604) muestra que el Apocalipsis no se refiere a un porvenir remoto y descubre la relación entre la profecía apocalíptica y la historia de los primeros siglos de la Iglesia. Pedro Bayle en su monumental Diccionario histórico-crítico afirma que era "una de los mejores que los católicos romanos hayan escrito jamás". Federico de Castro dijo de Luis de Alcázar que en él apuntó el Derecho natural antes que en ningún pensador de su tiempo".

 

Francisco Alvarado (86). Don Mario le llama “el último de los escolástico puros”.

 

Romualdo Álvarez Espino (102) (1839-1895, en 5 de diciembre). Perteneció a la derecha krausista. Fue catedrático de Psicología, Lógica y Ética en el Instituto de Cádiz. Nociones de lógica, Cádiz, 1867. Elementos de Psicología, Lógica y Ética, Cádiz, 1876. Elementos de Antropología psicológica, Cádiz, 1873. Fue alma de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Cádiz y publicó infinidad de trabajos contra las corridas de toros. Fue también poeta y destacado estilista. Escribió importantes artículos, novelas y ensayos con el seudónimo de Christian. Todavía es posible comprar en las librerías anticuarias su Ensayo Histórico-crítico del Teatro Español, desde su origen hasta nuestros sías, Cádiz, 1876, por algo más de 100 euros.

 

El grupo andaluz del krausismo se aglutinó en torno a la gran figura de Federico de Castro y Fernández (v. infra), catedrático de metafísica de la Universidad de Sevilla desde 1681, gran impulsor de la ciencia y la cultura. Fundó la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, el laboratorio de Química y el Ateneo Hispalense. Con Antonio Machado y Núñez creó el Museo Antropológico y la Revista Mensual de Filosofía, Literatura y Ciencias de Sevilla. A parte de Romualdo Álvarez Espino, fueron numerosos sus discípulos y colaboradores: Joaquín Sama y Vinagre, Teófilo Martínez Escobar, Alfonso Moreno Espinosa, Manuel Martínez Conde, Antonio López Muñoz y Tomás Romero de Castilla, este último su discípulo predilecto, catedrático en el instituto de Badajoz, que se esforzó denodadamente por conciliar el krausismo con el catolicismo, sosteniendo una famosa polémica con el canónico Fernández Valbuena[5].

 

Rafael Álvarez Sánchez Surga (111). (1848-1872). “Discursos acerca del matrimonio”. Estudió los orígenes del pueblo español. Estudió Filosofía y Letras y Derecho y regentó la cátedra de árabe de su Universidad desde 1870. Publicó numerosos artículos y ensayos bajo el seudónimo de Lanzarote del Lago, todos los cuales reflejan la impronta krausista de Federico de Castro. Sus escritos se reunieron en un volumen póstumo (Sevilla, La Andalucía 1873, XIX más 343 pp. Obras del D. Rafael Álvarez Sánchez Suerga. La Revista de Filosofía, Literatura y Ciencia le dedicó un número necrológico.

 

Roque Barcia (242). Nació un 23 de abril de 1823 y falleció en 1885. Fundó en Cádiz El Demócrata Andaluz, alma de la insurrección de Cartagena. Cristianismo y progreso (1861, edición quemada por el gobierno). Teoría del infierno y ley de vida (Madrid, 1868). La filosofía del alma humana (Gerona, 1856). Conversación con el pueblo español, 1869. El evangelio del Pueblo, 1869. Filosofía de la lengua española. Sinónimos castellanos, 2 vols., Madrid, 1870 (en los anticuarios, entre 54 y 75 euros). Formación de la lengua española derivada de la formación natural racional, Madrid, Álvarez, 1872. Publicó el primer diccionario etimológico de la lengua española: Diccionario general etimológico, 1880. Polígrafo y revolucionario, abolicionista, y uno de los grandes polemistas contra el neocatolicismo reaccionario[6] (Influencias y protestas neo-católicas, segunda parte de las Historias, 1865). Vivió en Francia, de vuelta colaboró en La Democracia. Sus trabajos le proporcionaron una gran popularidad. Se expatrió a Portugal hasta la caída de Isabel II. Fue un gran erudito y filólogo con un espíritu de corte místico. Menéndez Pelayo lo encasilla dentro del "protestantismo liberal", le adjudica un sincretismo greco-oriental y un hegelianismo de impronta krausista. Fue reiteradamente acusado de panteísmo por la jerarquía: "El pensamiento de Dios se encarnó en el misterio del universo, en la generación de todos los seres, en la armonía de esa naturaleza que nos asombra" (Catón político, pg. 150). "Dios no es otra cosa que la razón universal, la palabra sublime que se formula en los labios de la gran armonía, así en las flores del campo como en las estrellas de la noche" (Idem). Su filosofía se basa en la idea de progreso indefinido de la historia y en la libertad del individuo y, sobre ambos, una fe que roza el infinito. Combatió la monarquía, la propiedad y el catolicismo, convencido de que eran nefastos para el porvenir de España. Sin embargo: "no quiero la razón helada de Lutero ni de Calvino... yo, hijo de Jesucristo, hijo de su Cruz y de su palabra; yo, Jesucristo como creencia y como historia, quiero que la religión que yo adoro abra un juicio a los que se llaman doctores suyos y que sean medidos de los pies a la cabeza por el sentimiento cristiano" (Cuestión pontificia, Madrid, 1855). En los anticuarios se encuentra a la venta El nuevo catón. Exposición contra la infame pena del garrote vil, 1872.

 

Antonio Benítez de Lugo (278). (1841-1897), posibilista. Filosofía del Derecho o estudio fundamental, según la doctrina de Hegel.

 

Enrique Benito (281). Apenas sabemos algo de su vida, sólo que fue carmelita y que sus obras fueron muy apreciadas: Lecciones metafísicas y Comentarios teológicos a Santo Tomás.

 

Francisco de Cárdenas (440). 4 de febrero de 1817-1898. Lecciones de filosofía moral (ed. rarísima, Sevilla, 1837), son expresión del liberalismo de la época. Fundó en Sevilla El Conservador (1839) y la Revista Andaluza. Jurisconsulto y político, sus lecciones merecieron la censura del claustro de la Universidad lo mismo que de la jerarquía. Él mismo intentó destruir los ejemplares que quedaban, arrepentido de su pensamiento, por eso quedan tan pocos. De 1844 a 1846 dirigió El Globo. En colaboración con Nicomedes Pastor Díaz emprendió la edición de la Galería de hombres célebres contemporáneos.

