|
El Búho Revista Electrónica de la Asociación Andaluza de Filosofía. D. L: CA-834/97. ISSN 1138-3569. |
LA VITA ACTIVA Y LA ÉPOCA MODERNA
Hannah ARENDT: La condición humana, Cap.VI., Ed. Paidós, Barcelona, 2002.
VI. LA VITA ACTIVA Y LA ÉPOCA MODERNA
0. RASGOS DEL TOTALITARISMO
Para entender la visión desencantada y pesimista que muestra Ana Arendt sobre la sociedad moderna nos puede ayudar el señalar someramente los rasgos característicos del totalitarismo que menciona Manuel CRUZ en la Introducción a La condición humana:
· En el totalitarismo todo se presenta como político: lo jurídico, lo económico, lo científico, lo pedagógico.
· Es un tipo de régimen en el que todas las cosas se vuelven públicas.
· La ausencia de vida privada, la alienación respecto al mundo y a los otros, la falta de identidad: la soledad, es la base en que se apoya el totalitarismo.
· El individualismo gregario. Agrupados y pegados los unos con los otros, y, al mismo tiempo, aislados.
· La pérdida de la individualidad conlleva la ausencia de espontaneidad y de iniciativa en el mundo.
· Las masas se pueden orientar tirando de sus deseos manipulados como si se tratara de hilos invisibles.
· El hombre corriente y superfluo es el más adecuado a tal sistema: v. gr. El caso EICHMAN.
Lo que debemos encontrar en una sociedad realmente democrática, por el contrario, es la formación de una libertad común en una comunicación orientada al entendimiento para poder lograr una vida buena y justa en la polis.
Se propone Arendt una reconsideración de la condición humana teniendo en cuenta los más recientes temores y experiencias. Intenta meditar sobre la falta de meditación propia de la actualidad.
En su crítica de la condición contemporánea de este mundo moderno atiende,
El progreso tecnológico nos permite acortar la distancia terrestre y al mismo tiempo va aumentando la separación entre el hombre y la Tierra: la humanidad se aliena de su inmediato mundo terreno. Nuestro poder sobre este mundo lo conseguimos alienándonos de él.
En nuestras sociedades más desarrolladas se da una inútil producción de medios de destrucción que se van acumulando y que necesitan ser eliminados porque pronto quedan anticuados.
La moderna pérdida de fe, cree Arendt, es de origen religioso. El hombre no se hace más mundano al dejar de creer en el más allá. No vuelve al mundo sino a sí mismo. La grandeza de Max WEBER estaría en descubrir el ascetismo interior mundano: el interés y preocupación por el yo es el combustible que hace posible una enorme y estrictamente mundana actividad sin tener que preocuparse o disfrutar del mundo. La característica de la Época moderna estaría en la alienación del mundo y no en la propia alienación como creía MARX. El proceso de acumulación de riqueza, tal como lo conocemos, estimulado por el proceso de la vida humana, sólo es posible si se sacrifican el mundo y la misma humanidad del hombre.
El proceso globalizado va llegando inevitablemente. Si la familia y su propiedad fueron sustituidos por la pertenencia a una clase y por el territorio nacional, la humanidad comienza ahora a reemplazar a las sociedades nacionalmente ligadas, y la Tierrra sustituye al limitado territorio del Estado. Podemos pensar que la decadencia de la esfera pública y privada fue provocada por el auge de la sociedad. Y la pérdida de una parte privadamente compartida del mundo nos llevó al eclipse de un mundo común público, tan necesario en la formación del solitario hombre gregario y tan pernicioso en la construcción de la mentalidad no mundana de los movimientos ideológicos de las masas.
A través del telescopio Galileo ilumina los secretos del universo con la misma certeza que antes se tenía en la percepción de los sentidos. Con los nuevos instrumentos, cada vez más complejos, la ciencia moderna nos lleva desde la astrofísica a la microfísica para observar la estructura interna de la realidad. El intento de esta descripción objetiva resulta una pasión inútil en cuanto tomamos conciencia de que los distintos avances en la investigación nos confunden a nosotros mismos: encontramos las leyes que nosotros previamente hemos elaborado en nuestra mente.