 

Eduardo Caro Moreno (460). (n. 1825). ¿Hay Dios?, Madrid, 1887.

 

Jerónimo Carranza (466). De la Filosofía de las Armas (1569), elogiada por Cervantes, Herrera y otros. Caballero sevillano, gobernador de Honduras y de Sanlúcar de Barrameda, donde publicó su obra.

 

José de Castro Castro (522). Nación en 1863, hijo de don Federico de Castro, y obtuvo por oposición la cátedra de Metafísica de Valencia que permutó por su homóloga de Sevilla, la de su padre, ocupando éste la de Historia de España. Con posterioridad, pasará a la cátedra de Lógica Fundamental en Sevilla. Publicó: Psicología de la célula –Haeckel, Richet, Binet (Sevilla, 1889). Historia de la Filosofía (Sevilla, 1890[7]). “Concepto de la lógica”, un artículo reproducido por el Boletín de la ILE y elogiado por Francisco Giner de los Ríos (Discurso inaugural, Sevilla, Papelería Sevillana, 1902). Se doctoró en Madrid con una tesis sobre la teoría heliocéntrica de Alfonso Belhaw.

 

Federico de Castro Fernández había nacido en Almería el 30 de Diciembre de 1834 y fue el más cualificado de los discípulos de Sanz del Río. De genio extraordinariamente precoz, acabó a los once años la carrera de Magisterio en su ciudad natal. Explicó Retórica en Logroño y Lógica en Huelva, murió en la primavera de 1903. Catedrático de metafísica,  rector de la universidad, fundador del Ateneo hispalense, de la Revista mensual de Filosofía, Literatura y Ciencia, y de otras muchas instituciones culturales. No fue un mero divulgador del krausismo[8], sino que disintió en importantes aspectos doctrinales, inclinándose hacia una actitud más empirista. Algunas de sus obras: El progreso interno de la razón... (tesis doctoral de 1861). Resumen de las principales cuestiones de Metafísica. Analítica. 1ª Parte. Sevilla, 1868. Cervantes y la Filosofía española, Sevilla, 1870. Nueva biografía del Doctor Don Antonnio Xavier Pérez y López (1736-1792) con un breve estudio sobre su sistema filosófico, 1873-74. Ensayo de un programa razonado de Metafísica. Sevilla, 1879. Metafísica. Ensayo. T I. Propedéutica, 1879. Metafísica T II. Análisis. Sevilla 1890. Discurso de apertura del curso 1891-92 en la Universidad Literaria de Sevilla: "Filosofía regional" (¿La Filosofía andaluza?). Preparación para el estudio de la Metafísica (B.I.L.E., 1896), Positivismo (Id., nº 20, 1896 ), El monismo filosófico (Id. nº 21, 1897), Las escuelas visigodas (Id. nº 22, 1898). La filosofía de Krause (Idem, 57, 1933), Reseña de la Exposición Histórico-crítica de los Sistemas Filosóficos modernos y verdaderos principios de la Ciencia de Patricio Azcárate, Madrid, 1862[9]. Tradujo La fuente de la vida de Inb-Gebirol (Aven-cebrol) (sic), desde el texto latino de Juan Hispano y Domingo González (Madrid, s/f.)

 

Pedro de Céspedes (558). “Pax Christi y Para cambiar a Roma...”, Baeza, 5 nov. de 1739.

 

José Contero Ramírez (591). Osuna 1791-1856 ó 58. Hijo de humildes artesanos, catedrático por oposición de Metafísica. Fue el responsable de la introducción en España de la filosofía de Hegel. El cenáculo hegeliano que fundó sobrevivió a su persona y no fue absorbido ni anulado por el krausismo, conservó sus tradiciones y mandaba a Madrid aventajados expositores de tal o cual rama de la filosofía de Hegel. Fue también fundador del Ateneo Científico y literario de Madrid. Ágrafo. Refiriéndose Méndez Bejarano a la actividad de los krausistas en Sevilla al iniciarse el sexeño revolucionario, dice que "preparado el terreno por Contero y sus discípulos hegelianos... llegó D. Federico de Castro (...) y con sus admirables explicaciones de Historia de la Filosofía, vulgarizó el conocimiento de los sistemas antiguos y modernos, estudiándolos sin prejuicios en fiel y clara exposición"[10].  

 

Amalia Domingo Soler (727). Nacida en Sevilla el 10 de nov. 1835. Abandonada por su padre, supo del hambre. Cuando murió su madre viajó a Madrid. Espiritista*. Dirigió y publicó La luz del Porvenir, polemizando con autoridades católicas, refutando El Satanismo del Padre Monterola y las Conferencias del Padre Llanas. Sus escritos, a parte sus polémicas religiosas y filosóficas, tienen carácter sentimental. Fue muy querida por presos y pobres, abogada de los desvalidos. Obras: Refutación al Padre Manterola, Memorias del Padre Germán, Las grandes virtudes, Ramo de violetas (4 tomos), Yo te perdono (memorias de un espíritu, 8 tomos). Durante toda su vida se esforzó por la elevación cultural de la mujer, dejando constancia de una nobilísima actitud humana y moral. Murió en Barcelona en 1909.

 

*Según Menéndez Pelayo, la historia del espiritismo español tiene raíces muy antiguas: desde los goetas gentiles hasta los priscilianistas, y desde éstos hasta Virgilio Cordobés, Raimundo Tárrega, Gonzalo de Cuenca, Tomás Escoto y el Dr. Torralba. En el siglo XIX, los espiritistas españoles hallaban predecesor en el médico D. Luis de Aldrete y Soto, que en 1682 publicó en Valencia La verdad acrisolada con letras divinas y humanas, Padres y Doctores de la Iglesia. La doctrina filosófica del espiritismo afirmaba la pluralidad de mundos habitados, la pluralidad de la existencia del hombre, la reencarnación de las almas y la negación de la eternidad de las penas. En Sevilla se publicaba la revista El Espiritismo y había un importante cenáculo, dirigido por el general Primo de Rivera. “El krausismo contribuyó a difundir una doctrina del alma y sus destinos futuros en las esferas siderales muy semejantes al espiritismo” (Historia de los heterodoxos españoles, L. VIII, c. 4). La religiosidad espiritista iba asociada a un impulso de reforma cristiana, regeneracionista, contrario al fausto de la jerarquía y al dogma de la infalibilidad papal, y favorable a la restauración del espíritu cristiano primitivo.

 

 

Francisco de Paula Escudero Perosso (781). Sevilla 1828-1874. Autor de Sobre el lenguaje. Recibió una esmerada educación. Fue discípulo de José Contero Ramírez, pero su adscripción al hegelianismo sólo se recoge en su Discurso pronunciado en la Real Academia de Sevilla de Buenas Letras (21 de abril de 1871), Sobre el concepto filosófico de lo moral. En él describe lo moral como "conciencia del ser", incardinada en la ontología, lo moral fundamenta la antropología, pues al reconocer en sí mismo lo absoluto, el humano se eleva a la esfera del espíritu, desde la que "se concilian todas las contradicciones, se resuelven todas las oposiciones, se sintetizan todas las antinomias". Dicho discurso levantó una ola de protestas, alegatos y réplicas y conmovió durante meses a la intelectualidad sevillana, sin embargo, de él se infiere el conocimiento sólo aproximado que su autor tenía de Hegel, así como su inquebrantable profesión de catolicismo, todo lo cual le llevó a una posición pseudomística paralela a la de Roque Barcia (v. supra). Frecuentó en Madrid la tertulia del café del Príncipe, donde gozó de la amistad de Zorrilla, Campoamor... Polifacético y erudito, brilló con luz propia en los ambientes culturales de su Sevilla como polémico profesor, brillante abogado y elocuentísimo orador, elogiado por Castelar. Fundó con Federico de Castro y Antonio Machado y Núñez la Sociedad Antropológica de Sevilla. Falleció el 25 de junio de 1874.

 

Antonio María Fabié Escudero (819). Sevilla 1832-1899, de gran talento y escogida erudición, fue un importante miembro del partido moderado y del conservador, ministro de Ultramar y gobernador del Banco de España. Lógica de Hegel, Examen crítico del materialismo moderno (1875). Estudio sobre la organización y costumbres del país vascongado.  Pensaba que el idealismo hegeliano -que sólo se conocía a través de fuentes indirectas- no sólo era compatible con el cristianismo "sino que por su esencia presupone esta religión y la reconoce única verdadera y absolutamente necesaria" (Examen del materialismo moderno, pg. 19).

 

Julio Fernández Mateos (865). 1852-1920. Espiritista, anticatólico, librepensador masón. Dejó un libro crítico sobre la papisa Juana (Juana la Papisa, Madrid, 1912, 31 pp., edición de "El Motín") y otro de estudios bíblicos: La caja de Pandora. Director del periódico La Lucha, desde cuyas páginas mantuvo una encendida polémica con el padre Gago que le valió multas y cárcel.

 

Rodrigo Fernández de Santaella (876), conocido como Maese Rodrigo, sabio que vio la luz en Carmona (1444) y falleció en Sevilla hacia 1509. De su Libro de Marco Polo y de las cosas maravillosas y que vido en las partes orientales se hicieron cinco ediciones. Publicó muchas obras en lengua latina; en castellano: Tratado de la inmortalidad del alma (Sevilla, 1503). Fue catedrático en Bolonia, doctor en Roma, helenista, fundó en 1508 el Studium Generale que se convertiría en Universidad de Sevilla. Redactó sus estatutos prohibiendo expresamente que en su cátedra de teología se explicara el nominalismo o el lulismo. Abrió a la lengua vulgar las puertas de las ciencias eclesiásticas, traduciendo al castellano los sermones de San Bernardo. Se interesó por elevar el nivel cultural del clero.

 

Sebastián Fox Morcillo (912). El más insigne filósofo que haya tenido España -en opinión de Mario Méndez Bejarano. Nació en Sevilla en 1528, de nobilísima alcurnia provenzal, descendiente de los condes de Foix. Culminó sus estudios en Lovaina. Con apenas 19 años terminó una obra sobre los Tópicos de Cicerón, escolios y paráfrasis que continuaban la tradición empezada por Boecio. Comentó el Fedón y el Timeo de Platón. Tanta fue su fama de sabio que Felipe II lo eligió como maestro para su hijo Carlos. Un naufragio cuando volvía a España malogró su carrera antes de cumplir los treinta, hacia 1560. Intentó conciliar a Platón y Aristóteles, sugiriendo la idea de que la verdad pudiera hallarse en la congruencia de ambas doctrinas, adelantándose a Leibniz en su De natura philosophiae seu de Platonis et Aristoteles consesione. En teoría literaria se adelantó a Buffon, estableciendo la personalidad como sello de estilo, pero concediendo más derecho a la objetividad: “Ha de acomodarse el estilo al asunto, no el asunto al estilo”. Sobre Fox Morcillo han escrito textos excelentes  Menéndez Pelayo y D. Federico de Castro. González de la Calle tradujo algunos de sus tratados, por ejemplo De Juventute (en que Foxio estableció su moral). Este mismo autor publicó un estudio histórico sobre SFM (Madrid, 1903?).

         Recientemente, María José Martínez Benavides ha publicado un CD-Rom: Los estudios platónicos de Sebastián Fox Morcillo. El comentario al Timeo, colección Soportes Audiovisuales e Informáticos, Universidad de La Laguna, Spull, Tenerife, 1999.

 

Alonso de Fuentes (928). Nacido en 1515. Summa de Philosophía natural (1547, dedicada a Carlos I). La Summa está dividida en seis partes: la primera trata de la sustancia y los elementos; la segunda del fuego y de si existe sobre el globo terráqueo; la tercera, del agua; la cuarta, de los planetas; la quinta, de la meteorología; y la sexta, de la tierra y del reino vegetal y animal. Dialogan un caballero italiano, Etrusco, y otro andaluz, Vandalio, que responde, el primero en versos italianos y el segundo en verso suelto castellano. La obra se propone la cristianización del más excelso de los filósofos, Platón. La sustancia divina es la unidad que, sin ser número, contiene todo número. La creación no es arbitraria, sino conforme a razón, pues el poder es inseparable del saber. Alonso Fuentes admite la creación de una materia informe donde todo se hallaba como el árbol en la semilla. Anticipó las tesis de Huarte de San Juan y de Oliva (o Miguel) Sabuco, según la cual el cerebro es órgano material de la inteligencia y la diferencia de ingenios depende de la diversidad de temperamentos. Según algunos comentaristas, Fuentes supera a Huarte y Sabuco al pensar que no son las potencias anímicas dependientes del organismo, sino de su ejercicio, adelantándose al célebre símil de Lebniz (Castro). La Filosofía natural se tradujo al italiano con el título de Le sei giornate (Venecia, 1567).

         Conservamos de Fuentes también una segunda obra, el Libro de los quarenta cantos, dedicada al marqués de Tarifa y dividida en cuatro partes: bíblica, romana, extranjera e hispanocristiana.       