Con Descartes nos alejamos de Platón. En la época moderna se somete la geometría al tratamiento algebraico y se alcanza el ideal moderno de reducir a símbolos matemáticos los movimientos y datos de la sensación terrena. En lugar de observar los fenómenos naturales tal como se le presentaban, colocó a la naturaleza bajo las condiciones de su propia mente, es decir, bajo las condiciones obtenidas a partir de un universal, astrofísico, cósmico punto de vista, exterior a la propia naturaleza. Las matemáticas se convierten en la ciencia guía de la época moderna, y este ascenso nos separa de Platón. Para Platón las matemáticas no eran productos del intelecto, sino que su realidad era independiente de nosotros. En la modernidad las matemáticas se convierten en la ciencia de la estructura de la mente humana. La razón cartesiana sólo podrá conocer lo producido por ella misma: formas matemáticas generadas por la mente humana.
La filosofía moderna, para ARENDT, comienza con la duda universal de DESCARTES
Esta duda va a ser el eje invisible y el motor que anime todo el pensar, ya que es la respuesta que da DESCARTES a la nueva realidad que aparece. Ya no es la razón sino el telescopio construido por el hombre el que nos sitúa en el nuevo punto de vista sobre el mundo físico. Será la intervención activa del homo faber, su capacidad para fabricar (y no la contemplación, la observación y la especulación) la que nos va a llevar al nuevo conocimiento. Los ojos de la mente (razón) y no sólo los del cuerpo (sentidos) nos han venido engañando: lo amargo, lo dulce, lo frío, lo caliente, son pura convención… Pero, … pobre mente, tú, que recibes de nosotros tus pruebas, tratas de demolernos? Nuestro derrocamiento será tu propia ruina (cita que Galeno atribuye a Demócrito).
Cuando el Ser y la Apariencia se separan para siempre (supuesto básico de tada la ciencia moderna), a la fe no le quedó nada para tomar a su cargo; hay que dudar de todo. Ahora se confía más en la lectura obtenida por un aparato que en la mente o los sentidos.
El motivo por el que la filosofía moderna atacó tan duramente a la tradición, cree H. ARENDT, fue debido al concepto de verdad que defendía esta última: la verdad que se revela a sí misma (credo común de la antigüedad pagana y hebrea).
La filosofía cartesiana, al no poder confiar en los sentidos ni en la razón, reflejando la tragedia de la condición humana, es acosada por dos pesadillas que arrastrará toda la modernidad:
La cuestión de la certeza también afectó al desarrollo de la moralidad moderna. La pérdida más importante para la Época Moderna no fue tanto la aptitud por la verdad, la realidad, la fe, … cuanto la certeza que anteriormente iba con ellas. En la religión no fue la creencia en el más allá… sino la certeza de salvación lo que se perdió. La reacción ante esta situación fue un celo sin precedente por la veracidad. Las nuevas sociedades de científicos y sus virtudes cardinales (éxito, industria y veracidad) influirán en los nuevos modelos morales.
4. LA INTROSPECCIÓN Y EL PUNTO DE VISTA DEL MUNDO MODERNO
El puro interés cognitivo de la conciencia por su propio contenido, la introspección, debe producir la certeza, no la reflexión de la mente del hombre sobre el estado de su alma o cuerpo.
La importancia de la introspección cartesiana para el desarrollo intelectual y espiritual de la Época Moderna es debida a que:
Como podemos comprobar Descartes traslada el punto de ARQUÍMEDES al interior del propio hombre al elegir como último punto de referencia el modelo de la mente humana. Dicho traslado va a permitir a la ciencia la tarea de producir los fenómenos y objetos que desea observar.
El sujeto no podrá ir más allá de sí mismo y encontrará en la naturaleza lo que el mismo ha puesto (KANT). Nuestro intento de buscar lo que no somos se frustra al encontrar sólo los modelos de nuestra propia mente. Los científicos caen en círculo vicioso: formulan sus hipótesis para disponer sus experimentos y luego usan dichos experimentos para comprobar sus hipótesis; durante toda esta actividad está claro que tratan con una naturaleza hipotética.
Nos vemos conducidos, según plantea H. ARENDT, a una situación paradójica: al desaparecer el mundo sensualmente dado desaparece también el mundo trascendente, y, por tanto, también la posibilidad de trascender el mundo sensible en concepto y pensamiento.
El orden jerárquico entre vida contemplativa y vida activa se invierte como consecuencia de los cambios producidos en la Época Moderna. Hannah ARENDT piensa que para entender los motivos de dicha inversión debemos librarnos del prejuicio común consistente en creer que el desarrollo de la ciencia moderna ha sido animado por el deseo pragmático de mejorar nuestras condiciones de vida en la Tierra. La nueva tecnología se origina en una búsqueda no práctica de conocimiento inútil.