 

Francisco García Portillo (992). 1812-1894. De muy humilde cuna, con gran esfuerzo cursó las carreras de ciencias y teología, y se hizo sacerdote. Fue catedrático de matemáticas, primero de la universidad y luego en el recién creado instituto, donde enseñó hasta su muerte. “Valió mucho y no dejó un solo enemigo”. Escribió: “Importancia de la metafísica como fundamento del conocimiento científico”, discurso pronunciado el 4 de noviembre de 1860 con motivo de su recepción en la Real Academia sevillana de Buenas Letras. “Contra el materialismo” (1877).

 

Rafael González Janer (1103). 1839-1908. Necesidad de la religión (1882). La idea racional de Spencer o reflexiones sobre la filosofía moral de Spencer (Madrid, 1890). 

 

El impacto en España del evolucionismo, entendido bajo la óptica spenceriana fue muy relevante. Herbert Spencer fue sin duda uno de los autores más comentados y citados en el último cuarto del siglo XIX español. Sanpere y Miquel en su traducción de El Universo social de Spencer trata de explicar “por qué en España, tal vez más que en otra parte de Europa, tienen hoy las doctrinas de H. Spencer mayor número de partidarios entre los hombres dedicados al estudio de la filosofía y de las ciencias políticas”, apelando al fuerte arraigo que anteriormente tuvo entre nosotros el krausismo. Según Sanpere, “nada hay en Spencer que no esté en Krause”. Las categorías del idealismo krausista podrían ser transferidas fácilmente al organicismo agnóstico spencerista.

 

Alejandro Guichot y Sierra (1166). Nació en 1859 y murió después de 1931. Supersticiones populares andaluzas (100 pgs. del tomo I de la Biblioteca de las tradiciones populares españolas, Madrid, 1984), La ignorancia y la enemistad, discurso inaugural de conferencias éticas a los hombre buenos e inteligentes (1899). Ciencia de la Mitología. El gran mito chtónico-solar (Madrid 1903), Antropología. Vulgarización enciclopédica de sus elementos  (1911). Fue discípulo de Sales y Ferré, fundador de la Casa del Pueblo de Sevilla.

 

Ángeles López de Ayala y Molero (1413). Nació en Sevilla  en 1856. Aunque no le dejaban leer más libros que los de la enseñanza elemental y se le ocultaban plumas y lápices para que no escribiera, nadie pudo contra la vocación de esta inteligente mujer. A hurtadillas, con carbones, escribía sus versos y pensamientos. Dramaturga célebre, ya casada, se traslada a Madrid. Escribe la novela Los terremotos de Andalucía o Justicia de Dios (1887). En 1889 imprime un tomo de Cuentos y Cantares. Se traslada a Santander y luego a Barcelona. Fundó en Barcelona, en el año 1891, El Progreso, semanario que dirigió hasta 1901.  Favorable a la libertad de conciencia y republicana, sus ideas le atrajeron el encono de muchos. La agredieron a tiros y le abrieron siete procesos, viéndose en prisión por tres veces. En 1897 funda la Sociedad Progresiva Femenina. En 1899 estrenó: De tal siembra tal cosecha (Barcelona, 1899). Asiste a Congresos nacionales e internacionales en representación de las librepensadoras de Barcelona y Sabadell. Publicó un libro de lecturas recreativas para las escuelas: Primitivo. Dirigió El Gladiador y El liberador. Montó una escuela laica y un hospital laico, El Nivel Rojo (alternativa a la Cruz Roja). Se ocupó de la administración de la Escuela de sordomudos y anormales de Barcelona.

 

Juan de Lugo (1468). 1583-1660. Grandísimo escolástico y cardenal jesuita. A causa de sus numerosísimas ocupaciones, sus trabajos quedaron manuscritos, su obra constituye el último gran monumento especulativo en que dogma, moral y derecho aparecen armónicamente unidos.

 

Antonio Machado Núñez y la recepción del evolucionismo en Sevilla

 

Antonio Machado y Núñez, el abuelo del grandísimo poeta, nació en Cádiz en 1812, donde estudió medicina, farmacia, ciencias naturales y filosofía y letras, todas las cuales concluyó con el doctorado. Luego probó fortuna en Guatemala y, vuelto a la península, marchó a París donde trabajó como ayudante del famoso toxicólogo M. Orfila. Ejerció con éxito la medicina en Sevilla y en 1844 se incorpora a la universidad, primero como profesor de geología y luego como catedrático de ciencias naturales. En 1861 entabla una cordial amistad con Federico de Castro Fdez. (v. supra) y juntos renuevan la vida universitaria sevillana. Jefe de la izquierda liberal en la ciudad, tomó parte en la revolución del 68 y fue el alcalde hasta la llegada de Amadeo de Saboya. Como para Federico de Castro (entonces Decano de Filosofía y Letras), el efecto de la revolución del 68 en la universidad significó para su rector una profunda desilusión, pues las libertades fueron entendidas por los estudiantes como inasistencia a clase y proliferación de algaradas y manifestaciones... Escribe entonces una Circular a los Decanos en que dice lo siguiente (30 de nov. de 1869): "Uno de los grandes males que en los pasados y presentes tiempos han afligido a nuestra patria, ha sido el espíritu de intolerancia política y religiosa de que estamos poseídos... El espíritu de intolerancia es hoy opuesto al Código fundamental del Estado... Estas reflexiones, tan sencillas como exactas, no tienen, sin embargo, aplicación en nuestra Universidad..."[11]

         En 1883 se trasladó a Madrid como catedrático de Zoología, siendo decano hasta su fallecimiento en 1895, incrementó entretanto sus relaciones con el institucionismo, estrechando sus antiguos lazos con don Francisco Giner de los Ríos. A través de su transformismo, el antiguo sensualismo hispano enlazaba con el moderno positivismo (Díaz Díaz). Fue uno de los primeros propagadores del evolucionismo darwiniano (que entonces se llamaba “transformismo”). En la Revista mensual de Filosofía, Literatura y Ciencias, III, 1871, p. 66, escribe: “Partidarios de la doctrina darwiniana no aceptamos las creaciones intermitentes ni repentinas, sino la lenta evolución de la materia orgánica al través de los siglos y de las circunstancias cósmicas, y por lo tanto hay que buscar en las capas del globo las hojas interrumpidas del gran libro de la naturaleza, que por los esfuerzos de los naturalistas y de los geólogos han de llegar a reconstruirlo”. A. Machado Núñez fue asimismo el editor de la obra de E. Haeckel: El monismo como nexo entre la religión y la ciencia (Madrid, 1893).

         Otro de los más tempranos expositores del darwinismo en España fue Rafael García Álvarez, catedrático de Historia Natural del Instituto de Granada, que incorpora la teoría “transformista” en sus Nociones de Historia Natural para el uso de los alumnos de Segunda Enseñanza en su segunda edición de 1867. Durante la restauración, García Alvarez sería uno de los más ardientes difusores del darwinismo, en la serie de artículos aparecidos en La Revista de Andalucía (Málaga, 1976) o en su libro Estudio sobre el transformismo, excelente exposición de la teoría evolucionista[12]. En Sevilla difunde las ideas evolucionistas Rafael Ariza, famoso otorrino y catedrático de la Facultad de Medicina. A su muerte, sus Escritos médicos fueron recopilados y publicados por su amigo el Dr. Pulido (Madrid, 1988, 3 vv.). Rafael Ariza fue también un gran defensor de las teorías haeckelianas. Contra el evolucionismo se manifestó Federico Benjumea y Fernández, decano de la Facultad de Medicina en su Discurso leído en la Universidad literaria de Sevilla en el solemne acto de apertura del Curso académico de 1878-1878, impreso en Cádiz en la Revista Médica. Benjumea impugna la teoría evolucionista por el marcado abismo entre el estancamiento del reino animal y el continuo progreso humano: “Si los ascendientes ceden a los descendientes sus principales aptitudes, ¿cómo nos encontramos en algunas familias de antropomorfos rasgos de civilización y de progreso?”.

 

         Donde más frecuentemente se publicaron en España las obras de Spencer fue en la “Biblioteca científico-literaria” de Sevilla (dirigida por Manuel Sales y Ferré –uno de nuestros primeros sociólogos- y Federico de Castro). La filosofía sintética spenceriana justificará la reflexión filosófica como síntesis unificadora de conocimientos científicos particulares, dentro del cientifismo positivista de la época. La teoría evolucionista ensanchará su primitivo alcance biológico, elevándose al rango de concepción global de la realidad.

 

Antonio Machado y Ruiz (1875-1939). Tras la muerte de Leonor, a partir del otoño de 1912, Antonio Machado buscó refugio en la filosofía, su espíritu se había nutrido de idealismo krausista. Después vinieron Unamuno, Ortega y la lectura sistemática de los grandes autores: Platón, Descartes, Leibniz, Kant, Schopenhauer. La peculiar fenomenología machadiana distancia sistemáticamente el mundo real interponiendo apócrifos que preservan la intimidad del poeta. Díaz traza el catálogo de problemas y "disquisiciones profesorales" tratados por Abel Martín y Juan de Mairena: el solipsismo a partir de la mónada, la crítica de la crítica kantiana, la heterogeneidad del ser, la inquietud de lo divino, las relaciones entre el ser y la nada. Todo ello tratado con un lenguaje imaginativo, limpísimo y paradójico[13].

 

 

José Marchena Ruiz y Cueto.  El Abate Marchena

 

José Marchena y Ruiz de Cueto (1537). Utrera 1768-1821[14].

 

         Cuando el llamado "Abate Marchena" padece su segundo destierro, se hace patente su superioridad con relación a la mayoría de los «afrancesados» que le acompañan, su superior combatividad política y dignidad personal. Él no comete la vileza de aquellos que se apresuran a implorar de Fernando VII un regreso que les restituya sus prebendas mediante adulaciones o llantos. Tras el restablecimiento en España de la monarquía absoluta, nuestro personaje figura nuevamente en primera línea de la lucha contra la tiranía, mientras sus compañeros colabora­cionistas, los «josefinos», intentan congraciarse con el déspota.

         Son las paradojas de la historia. El nombre que ha pasado durante lustros por una especie de paradigma del furor revolucionario, del cinismo intelectual y moral, o la blasfemia irreverente, es el de un hombre cuya conducta, desde la perspectiva actual, es en líneas generales notablemente digna y honrada. Puede incluso que, a pesar de su fama de ateo (puso en su casa de París a modo de blasón la consigna «Aquí se enseña el ateísmo por principios»), fuese no obstante profunda­mente religioso, aunque a su manera, anticlerical y deísta.         

         Este sevillano de Utrera, descendiente de hombres tan letrados como buenos católicos, amó sacrificadamen­te la libertad y odió la superchería y la falsedad, tanto al menos como el desorden y la anarquía. Pero su carácter jactancioso, su máscara de altenaría, su cáustica mordacidad, su vena panfletaria, tal vez le hicieron pasar por otro que no era y confundieron a varias generaciones de estudiosos...

         Dice Menéndez Pelayo:

 

«Marchena no hizo gran fortuna, ni siquiera con los afrancesados, lo cual ha de atribuirse a su malísima lengua, afilada y cortante como un hacha, y a lo áspero, violento y desigual de su carácter»

                                     

         En efecto, Marchena nunca salió de pobre y demostró una gran entereza, casi heroica, en la adversidad. Cuando, después del golpe de 1799, Napoleón llegó al poder, fue nombrado inspector de contribuciones en los países conquista­dos, agregado al estado mayor del ejército del Rin, que mandaba el general Moreau. Algunos contemporáneos notaron con asombro que, tras su etapa de recaudador de contribuciones, nuestro hombre volvió a Francia tan ligero de equipaje como había salido.

         Sus pecados fueron en verdad menores. Siendo estudiante universitario fundó el primer periódico moderno de Salamanca, El Observador, a finales de 1787, para denunciar en él el carácter inmoral y opresivo de los placeres que entretenían a los poderosos y el horror de la indigencia de los más senci­llos, para proponer la exaltación teatral de los valores de los menesterosos y profesionales liberales, o para referirse a la amistad y el amor desde una perspectiva sensista y utilita­ria. La tercera entrega de El Observador escandalizó al censor del Santo Oficio, que vió en él «un puro materialismo».

         Marchena no había hecho otra cosa que recoger un tema que era ya tópico entre los intelectuales europeos de la Ilustra­ción: el del amor propio como móvil de todas las operaciones del hombre, pues todo sentimiento afectuoso responde en el fondo a la búsqueda del propio placer. El principal difusor del concepto había sido La Rochefoucauld. Helvetius había escrito que el amor propio no es sino un sentimien­to grabado en nosotros por la naturaleza, y que ese sentimiento se transforma en cada hombre en vicio o virtud, según los gustos o pasiones que le animen. Voltaire lo llamará «el instrumento de nuestra conservación... El instrumento de la perpetuidad de la especie» y el barón D'Holbach compara el amor propio con lo que los físicos llaman «gravitación sobre sí» y Newton «fuerza de inercia». Es decir:

 

«La tendencia a conservarse, el deseo de felicidad, el amor al bienestar y al placer, la presteza en adoptar todo lo que parece favorable a uno mismo y la aversión a lo que perturba y amenaza»

 

         Ni que decir tiene que el tan manoseado concepto sirvió para exaltar el papel histórico que la burguesía desempeñaría en el desarrollo de la economía política, cuyo resultado son nuestras "sociedades del bienestar"[15]. Los filósofos y economis­tas del Siglo de las Luces creyeron firmemente que sus expectativas de progreso se realizarían gracias al egoísmo, al amor propio de la clase social ascendente, cuyo comportamiento se caracterizaba, precisamente, por la búsqueda del máximo beneficio posible.