La verdad se busca, no a través de la nueva observación o contemplación, sino de manera activa. La certeza del conocimiento se alcanza mediante una doble condición:
El acceso a la verdad a través de la contemplación fue eliminado por completo, la contemplación se vació de significado. La inversión afectó sólo a la relación entre pensamiento y acción: el pensamiento será el sirviente de la acción.
Esta inversión ha sido oscurecida, argumenta ARENDT, por otra clase de inversión que determinó los modelos de pensamiento político y filosófico de la tradición occidental. Fue Platón quién, oponiéndose a HOMERO, hace girar la mirada del filósofo para ver la verdad: la caverna está en nuestra vida corriente, el cuerpo es la sombra del alma,… La filosofía académica ha caído en las sucesivas y continuas inversiones entre idealismo y materialismo, trascendentalismo e inmanentismo, hedonismo y ascetismo,…
Pero recordemos que la inversión que ahora nos interesa, la consecuencia espiritual de los descubrimientos de Galileo, es de naturaleza distinta. La filosofía moderna se aleja tanto del mundo caduco como del eterno para adentrarse en el interior de la conciencia y encontrar, no algo permanente, sino una continua actividad mental. Así, interpreta nuestra autora, que, desde el siglo XVII, la mayor parte de la filosofía moderna es teoría del conocimiento y psicología. En este sentido, por mucho que destacaran algunos sistemas filosóficos en la Época Moderna, la filosofía pasó a ocupar un papel inferior al desempeñado en el pensamiento medieval. Después de basar Descartes su filosofía en los descubrimientos de Galileo, la filosofía quedará destinada a ir un paso por detrás de los científicos: la filosofía se convertirá en epistemología o en lo que HEGEL llamó zeitgeist.
En la vida activa van a destacar el hacer y fabricar como atributos propios del homo faber. Esta actividad va ligada al desarrollo moderno vinculado a la manufactura de útiles e instrumentos. El hacer y conocer se mezclan en la construcción del experimento donde se intenta repetir el proceso natural. El qué y el por qué van a ser sustituidos por el cómo en el proceso invisible de las actividades constructivas de homo faber en la Época Moderna.
Como consecuencia previsible de la duda cartesiana ARENDT señala el abandono del intento de comprender la naturaleza y volverse sobre la cosas producidas por el hombre. En este sentido, G. B. Vico traslada su atención de la ciencia a la historia: lo verdadero es lo hecho por el hombre. Lo que no es producido por nosotros no podemos realmente comprenderlo.
También era previsible la estima del homo faber, pero, lo que necesita una explicación, para ARENDT, es la elevación de la labor al mas alto puesto del orden jerárquico de la vida activa.
El fracaso del homo faber para afirmarse es indicado por la rapidez con que el principio de utilidad desapareció y se reemplazó por el de la mayor felicidad del mayor número.
La convicción de que el hombre solo puede conocer lo que fabrica (que aparentemente había ayudado a la victoria del homo faber) sería dominada y finalmente destruida por el aún más moderno principio de proceso, cuyos conceptos y categorías son extraños por completo a las necesidades e ideales del “homo faber”.
También ayuda al fracaso del homo faber la crítica de HUME al principio de causalidad
(todo lo que existe ha de tener una causa y que la causa es más perfecta que el efecto) que se basaba en las ideas de la fabricación (donde el fabricante es superior a sus productos), fue haciendo el camino para el triunfo del principio de evolución. Desde esta perspectiva, el momento crítico de la Época Moderna llegó cuando la imagen del desarrollo de la vida orgánica (donde los seres inferiores pueden ser la causa de la aparición de las superiores) apareció en lugar de la imagen del relojero que debe ser superior a los relojes que fabrica.
La división entre sujeto y objeto, reflejada en la oposición cartesiana entre res cogitans y res extensae, desaparece por completo en el caso de un organismo vivo cuya supervivencia se da en la asimilación, en el consumo, de materia exterior. El naturalismo, sigue argumentando ARENDT, versión del siglo XIX del naturalismo, pareció encontrar en la vida el medio de resolver los problemas de la filosofía cartesiana y al mismo tiempo salvar la fosa cada vez más pronunciada entre filosofía y ciencia. MARX, NIETZSCHE, BERGSON, representan estas últimas ideas en su ontología vitalista.
La vida se mantiene como punto de referenca fundamental tanto dentro del cristianismo como de la modernidad.