         Marchena compartía este optimismo histórico y realzaba el papel social de aquellos, precisamente, a quienes escarne­cían los comediógrafos en los teatros, buscando el aplauso y la risa fácil del populacho: al hombre de letras, al comerciante, al juez, al abogado, al político... al ciudadano.

         Marchena ponía en duda los principios de la dogmática escolás­tica, a favor del racionalismo moderno. Y ello le exponía al ataque de la Inquisición. En 1788 los discursos de El Observa­dor eran remitidos uno tras otro por el inquisidor general al Consejo Supremo del Santo Oficio. El juez prohibía su publicación, y un edicto inquisito­rial, censuraba su lectura. La suerte sufrida por El Observador ponía de manifiesto el agotamiento de la vía de progreso abierta por la colaboración entre la monarquía despótica y el movimiento ilustrado. Inmediatamente, la muerte de Carlos III dejaba el reino en manos de un estúpido y de una mujer soluble e intrigante. Los sucesos de Francia y el miedo al contagio revolucionario provocan en el poder una reacción defensiva que se traduce muy pronto en una nueva alianza entre la monarquía y la Inquisi­ción, y en un recrudecimiento de la represión.

         Marchena le dedica a la Revolución francesa una Oda en la que Menéndez Pelayo vio «sin disputa, los más antiguos versos de propaganda revolucionaria compuestos en España».  Marchena también será una de sus víctimas. Envuelto en sus conflictos, denunciando sus excesos, el sevillano, en su periodo bayonés y girondino, desafió al mismísimo Robespierre con una carta llena de insolencias.

         Marchena abominaba de esos autores que se prestan a servir al poder y a adular a los magnates desde la dedicato­ria de sus obras. Cultivó como poeta los temas de la lírica ilustrada: la virtud, la ciencia, la filosofía, los derechos del hombre, la denuncia del fanatismo y la intoleran­cia, el estudio de las artes y «la amistad juiciosa», pero también compuso una oda A Cristo crucificado y era lector de la Guía de pecadores de fray Luis de Granada, lo que da idea de la fascinante complejidad de su personalidad intelectual.

         A partir del año II de la Revolución, después de la experiencia del terror, los Estados Unidos se presentan a sus ojos como el verdadero reino de la libertad y sus ideas políticas giran hacia el moderantismo pacifista.

         El primer traductor del Contrato Social de Rousseau a nuestra lengua, de muchas obras de Molière, de los cuentos de Voltaire, de Las cartas persas de Montesquieu... fue también un fino erudito de vasta penetra­ción histórica, como demuestra la memoria que envió hacia 1798 al rey Carlos IV, revelando la existencia en la Biblioteca de la República de varios manuscri­tos visigodos de los siglos VI y VII que reputaba del mayor interés para la reconstrucción de la historia medieval de los reinos hispanos, rasgo que evidencia -según reconoce Menéndez Pelayo- "su claro entendi­miento".

         Su excepcional cultura clásica quedó suficientemente probada no sólo por su traducción del De rerum natura de Lucrecio (1791), sino por la ingeniosa imitación de Petronio que escribió en Basilea. Todo empezó con una refinada y atrevida broma de sociedad. Se trataba de encontrar un texto al que se pudieran adaptar unas notas eruditas de carácter erótico que se pretendían imprimir. Marchena pensó en un pasaje del Satiricón en el que había creído advertir una laguna, y quiso completar el sentido del pasaje con un breve fragmento compuesto por él mismo imitando el latín de Petronio. Le zurció seis notas explicati­vas más largas que el propio texto y publicó todo ello como edición crítica de un pasaje descono­cido de Petronio encontrado por él en la biblioteca de Saint-Gall, en un pergamino que contenía los deberes de los eclesiás­ticos según san Genaro. Se ha dicho que Marchena pretendía burlarse de los doctos humanistas alemanes y de su manía de sepultar los textos clásicos bajo una losa de erudición. Si así fue, la broma no pudo ser más eficaz. Se apropió del espíritu y el estilo de Petronio con tal perfección que provocó el error de presti­giosos sabios alemanes, y el texto se hubiera tenido por auténtico si no hubiera sido porque el propio librero acabó desengañando al público. El tono humorístico de todo el Fragmentum Petronii hubiera desengañado a los eruditos, ¡si hubieran tenido la perspicacia de reparar en él!

         Las notas de Marchena al fragmento apócrifo ofrecen una exposición didáctica y desenfadada de las costumbres amorosas de la Antigüedad y una "reivindicación culta y festiva del erotismo, llena de guiños, de ironías irreverentes, pero con un trasfondo moral nada desdeñable" (J. Francisco Fuentes, 1989). A diferencia de Sade, Marchena cree que el erotismo sirve para mantener la buena armonía entre el individuo y la sociedad, y que por medio de 

 

«estas misteriosas relaciones... la naturaleza recobra sus derechos, eludiendo los vínculos sociales sin romperlos». 

        

         A mediados de 1820 aparecían en Burdeos las Lecciones de Filosofía moral y Elocuencia de Marchena, especie de antología de las letras castellanas semejante a las que publicaron anteriormente Capmany y Quintana. Estas Lecciones iban precedidas de un extenso Discurso sobre la Literatura española, que constituye, según algunos, con el Fragmentum Petronii, la obra original de más fuste de las que conocemos como suyas.

         Marchena volvió a España en 1920, su conducta era entonces más propia de un liberal -se le llamó "anarquista"- que de un alto funciona­rio de la monarquía bonapartista. Poco después murió.

         Su perfil de hombre de acción y el rico anecdotario legado por sus contemporáneos convertirían su figura en legendaria. Blasco Ibáñez hará de él uno de los protagonistas de su novela La explosión, tercera parte de Viva la República. Menos fantásticas y más fieles a la historia son las recreaciones de Pio Baroja (Con la pluma y con el sable), en El amor, el dandismo y la intriga y en El aprendiz de conspirador, evoca su figura... En La vitrina pintoresca se le llama «enano malicioso y genial». Marañón intentó desmitificar el personaje, despoján­do­le de su ropaje de terrible heterodoxo y demagogo, “para dejarle reducido a un hombre de evidente talento literario, dado a la extravagancia, arrastrado por la pasión y la inquietud de su tiempo, pero, en el fondo, inofensivo”.

         También Alejo Carpentier le rinde homenaje en algunas páginas de su monumental El Siglo de las Luces. Pero su realidad histórica tal vez fue todavía mejor que su leyenda[16].

 

 

Manuel María de Mármol (1544). 1776-1840. Combatió el escolasticismo, inclinándose por Wolf <sic>, que había desenvuelto con originalidad el sistema de Leibniz. Se le debe un Tratado de lógica.

 

Oswaldo Market (Sevilla, 1927). Autor de Dinámica del saber.

 

Pedro Mejía (1618). 1500-1552. Fue corresponsal de Luis Vives y Erasmo, se le describe como magnífico caballero por su discreción y templanza, llamado en Sevilla el filósofo. Predijo su propia muerte. Se hizo internacionalmente famoso por su Silva de varia lección (Sevilla, 1540), que fue muy imitada en Italia y Francia, y traducida también al inglés y al alemán. Sus Colloquios o Diálogos (Sevilla, 1547) ofrecen mina abundante de sabias sentencias y preciosos consejos.

 

Mario Méndez Bejarano (1640). Autor del Diccionario (1922-23) que seguimos en esta relación, políglota, nacido en 1857 y fallecido en 1931. Discípulo de Federico de Castro, liberal y progresista, fundó las revistas El Universo, y El pensamiento moderno y dirigió la hoja literaria La Protesta. Fue uno de los más decididos impulsores de los ideales andalucistas. Su conferencia "Idiosincrasia andaluza" pronunciada en el Centro Bético de Madrid en 1907 es considerada una de las piezas fundacionales del andalucismo histórico. Infatigable activista cultural y hombre de probada honradez, llegó a gozar del respeto de sus más radicales adversarios, hasta ser nombrado en 1900 Consejero de Instrucción Pública gobernando el Partido Conservador. A partir de 1920 y como comisario regio de la Escuela del Hogar llevó a cabo una gran labor a favor de la elevación cultural de la mujer. Su tratado de Historia de la Filosofía española hasta el siglo XX, Madrid, 1928, que se cierra con dos capítulos dedicados al estudio del espiritismo y la teosofía, fue la primera de este género y la única con que contó la bibliografía sobre esta materia durante decenios, hasta la aparición del Bosquejo de Historia de la Filosofía española que L. Martínez Gómez incorporó a su traducción de la Historia de Hirschberger, después la del dominico G. Fraile, y más recientemente la Historia crítica del pensamiento español de J. L. Abellán, y la Historia de la Filosofía española del ilustre hispanista francés Alain Guy.

 

Francisco de A. Milla y González (1678). Autor del s. XIX: Psicología, Lógica y Ética.

 

Juan Montes de Oca (1714). Sevilla h. 1460/5-1532 (Perusa). ‘Theologus et Phisosophus acutus’. En 1489 explicaba lógica y filosofía en Bolonia, explicó a los franciscanos de Mirándola, Roma, Pisa y Florencia (1527) los libros de Escoto. Acostumbraba a firmar sus libros Juan Hispano. Reanudó en 1507 sus explicaciones en Bolonia. Las Universidades se disputaban su colaboración. Experto aristotélico con un cierto tono averroísta recibido de la Escuela de Padua, tal vez recibido de Pietro Ponponazzi, a quien conoció en Bolonia. Dejó impresas: Lectura Fratris Pauli Scriptoris Ordinis Minorum de Observantia, quam edidit declarando subtilissimus Doctoris Subtilis sententias circa Magistrum in primo libro (Mirando, 1506), entre otras obras latinas y comentarios a los textos de Aristóteles y las Sentencias de Scoto. Dejó manuscritas muchas otras, por ejemplo, una Lectura in prologum Averrois. En su comentario al libro III del De Anima reserva a la fe la inmortalidad del alma: "quod nulla est ratio naturalis qua cogat intellectum ad assentiendum quod anima sit inmortalis".

 

José Moreno Fernández (1751). Osuna 1825, fallecido en 1900. Fue médico literato. Escribió Las Pasiones y Cartas a un escéptico. Fue catedrático de fisiología experimental de orientación vitalista y miembro de la Sociedad Antropológica y de la Sevillana de Buenas Letras, decidido defensor del positivismo.

 

Felipe Fernando Oconry (1838). Nacido en 1726, de origen irlandés, secretario de Carlos III. “Reflexiones críticas sobre la historia y origen de la Filosofía” (Manuscritos, dos partes). Contribuyó en 1751 a la creación de la Real Academina de Buenas Letras de Sevilla

 

Tomás (ó Diego) de Ortiz (1882). Muerto en 1640, tomista. Quaestiones in Logicam (Sevilla, 1640). Cursus philosophicus Angelico-Thomisticus. (8 vv., la última edición en Alemania en 1667).

 

Marco Ostos (1898). Nacido en Écija durante el primer tercio del XVII, mercedario, predicador y censor de la Inquisición, y arzobispo de Salerno (Nápoles). Escribió un Curso de Filosofía especialísimo, en que dio a luz “el punto sutil de la distinción real metafísica”.

 

Arcadio Pabón y Montiel (1910). Osuna 1843-Jaén 1909. Fundó en Cádiz el periódico El Palo. Fue profesor de Instituto en Jaén. Pensador independiente, publicó unos Elementos de Filosofía (1888). Dejó inéditas unas Fuentes de Filosofía y unos Cuentos andaluces.

 

Antonio Javier Pérez y López (2001). 1736-1792. Benemérito jurista, teórico de la honra legal y natural. Biografiado por Federico de Castro (Nueva biografía del Doctor Don Antonio Xabier Pérez y López, con un breve estudio sobre su sistima filosófico, Rev. mensual de Filosofía, 4, 1872). Publicó Principios del orden esencial de la Naturaleza... Nuevo sistema filosófico (Madrid, 1785). Es un gran compendio de filosofía en trescientas páginas, dedicado a José Moñino, conde de Floridablanca, ofrece un conjunto armónico de metafísica, cosmología y ética, con una técnica expositiva cartesiana. Crítico de la escolástica y del cartesianismo, opone a éste su fórmula: “soy, luego el sér es”, o "yo soy, luego siempre ha habido un ser":

 

«La fuerza de la famosa proposición cartesiana ‘yo pienso, luego soy’, consiste en la imposibilidad metafísica de que la nada piense... Ahora bien; la proposición ‘yo soy, luego siempre ha habido un sér’, es idéntica en todo, pues repugna que en algún momento de la eternidad no existiera aquel ente cuya esencia es el sér y la existencia misma».