La buena vida cristiana sobre la inmortalidad de la vida individual invirtió la antigüa relación entre el hombre y el mundo y elevó la cosa más mortal, la vida humana, a la posición de la inmortalidad, hasta entonces ocupada por el cosmos. Dicha inversión fue desastrosa para la estima y dignidad de la vida del cuerpo político.
La sacralidad se la vida subrayada en el cristianismo sigue la herencia hebrea que contrastaba tanto con las actividades de la antigüedad: el desprecio pagano de los sufrimientos, la envidiada imagen de la vida fácil de los dioses, la costumbre de abandonar a los tipos no deseados, la convicción de que la vida sin salud no vale la pena vivirla,… y la consideración del suicidio como un noble gesto para escapar de una vida donde nos pueden ahogar las lágrimas.
Aunque la vida terrena sea insignificante en relación con la otra vida, sin esta vida, que terminará con la muerte, no puede haber vida eterna. Puede que esta sea la razón de que sólo con el auge del cristianismo la vida terrena pasó a ser el bien supremo del hombre.
Esta visión cristiana de la sacralidad de la vida tendió a nivelar las antigüas distinciones y articulaciones dentro de la vita activa: para esta vida son necesarios la labor, el trabajo y la acción. Asímismo ayudó a liberar la actividad laboral, es decir, cualquier cosa que sea necesaria para mantener el proceso biológico, del desprecio que por ello sentía la antigüedad: el viejo desdén hacia el esclavo,…
En contra de lo que muchos intérpretes modernos han creído ver en las fuentes cristianas, ARENDT piensa que no hay indicaciones de la moderna glorificación de la labor en el Nuevo Testamento o en obras premodernas de textos cristianos. Por ejemplo, Tomás DE AQUINO afirmaba que sólo la necesidad de mantenerse vivo obliga a realizar el trabajo manual.
En la actualidad, lo que importa, no es la inmortalidad de la vida, sino que ésta es el bien supremo. Sólo cuando la vida activa (sin referencia a la vida contemplativa) permaneció ligada a la vida como su eje central, entonces es cuando pudo la vida como tal, el metabolismo del hombre con la naturaleza, hacerse activa y desplegar toda su fertilidad.
La victoria del animal laborans no habría llegado plenamente si la duda cartesiana no hubiera desprovisto a la vida individual de su certeza de inmortalidad. El hombre moderno, cuando perdió la certeza de un mundo futuro se lanzó dentro de sí y no del mundo. ARENDT insiste en la diferencia entre los términos secular y mundano: el hombre moderno no ganó este mundo cuando perdió el otro, ni tampoco, estrictamente hablando ganó la vida. Se vio obligado a retroceder y a adentrarse en la cerrada interioridad de la introspección. Así el hombre quedó reducido a sus apetitos y deseos. La única cosa que podía ser potencialmente inmortal, tan inmortal como el cuerpo político en la antigüedad y la vida individual durante la Edad Media, era la vida misma: el posiblemente eterno proceso vital de la especie humana… Y, para mantener este proceso, es necesario trabajar. En la comparación del Mundo Moderno con el pasado es sorprendente la riqueza de la experiencia humana que hemos sacrificado en este desarrollo. La contemplación, por supuesto, pierde todo significado. Y el pensamiento queda sólo en una función del cerebro que los instrumentos electrónicos pueden hacer mejor.
En la sociedad humana actual, incluso la palabra labor es demasiado elevada para lo que hacemos, o creemos que hacemos, en el mundo que nos ha tocado vivir como autómatas
Lo malo de las teorías vehavioristas, continúa pesimista ARENDT, no es que sean erróneas, sino que son muy adecuadas para las tendencias de la sociedad moderna. Podemos entender que la Época Moderna, tan activa al comienzo, podría acabar en la pasividad más estéril.
La comparación de la vida del átomo con los modelos de conducta de la sociedad humana, se deben a que vivimos en esta sociedad como si estuviéramos tan alejados de nuestra propia existencia humana como lo estamos de lo infinitamente pequeño y de lo inmensamente grande que, aunque pudieran captarse con los aparatos más sensibles, están demasiado lejos de nosotros para experimentarlos.
La escasez del pensamiento en el mundo actual ayuda a este empobrecimiento de la existencia humana. Este hecho, puede ser de escasa o limitada importancia para el futuro del mundo, pero no lo es para el futuro del hombre… Y la ruidosa vita activa no debe hacernos olvidar el concentrado pensamiento de CATÓN: Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos sólo que cuando está consigo mismo.
Rafael Romero Soto