 

         Así pues, Antonio Javier excluye el subjetivismo de la razón, buscando el fundamento de la razón individual en el Sér absoluto e infinito donde coexisten con la Verdad absoluta todas las verdades subjetivas, sólo justificables en la Unidad suprema del Sér y del Conocer.

         J. L. Abellán y Martínez Gómez describen a Antonio Xavier Pérez y López como representante independiente de “un pensar armónico racionalista, con pretensión de sistema cerrado. Mitad filósofo, mitad teólogo y místico”. Su construcción recuerda la de los neoplatónicos, de Llull, Sibiuda y Leibniz. Pretende construir una concepción ortodoxa, pero desde una consideración profana y racional del universo. Dios, como pieza clave, imprime una finalidad a toda la creación. Su método es lo más moderno de de Pérez y López,  pues es rigurosamente racional y geométrico. Subyace en su filosofía la suposición de que el orden primitivo prescrito por Dios a la naturaleza fue viciado por el pecado, y la tarea de los hombres es combatir esa corrupción y trabajar por la restauración de aquel orden originario, para lo que la misma naturaleza nos sirve de guía[17].

 

Agustín Pérez de Oliván. Nació en el último tercio del siglo XV en Sevilla. Enseñó Arte en París con fama de sutilísimo filósofo. Quaestiones in quattuor libros sententiarum de Juan de Buckingam, 1505. Comentario a los Posteriores de Aristóteles, 1506. El autor pretende ser independiente frente a realistas y nominalistas, aunque se inclina al final por estos últimos. Fácilmente deriva hacia cuestiones psicológicas, metafísicas y teológicas. Explicó física y tal vez lógica en la Complutense.

 



[1] Texto cit. por María Cobos Navidad en “Persona y democracia en María Zambrano”, en Pensadoras del siglo XX (ed. de Amelia Valcárcel y Rosalía Romero), Instituto Andaluz de la Mujer, Sevilla, 2001.

[2] cfr. pg. 319 de la obra de Gonzalo Díaz Díaz, Hombres y documentos de la Filosofía española... II, Pedro Cerezo Galán. CSIC, Instituto de Filosofía Luis Vives, vol. I, Madrid, 1980; I, 1983.

[3] Hemos utilizado la edición facsímil de 1989, editada por Padilla en Sevilla con la colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

[4] Hobres y documentos... op. cit, vol I.

[5] A. Jiménez García. El krausismo y la Institución Libre de Enseñanza. Prólogo de J. L. Abellán, ed, Cincel, Madrid, 1986, § 4.2.

[6] El neocatólico más contundente fue el filósofo jiennense Juan Manuel Ortí y Lara (Marmolejo, 1826-Madrid 1904). Se doctoró en Granada en Derecho (1847) y en Filosofía por la universidad de Madrid (1868). Perteneció al círculo de Fray Ceferino González, defensor ardiente del escolasticismo. Fundó en 1870 La Ciudad de Dios,  en 1877 La ciencia cristiana, y El Universo en 1901. Fue separado de su cátedra en 1870, hasta 1873, por no jurar la constitución del 68. Sustituyó en 1875 a Nicolás Salmerón en la Universidad Central, hasta su jubilación en 1900. Su inteligencia, aun fanatizada por el dogmatismo católico (Menéndez Pelayo y Ceferino González le parecían "tibios"), le permitía analizar profunda y agudamente las doctrinas que combatía, desvelando sus debilidades. Anticartesiano, antiliberal, fue "bestia negra" del krausismo, que combatió con todos los medios a su alcance.

[7] Probablemente esta obra será la misma que cita José Luis Abellán como Historia de la filosofía española, 1890.

[8] El canónigo Mateos-Gago le llamó "La sibila del krausismo", o bien, "la espada tudesca de finísimo temple".

[9] Esta relación de las obras filosóficas de Federico de Castro Fdez.  parece exhaustiva, se la debemos a Juan López Álvarez. Federico de Castro y Fernández (1834-1903). Filósofo e Historiador de la Filosofía, Univ. de Cádiz, 1984. En esta estupenda monografía se puede encontrar también la relación de las obras de historiografía, folklore, traducciones... así como distintos estudios sobre el ilustre andaluz (pgs. 64-67).                                                                                                                

[10] _Historia de la Filosofía en España hasta el siglo XX. Madrid, Renacimiento, sin fecha (pg.31).

[11] cit. por Juan López Álvarez en su monografía sobre Federico de Castro, ya citada, pg. 27.

[12] Diego Núñez Ruiz. La mentalidad positiva en España: desarrollo y crisis, Tucar, Madrid, 1975, VI. En el mismo año de 1866 Francisco Flores Arenas, catedrático de Medicina de la Universidad hispalense pronuncia un discurso contra el evolucionismo en la apertura del curso sobre el tema: “¿El hombre es de una naturaleza superior a la de los demás animales?”, que se publicará en Sevilla en 1867.

[13] Puede cazarse en la Red nuestra visión de la filosofía de Machado como dialéctica de las creencias. Y también en "La Dialéctica Machadiana de las Creencias", José Biedma López, en El Instituto de Baeza a Machado, Baeza 1997, pgs. 155-160,

[14] Cfr. Juan Francisco Fuentes. José Marchena. Biografía política e intelectual. Ed. Crítica, Barcelona, 1984.

[15] No deja de ser paradójico que se llamen así -y no "sociedades del malestar"- sociedades en que se multiplican las depresiones, las toxicomanías, los maltratos a niños, mujeres y viejos, sociedades en que los vicios pasan por virtudes, los jóvenes delinquen por aburrimiento, los energúmenos devienen ídolos mediáticos y cada vez más gente enloquece sola, aun "hipercomunicada", pero pasando más hambre de felicidad que un caracol en un espejo.

[16] Retoco aquí la semblanza publicada en Interpretación de Andalucía. Nuestro Renacimiento, José Biedma, Úbeda, 1998. Epílogo a la segunda parte.

[17] José Luis Abellán y Luis Martínez Gómez. El pensamiento español de Séneca a Zubiri. Aula Abierta, MEC, UNED, Madrid, 1977. Pgs. 269-271.